La Majestad de Señor

El Señor reina, revestido de esplendor,

el Señor se ha revestido de grandeza

y ha desplegado su poder.

Ha establecido el mundo con firmeza;

jamás será removido.

Desde el principio se estableció tu trono,

y tú desde siempre has existido.

Se levantan las aguas con estruendo;

se levantan las aguas y sus batientes olas.

Pero el Señor, en las alturas, se muestra poderoso:

más poderoso que el estruendo de muchas aguas,

más poderoso que los embates del mar.

Dignos de confianza son, Señor, tus estatutos;

¡la santidad es para siempre el adorno de tu casa!

 

Salmo 93. Biblia Nueva Versión Internacional.

El Tesoro Oculto

En el aire se sentía la densa fragancia de las uvas, y las hileras de racimos colgaban pesadamente bajo las atestadas ramas. Era un viñedo espléndido y muy bien cuidado. Las uvas, redondas y púrpuras, reventaban de maduras.

_¿Cómo hacen para obtener uvas tan espléndidas? _preguntó el granjero del valle próximo, a los tres hermanos que la cuidaban.

El mayor descansó un instante sobre su azadón y respondió:

_Cuando nuestro padre yacía en su lecho de muerte, nos llamó a su lado y nos dijo que el viñedo nos pertenecí a los tres. Y nos encargó que trabajásemos sin descanso, para encontrar un valioso tesoro enterrado en el suelo, alrededor de las vides.

_Durante algún tiempo, trabajamos día y noche con las azadas, hasta revolver toda la superficie de la granja _intervino el segundo hermano.

_Y no tardamos en notar que nuestras vides, que al principio habían sido bajas y enfermizas, se volvían cada día más fuertes y su fruto más dulce.

_¡Ya lo veo! _exclamó el granjero_.  El delicioso fruto que obtienen ahora es el tesoro oculto. En verdad, la laboriosidad misma es un tesoro. Y se inclinó sobre el enrejado, para arrancar uno de los tentadores racimos que se ofrecían generosos.

El tesoro más valioso consiste en trabajar con dedicación.

Esopo

 

Fábulas. Esopo, Iriarte y Samaniego. Editorial Panamericana. 2005.

La sabiduría vendrá

Ventajas de la sabiduría

 

Hijo mío, si haces tuya mis palabras

y atesoras mis mandamientos;

si tu oído inclinas hacia la sabiduría

y de corazón te entregas a la inteligencia

y pides discernimiento;

si la buscas como a la plata,

como a un tesoro escondido,

entonces comprenderás el temor del Señor

y hallarás el conocimiento de Dios.

Porque el Señor da la sabiduría;

conocimiento y ciencia brotan de sus labios.

Él reserva su ayuda para la gente íntegra

y protege a los de conducta intachable.

Él cuida el sendero de los justos

y protege el camino de sus fieles.

Entonces comprenderás la justicia y el derecho,

la equidad y todo buen camino;

la sabiduría vendrá a tu corazón,

y el conocimiento te endulzará la vida.

La discreción te cuidará,

la inteligencia te protegerá.

La sabiduría te librará del camino

de los malvados, de los que profieren

palabras perversas,

de los que se apartan del camino recto

para andar por sendas tenebrosas,

de los que se complacen en hacer lo malo

y festejan la perversidad,

de los que andan por caminos torcidos

y por sendas extraviadas;

te librará de la mujer ajena,

de la extraña de palabras seductoras que,

olvidándose del pacto con Dios,

abandona al compañero de su juventud.

Ciertamente su casa conduce a la muerte;

sus sendas llevan al reino de las sombras.

El que se enreda con ella no vuelve jamás,

ni alcanza los senderos de la vida.

Así andarás por el camino de los buenos

y seguirás la senda de los justos.

Pues los íntegros, los perfectos,

habitarán la tierra y permanecerán en ella.

Pero los malvados, los impíos,

serán desarraigados y expulsados de la tierra.

 

Proverbios 2. NVI

La Sabiduría es mucho mejor

Prólogo: Propósito y tema

 

Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel:

para adquirir sabiduría y disciplina;

para discernir palabras de inteligencia;

para percibir la corrección que dan la prudencia,

la rectitud, la justicia y la equidad;

para infundir sagacidad a los inexpertos,

conocimiento y discreción en los jóvenes.

Escuche  esto el sabio, y aumente su saber;

reciba dirección el entendido, para discernir el proverbio

y la parábola, los dichos de los sabios y sus enigmas.

El temor del Señor es el principio del conocimiento;

los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.

 

Advertencia contra el engaño

 

Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y

no abandones las enseñanzas de tu madre.

Adornarán tu cabeza como una diadema;

adornarán tu cuello como un collar.

Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte,

no vayas con ellos.

Éstos te dirán:

“¡Ven con nosotros”

Acechemos a algún inocente y démonos el gusto

de matar a algún incauto;

traguémonos a alguien vivo,

como se traga el sepulcro a la gente;

devorémoslo entero, como devora la fosa a los muertos.

Obtendremos toda clase de riquezas;

con el botín llenaremos nuestras casas.

Comparte tu suerte con nosotros,

y compartiremos lo que obtengamos”

¡Pero no te dejes llevar por ellos, hijo mío!

¡Apártate de sus senderos!

Pues corren presurosos a hacer lo malo;

¡tiene prisa por derramar sangre¡

De nada sirve tender la red

a la vista de todos los pájaros,

pero aquéllos acechan su propia vida

y acabarán por destruirse a sí mismos.

Así terminan los que van tras ganancias mal habidas;

por éstas perderán la vida.

Clama la sabiduría en las calles;

en los lugares públicos levanta su voz.

 

Advertencia contra el rechazo de la sabiduría

 

Clama en las esquinas de las calles transitadas;

a la entrada de la ciudad razona:

¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos,

seguirán aferrados a su inexperiencia?

¿Hasta cuándo, ustedes los insolentes,

se complacerán en la insolencia?

¿Hasta cuándo, ustedes los necios,

aborrecerán el conocimiento?

Respondan a mis reprensiones,

y yo les abriré mi corazón;

les daré mis pensamientos.

Como ustedes no me atendieron cuando los llamé,

ni me hicieron caso cuando les tendí la mano,

sino que rechazaron todos mis consejos

y no acataron mis reprensiones,

ahora yo me burlaré de ustedes

cuando caigan en desgracia.

Yo seré la que me ría de ustedes

cuando les sobrevenga el miedo,

cuando el miedo les sobrevenga como tormenta

 y la desgracia los arrastre como torbellino.

Entonces me llamarán, pero no les responderá;

me buscarán, pero no me encontrarán.

Por cuanto aborrecieron el conocimiento

y no quisieron temer al Señor;

por cuanto no siguieron mis consejos,

sino que rechazaron mis reprensiones,

cosecharán el fruto de su conducta,

se hartarán de sus propias intrigas;

¡su descarrío e inexperiencia los destruirán,

su complacencia y necedad los aniquilarán!

Pero el que me obedezca vivirá tranquilo y sin temor del mal”

Huida de Moisés a Madián

Un día, cuando ya Moisés era mayor de edad, fue a ver a sus hermanos de sangre y pudo observar sus penurias. De pronto, vio que un egipcio golpeaba a uno de sus hermanos, es decir, a un hebreo. Miró entonces a uno y otro lado y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

Al día siguiente volvió a salir y, al ver que dos hebreos peleaban entre sí, le preguntó al culpable:

_¿Por qué golpeas a tu compañero?
_¿Y quién te nombró a ti gobernante y juez sobre nosotros? _respondió aquél_ ¿Acaso piensas matarme a mí, como mataste al egipcio?

Esto le causó temor a Moisés, pues pensó: “Ya se supo lo que hice”
Y, en efecto, el faraón se enteró de lo sucedido y trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó del faraón y se fue a la tierra de Madián, donde se quedó a vivir.

El sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales solían sacar agua para llenar los abrevaderos y dar de beber a las ovejas de su padre. Pero los pastores llegaban y las echaban de allí. Moisés intervino a favor de ellas: las puso a salvo de los pastores y dio de beber a sus ovejas. Cuando las muchachas volvieron a la casa de Reuel, su padre, éste les preguntó:

_¿Por qué volvieron tan temprano?
_Porque un egipcio nos liberó de los pastores _le respondieron_. ¡Hasta nos sacó agua del pozo y dio de beber al rebaño! _¿Y dónde está ese hombre? _le contestó_. ¿por qué lo dejaron solo? ¡Invítenlo a comer!

Moisés convino en quedarse a vivir en casa de aquel hombre, quien le dio por esposa a su hija Séfora. Ella tuvo un hijo, y Moisés le puso por nombre Gersón, porque dijo: “Soy un extranjero en tierra extraña”

Mucho tiempo después murió el rey de Egipto. Los israelita, sin embargo, seguían lamentando su condición de esclavos y clamaban pidiendo ayuda. Sus gritos desesperados llegaron a oídos de Dios, quien se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. Fue así como Dios se fijó en los israelitas y los tomó en cuenta.

Éxodo 2:11-25. Biblia. NVI

 

Moisés sabía quién era. A pesar de criarse en el palacio del rey egipcio, tenía entendido que era hebreo. También conocía la situación tan miserable en la que vivían. Quiso ayudarle, pero a su manera. Dios tenía otros planes y otro tiempo.

Moisés tenía que ser procesado para ser un instrumento de Dios. En el desierto comenzó de cero. Todo su orgullo vano, su poderío y apoyo humano desapareció.

Moisés pasó de ser un prepotente, que quería hacer las cosas a su manera, a ser la persona más mansa sobre la tierra (Números 12:3), que dejaba que Dios lo defendiera. Varias veces se puso en duda su autoridad, pero él se mantuvo firme, después de su llamamiento y de encuentro personal con Dios, el gran Yo Soy (Éxodo 3)

Nada mejor que preguntarle a Dios qué es lo que quiere que hagamos, cuál es su propósito para nosotros con esta vida que nos dio, y los sueños y visiones de futuro que tenemos. Y después de saberlo, no dejar que nada ni nadie nos aparte, confiando en Quién nos llamó y encomendó la obra. Él es Fiel y Verdadero.

En su huida, Moisés se encontró con una familia de pastores, de la cual formó parte al casarse con una de las hijas. Aprendió, igual que David y José, en los quehaceres diarios a tener el carácter que se necesita para ser un buen gobernante. Cuidar a otros más débiles, sin abusar de ellos es la prueba suprema de toda persona sobre la faz de la tierra.

“No sé cuándo lo hará, pero sé que lo hará” es la esperanza sin fecha de vencimiento. El sufrimiento no es para siempre. La Presencia de Dios y su ayuda siempre está al alcance de todos los que clamen a Él día y noche.

El tiempo y la eternidad está en las manos de Dios.

Nos toca cumplir con nuestras responsabilidades, sin excusas. Nuestro tiempo aquí en la tierra es limitado. Una obra vinimos a hacer y es triste que terminemos haciendo otra cosa…

“Hay un final dichoso para el hombre de paz” Salmo 37:37

Los egipcios oprimen a los israelitas

Estos son los nombres de los hijos de Israel que, acompañados de sus familiares, llegaron con Jacob a Egipto: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser. En total, los descendientes de Jacob eran setenta. José ya estaba en Egipto.

Murieron José y sus hermanos y toda aquella generación. Sin embargo, los israelitas tuvieron muchos hijos, y a tal grado se multiplicaron que fueron haciéndose más y más poderosos. El país se fue llenando de ellos.

Pero llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José, y le dijo a su pueblo: “¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que nosotros! Vamos a tener que manejarlos con mucha astucia; de lo contrario, seguirán aumentando y, si estalla una guerra, se unirán a nuestros enemigos, nos combatirán y se irán del país”

Fue así como los egipcios pusieron capateces para que oprimieran a los israelitas. Les impusieron trabajos forzados, tales como los de edificar para el faraón las ciudades de almacenaje Pitón y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y se extendían, de modo que los egipcios llegaron a tenerles miedo; por eso les imponían trabajos pesados y los trataban con crueldad. Les amargaban la vida obligándolos a hacer mezcla y ladrillos, y todas las labores del campo. En todos los trabajos de esclavos que los israelitas realizaban, los egipcios los trataban con crueldad.

Había dos parteras hebreas, llamadas Sifrá y Fuvá, a las que el rey de Egipto ordenó:

_Cuando ayuden a la hebreas en sus partos, fíjense en el sexo: si es niño, mátenlo; pero si es niña, déjenla con vida.

Sin embargo, las parteras temían a Dios, así que no siguieron las órdenes del rey de Egipto sino que dejaron con vida a los varones. Entonces el rey de Egipto mandó llamar a las parteras, y les preguntó:

_¿Por qué han hecho esto?  ¿Por qué han dejado con vida a los varones?

Las parteras respondieron:

_Resulta que las hebreas no son como las egipcias, sino que están llenas de vida y dan a luz antes que lleguemos.

De este modo los israelitas se hicieron más fuertes y más numerosos. Además, Dios trató muy bien a las parteras y, por haberse mostrado temerosas de Dios, les concedió tener muchos hijos.

El faraón, por su parte, dio esta orden a todo su pueblo:

_¡Tiren al río a todos los niños hebreos que nazcan! A las niñas, déjenlas con vida.

 

Nacimiento de Moisés

 

Hubo un levita que tomó por esposa a una mujer de su propia tribu. La mujer quedó embarazada y tuvo un hijo, y al verlo tan hermoso lo escondió durante tres meses. Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos  que había a la orilla del Nilo. Pero la hermana del niño se quedó a cierta distancia para ver qué pasaría con él.

En eso, la hija del faraón bajó a bañarse el el Nilo. Sus doncellas, mientras tanto, se paseaban por la orilla del río. De pronto la hija del faraón vio la cesta entre los juncos, y ordenó a una de sus esclavas que fuera por ella. Cuando la hija del faraón abrió la cesta y vio allí dentro al niño que lloraba, le tuvo compasión, pero aclaró que se trataba de un niño hebreo.

La hermana del niño preguntó a la hija del faraón:

_¿Quiere que vaya y llame a una nodriza hebrea, para que críe al niño por usted? _Ve a llamarla _contestó.

La muchacha fue y trajo a la madre del niño, y la hija del faraón le dijo:

_Llévate a este niño y críamelo. Yo te pagaré por hacerlo.

Fue así como la madre del niño se lo llevó y lo crió. Ya crecido el niño, se lo llevó a la hija del faraón, y ella lo adoptó como hijo suyo; además, le puso por nombre Moisés, pues dijo: “¡Yo lo saqué del río!”

Éxodo 1:1-22; 2:1-10. Biblia. Nueva Versión Internacional

 

Cuando algo sale tan perfecto veo la mano de Dios.

Un rey tiene miedo de unas personas y decide eliminarlas.

Llama a unas mujeres para que lo ayuden en su plan. ¡Oh, las mujeres! Qué importantes son en el plan de Dios, por eso el enemigo quiere destruirlas al ponerla a su servicio. Dile NO, gracias!

Estas mujeres respetaban al Dios del universo y no se sometieron a la voluntad de un rey malvado. Dios las bendijo en abundancia en un tiempo muy malo. Dios honra a los que le honran a él y es fiel.

Cuando el rey no obtuvo la ayuda de dos personas muy importante en su reino, recurrió a todo “su” pueblo. Siempre encontrarás personas en este mundo con bajos instintos como los tuyos que te ayuden en tu plan malvado. Todo su pueblo se unió a su plan malvado y, sin temor de Dios, lanzaron al río cada niño israelita que nacía.
En esa época era la muerte de los niño, hoy son otras órdenes. Vemos con cuanta saña unas personas se lanzan contra otras para robarlas, maltratarlas, insultarlas, … simplemente porque alguien les da esa orden.

No me asombra la orden del rey, me asombra la respuesta de todo un pueblo que como si fuera marioneta, sin pensar por sí mismo lo que están haciendo, sale a obedecer esa orden.

Cada uno crea, con sus pensamientos y acciones el mundo donde va a vivir.

Nadie te puede librar de las consecuencias de tus acciones. Eres responsable de tus decisiones. Los que te mandan se irán, y te quedarás para pagar tu solo.

De Dios nadie se burla. En el mismo palacio del faraón se cría y se prepara el que más adelante vemos como el Libertador del pueblo de Israel. Su propia hija lo crió como un hijo.

Dios es Todopoderoso y es Suficiente para encargarse personalmente de sus enemigos.

En tiempos de crisis no cedas en tus principios ni dejes de dar. A su tiempo se cosechará lo que siembra. Sea bueno o malo lo sembrado.

El Testigo más importante de lo que está pasando en mi país es Dios. Sé que a su tiempo hará justicia con la verdad. Su pueblo se fortalece en Él.

Ya no tengo tiempo

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño al que le regalan un  paquete de caramelos: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, en las que discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se conseguirá nada.

Ya no tengo tiempo para soportar personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. No tengo tiempo para perderlo con mediocridades.

No quiero estar en reuniones  donde desfilen ‘egos’ inflados.

No tolero a los manipuladores ni a los aprovechadores.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus puestos, sus talentos y sus éxitos…

Detesto, si soy testigo, los efectos que genera la lucha por un cargo importante.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, si acaso…

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos

Quiero la esencia. Mi alma tiene prisa…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana
Que no se vanaglorie con sus triunfos
Que no se considere elegida antes de tiempo
Que no eluda sus responsabilidades
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee caminar al lado de la verdad y de la honradez

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los duros golpes de la vida, le han enseñado a crecer con suaves caricias a su alma.

Si… tengo prisa… para vivir con la intensidad que nada más que la madurez puede dar. Pretendo no malemplear ni uno de los caramelos que me dan.
Estoy seguro que serán más exquisito que los que me he comido hasta ahora.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegarás…”

Mario de Andrade.

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