El poder de la Riqueza

“No digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi brazo me han traído esta riqueza. Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a sus padres, como en este día” Deuteronomio 8:17-18 RV60

Abram libera a Lot

Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam y Tidal rey de Goim, que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Seboim y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es Mar Salado.

Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.

En el año decimocuarto vino Quedorlaomer y los reyes que estaban de su parte, derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.

Volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades,  y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.

Salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de Sinar, y Arioc rey de Elasa; cuatro reyes contra cinco.

El valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.

Tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.

Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba, en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.

Vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.

Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los persiguió hasta Dan.

Cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.

Recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.

Melquisedec bendice a Abram

Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y les bendijo diciendo:

Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram el diezmo de todo.

Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes.

Respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.

Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram diciendo: No temas, Abram; Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Génesis 14:1-24; 15:1

Historia antigua, que cada cierto tiempo parece repetirse. Guerra, conquista, dominación, opresión. También desde tiempos muy remotos, habían hombres que sabían muy bien ante Quien rendirse en adoración. Es costumbre de cada pueblo y nación, traer ante sus dioses las ofrendas de sus conquistas.
Aquí vemos a Abram, antes de que Dios le cambiara el nombre a Abraham, actuando para rescatar a su sobrino Lot. La civilización estaba muy lejos, no habían leyes ni tratados de paz de por medio y cada uno se armaba y se aliaba con otros para conquistar y dominar territorios.

Abram atribuye al Dios Altísimo la victoria obtenida. Le da el reconocimiento debido, por eso no acepta ningún regalo del rey de Sodoma. Más adelante vemos como termina la historia de esta nación.

Mi reflexión en este punto es que a veces se nos acercan personas con una aparente bondad, pero en su corazón saben que nos están tendiendo una trampa. “Hoy por ti, mañana por mi” Son palabras engañosas. Se reciben favores junto con un temor, porque siempre se estará esperando el momento de pagar ese favor recibido.

Una de las cosas que he aprendido de los personajes bíblicos como Abraham, David, José, Daniel, es que hay que pagar el precio. Dios le prometió a Abraham esa tierra que pisaban sus pies, pero no ahora sino en el futuro, cuando la maldad de esos pueblos llegaran al colmo. Él no lo vio, pero le creyó a Dios y actuó en consecuencia. Cuando murió Sara, su esposa, quiso comprar un pedazo de tierra para enterrar a su muerta. Le quiesieron regalar ese terreno. El dijo No! Véndemelo al precio justo. Y así se hizo. Pagó 400 siclos de plata y quedó como propiedad para su familia en ese lugar (Gen.24)
Cuando el rey David pecó contra Dios al realizar un censo no aprobado por Dios, Dios se enojó y envió una peste. Gad, profeta y vidente, le dijo que construyera una altar a Jehová en la era de Arauna el jebuseo. David fue a comprar esa tierra. Arauna se la quiso regalar. David le respondió: “No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios ofrendas que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta ciclos de plata” (2Sam.24:24)

José pasó por el aprendizaje de ser una esclavo en Egipto, pero aprendió a ser un buen administrador de los bienes de otros y pudo alimentar a mucho pueblo, cuando llegó su momento.

Daniel decidió no contaminarse con la ideología o cosmovisión del momento. Se mantuvo fiel a Dios, a pesar de que fue ese mismo Dios el que los entregó en cautiverio a Babilonia. Sirvió a Dios fielmente en medio de sus opresores, pues sabía en manos de Quien está el destino de mundo.

Muchos entran en angustia porque quitan la mirada de Dios. Nada es casual ni por suerte. Todo tiene un propósito. Él da las riquezas y las quita. Dios es el Único que da la vida y provee los medios para sustentarla, en todo tiempo. No nos equivoquemos atribuyendo al hombre lo que es de Dios.

Después de esta prueba de fidelidad a Dios, Abraham recibió palabras de aliento del mismo Dios: “No temas, Abram; Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” ¡Que mayor protección que esa!
Cada uno de nosotros tenemos la capacidad, dada por Dios, de escoger a quien servir.

El Herrero

Había una vez un herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su vida a Dios.
Durante muchos años trabajó con ahínco y practicó la caridad pero, a pesar de toda su dedicación, nada parecía salir bien en su vida. Sus problemas y deudas se acumulaban cada vez más. La estrechez económica era muy fuerte.

Un día, un amigo que lo visitaba, y que se compadecía de su difícil situación le dijo:
_Es muy extraño que justamente después que decidiste convertirte en un hombre temeroso de Dios, tu vida empezara a empeorar. No deseo debilitar tu fe pero, es evidente que a pesar de toda tu creencia en el mundo espiritual, nada ha mejorado.

El herrero no respondió inmediatamente. El ya había pensado eso mismo muchas veces, sin entender lo que sucedía en su vida.
Sin embargo, como no quería dejar a su amigo sin respuesta, empezó a hablar y terminó encontrando la explicación que buscaba.

Yo recibo en este taller el acero no trabajado y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes cómo se hace?
Primero caliento la chapa de acero con un calor infernal hasta que queda roja. Después, sin piedad, le aplico varios golpes con el martillo más pesado hasta que la pieza adquiera la forma deseada. Luego la sumerjo en un balde de agua fría y todo el taller se llena con el ruido del vapor, mientras la pieza estalla y grita a causa del súbito cambio de temperatura.

Tengo que repetir este proceso hasta conseguir la espada perfecta, pues una sola vez no es suficiente.

A veces el acero que llega a mis manos no consigue aguantar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. Y yo sé que jamás se transformará en una buena lámina de espada.
Entonces, simplemente, lo coloco en el montículo de hierro viejo que viste en la entrada de mi taller.

Tras una nueva pausa, el herrero concluyó: Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. He aceptado martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero lo único que pido es que Dios no desista hasta que yo consiga tomar la forma que espera de mí. Que lo intente de la manera que prefiera, durante el tiempo que quiera; pero que no me coloque jamás en el montículo de hierro viejo de las almas.

“Jehová me llamó desde el vientre; desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Puso mi boca como espada afilada, me cubrió con la sombra de su mano. Me puso por saeta aguda, me guardó en su aljaba. Isaías 49:1-2

“Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:2-4

“Aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 1Pedro 1:6-7

“El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” 1Pedro 5:10-11

El Señor es Rey eterno

Con arrogancia el malo persigue al pobre; será atrapado en los artificios que ha ideado.
El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor.
El malo, por la altivez de su corazón, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a sus adversarios desprecia.
Dice en su corazón: No seré movido jamás; nunca me alcanzará el infortunio.
Lena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua se esconde maldad y violencia.
¡Levántate, Señor!
¡Levanta, oh Dios, tu brazo!
¡No te olvides de los indefensos!
¿Por qué te ha de menospreciar el malvado?
¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?
Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas.
Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.
El Señor es Rey eterno.
Tú, Señor, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor.
Tú defiendes a los huérfanos y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.

Salmo 10: 2-6,7,12-14,16-18 (RV60, NVI)

Dios no está lejos! Brinda su ayuda a aquel que es capaz de pedirsela! Dios es Bueno y sus juicios son justos.
Cuando crecemos nos damos cuenta que el conocimiento sustituye la mitología. Hay leyes que debemos respetar para que estén a nuestro servicio. Si las quebrantamos, sufrimos las consecuencias.
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y es un honor saber a quien represento aquí en la tierra.
Sin Dios no hay paraíso. Su Presencia, en cualquier lugar que nos encontremos, es lo que hace la diferencia. Poner nuestra mirada en Él, hace que actúe en nuestro favor. La prueba se hace más llevadera porque nos da a entender cuál es el propósito de la misma.

Jesucristo vino a la tierra para volvernos a Dios Padre; pagó el precio de nuestra libertad, el precio de nuestra paz ya fue pagado en la cruz. Él es el camino, la verdad y la vida.
El ladrón viene a robar, matar y destruir; Jesucristo vino a darnos vida, vida en abundancia. Prometió que nunca nos dejaría y así ha sido. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)

Aliento del cielo sólo se recibe buscando al que es Rey de reyes y Señor de señores.

Siervo Fiel y Prudente

El cielo y la tierran pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Pero el día ni la hora nadie sabe (de la segunda venida de Jesucristo), ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Pero como en los días de Noé, así erá la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también
la venida del Hijo del hombre.
Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino: una será tomada y la otra dejada.

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiera a qué hora el ladrón habría de venir, velaría y no lo dejaría entrar en su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no penséis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá.
Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: “Mi Señor tarda en venir”, y comienza a golpear a sus consiervos, y aún a comer y beber con los borrachos, vendrá el Señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y lo pondrá junto a los hipócritas. Alli será el lloro y crujir de dientes. Mateo 24:35-51

Una de las razones por las cuales las personas eligen hacer el mal es porque no hay nada que se los impida. En especial si las reglas son sólo letra muerta. Todo derecho implica también un deber. Muchas personas sólo ven el beneficio, pero no cumplen con su obligación o compromiso entre las partes.

La conducta reflejada por los seres humanos, en esta enseñanza de Jesús, sigue siendo la misma. Dios sigue siendo el mismo y sus reglas también.

El poder es de Dios y él elige compartirlo con nosotros, sus criaturas. Nos pedirá cuenta al final de nuestra jornada por esta tierra. Es maravilloso ver a Dios actuando con tanta majestuosidad y detalle. Dios mira las intenciones de corazón y por eso su juicio es según la verdad.

Necesitamos buenos obreros, esos que saben que van a dar cuenta y aman a su Señor. Tratan de hacer la obra como para Dios, no para recibir reconocimiento de los hombres. Todo don o talento que tenemos es para llevar alegría o alivio a otros. Unos usan la música, otros la palabra y escriben libros que despiertan mentes dormidas, otros hacen ropa para vestirnos, otros hacen comidas deliciosas, otros hacen que otros trabajen. Cada uno debe hacer su obra para llevar la gloria a Dios, no a sí mismo.

Aquí se habla de dar el alimento a tiempo a quien lo necesita. Se le llama bienaventurado. Su Señor lo pondrá sobre todos sus bienes. Dios es Bueno y muy Generoso.

El otro obrero malo o siervo infiel vio la tardanza de su Señor como una oportunidad de oprimir y maltratar a sus consiervos. Negándole a ellos lo que su Señor había dado en abundancia para todos. Los maltrató y los humilló, olvidando que tenía que dar cuenta, que él no es el dueño sino sólo un administrador de los bienes de su Señor. Cuando la justicia se tarda un poco en llegar los seres humanos relajan más y más sus normas de conducta y no respetan los límites de otros. Pero ha de llegar. Tendrá que dar cuenta. Allí será el lloro y el crujir de dientes.

“El camino del justo es rectitud. Tú que eres recto, allanas el camino del justo. También en el camino de tus jucios, Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma. Con mi alma te he deseado en la noche y, en tanto que dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia”( Isaías 26:7-9)

Quitar y Poner

Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.

Dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo.

Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo.

El que robaba, ya no robe más, sino trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados.

Eviten toda conversación obsena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan. No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el que fueron sellados para el día de la redención.

Abandonen toda amargura, ira, enojo, gritería, calumnias y toda malicia.

Sean bondadosos y compasivos unos a otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio agradable para Dios.

Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual, ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo santo de Dios.

Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros, todo lo cual está fuera de lugar; haya más bien acciones de gracias.

No se dejen engañar con argumentaciones vanas.

Ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz, en toda bondad, justicia y verdad. Comprueben lo que agrada al Señor.

No participen en las obras infructuosas de las tinieblas.

La luz es lo que hace que todo sea visible.

Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.

Vivan como sabios, no como necios.

Aprovechen al máximo el tiempo que tienen porque los tiempos que viven son malos.

Busquen hacer la voluntad de Dios en todo momento.

Efesios 4

Bendiciones espirituales en Cristo

Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. Dios nos escogió en él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.

En Cristo, también fuimos hecho herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria. En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los creyentes, no he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones. Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santificados, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Jesucristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Ésta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es un regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.

Por tanto, recuerden los gentiles de nacimiento _los que son llamados “incircuncisos” por aquellos que se llaman “de la circuncición”, la cual se hace en el cuerpo por mano humana_, recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo.
Jesucristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba, pues anuló la ley con sus mandamientos y requisitos. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad. Él vino y proclamó paz a ustedes que estaban lejos y paz a los que estaban cerca. Pues por medio de él tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu.

Ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu.

Efesios 1-2 NVI

Consejero Cristiano

“La paciencia crece mejor cuando el camino es escabroso” (Santiago 1:3 Versión Popular)
“Todo cambio que Dios promete es posible”
“Toda calidad que Dios requiere de sus hijos redimidos puede ser alcanzada”
“Todo recurso que sea necesario, Dios lo proporciona”
“La edad no es ningún obstáculo para el cambio”
“La vida cristiana es una vida de cambios continuos”
“El aconsejar cristiano consiste en ayudar al aconsejado a ‘quitarse su antigua manera de vivir’ y a ponerse la `nueva vida de Dios'”
“Las Escrituras enseñan claramente que, Dios tiene a cada uno de nosotros como responsables de modo personal de sus pensamientos, palabras y acciones, al margen de las presiones e influencias externas”

El aconsejar, una campaña de guerra

No es necesario recordar a los consejeros cristianos que han sido llamados a trabajar en oposición al mundo, al demonio y la carne.
Esta tarea implica no meramente una lucha con la carne y la sangre (este lado del problema ya es bastante grande), sino también una lucha en contra de las fuerzas sobrenaturales de las tinieblas (Efesios 6:12)

El aconsejar, por tanto, debe ser entendido y llevado a cabo como una batalla espiritual. El consejero, por tanto, debe considerarse como un soldado de Cristo que ha emprendido una batalla espiritual cuando aconseja. Para esta campaña de guerra sólo es suficiente la “plena armadura de Dios”
El enemigo tiene que ser derrotado en todas sus variadas manifestaciones. Los consejeros han de ser cuidadosos en no permitirle que saque ventaja de las situaciones (2 Corintios 2:11), o darle oportunidad de ganar terreno (Efesios 4:27). Una manera de protegerse de tales incursiones del Maligno es, como hace notar Pablo, darse cuenta de sus tácticas. Esto requiere diligencia para llegar a un conocimiento y comprensión bíblica del lugar y método de Satán.
Los consejeros tienen que conocer los temas fundamentales del pecado. Estos temas fundamentales son aparentes en el relato del primer pecado registrado, en Génesis 3. Por tanto, tendremos necesidad de examinar la historia de la caída de nuevo, para comprender algunos de los problemas que están relacionado con el pecado, y sus consecuencias.

La elección de una vida orientada y motivada por el deseo

Fundamentalmente, el problema del primer pecado se reduce a esto:
Adán y Eva optaron por la satisfacción del deseo mas bien que por la obediencia a los mandatos de Dios. El diablo hizo apelación al “deseo de los ojos, la codicia de la carne y el orgullo de la vida” (1 Juan 2:16; Génesis 3:6)
En contra de esto estaba el mandamiento de Dios: “No comeréis” Las opciones que le fueron dadas son las mismas con que nos enfrentamos ahora. Reflejan dos moralidades distintas, dos religiones antitéticas, y dos maneras distintas de vida. La una dice: “Viviré según los sentimientos” La otra: “Viviré según lo que Dios dice”

Cuando Adán pecó estaba abandonando la vida de amor orientada a la obediencia, por la vida de deseo, orientada al sentmiento. Hay sólo estas dos clases de vida: la vida de pecado motivado por los sentimientos, orientada hacia el yo; y la vida de santidad, orientada a los mandamientos y hacia Dios.

(  ) Estas dos formas de vida están en oposición diametral la una de la otra, y es forzoso escoger una de las dos. Todo el día, la vida de uno consiste en muchas de estas decisiones. Los dos estilos de vida implican pautas de deseo o de amor. Están orientadas y motivadas por el deseo del aconsejado o por los mandamientos de Dios. Reconocen dos fuentes distintas de autoridad: el yo o la Biblia. Se centran sobre dos objetivos separados: el placer temporal; el gozo eterno. Reconocen dos amos: Satán o Dios. Ofrecen dos maneras diferentes de resolver los problemas de la vida: la una recurre a escaparse, esquivar, disimular, mentir y echar la culpa a otros, etc., en tanto que la otra insiste en hacer frente, dar la cara, confesar, decir la verdad, asumir responsabilidad personal. Traen sus propios resultados: la servidumbre del caos en esta vida y la pérdida eterna, o la libertad y estructura y el gozo eterno. (  )

El vivir conforme a los sentimientos mas bien que conforme al mandato de Dios es un obstáculo fundamental a la piedad, y es un factor con el cual todo consejero cristiano ha de aprender a tratar. Es una trampa astuta de Satán el tentar a los hombres para que crean que no pueden hacer lo que Dios requiere porque no sienten ganas de hacerlo, o que tiene que hacer lo que sienten ganas de hacer y que no pueden evitarlo.

Con frecuencia el argumento adopta formas sutiles, que al principio parecen plausibles y aun piadosas. Por ejemplo, un marido y su mujer pueden decir: “Me parece que no queda nada en nuestro matrimonio, no hay amor, no hay sentimientos, no hay nada” y con ello esperan que el consejero cristiano conceda que debe ser concedido un divorcio, sobre una base distinta de la escritural. Si consiguen que él esté de acuerdo con ellos en esto, esperan que su mala conciencia desaparecerá sobre lo que ya han decidido hacer. Pero en vez de aprobar, el consejero replica. “Esto lo lamento mucho. Tengo la impresión que debéis confesar vuestro pecado y aprender a amaros el uno al otro” La reacción de los dos suele ser de asombro. ¡Se quedan atónitos!…

Sacado de: Manual del consejero cristiano. Jay Adams                   

Anteriores Entradas antiguas

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.