Las Condiciones Básicas

¿Puede Dios cambiar a la gente? Sí, El puede, pero siempre lo hace a Su manera. Antes de que pueda dar los primeros pasos hacia el cambio positivo, es conveniente advertirle que existen tres condiciones básicas que debe aceptar. Si hace a un lado alguna de ellas, entonces no progresará en la liberación de su hábito pecaminoso. ¿Cuáles son estas condiciones?

 

La Primera Condición

En primer lugar, debe creer que Dios es Bueno. Debido a la maldad que existe en el mundo, es muy difícil aceptar la realidad de la bondad de Dios. Sin embargo mientras no creamos esto de todo corazón, estaremos paralizados en nuestro crecimiento cristiano.
No es sorprendente que el primer movimiento de Satanás en el huerto de Edén fue hacer que Eva dudara de la bondad de Dios. Sus palabras fueron: “No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4,5). Lo que quería decir era: “¡Dios les está restringiendo porque no quiere que ustedes obtengan su potencial! Ustedes tienen el derecho inherente de ser como El, pero como no lo permitirá, no está de parte de ustedes”.
Satanás convenció a Eva para que creyera que Dios en realidad no tenía los mejores deseos para ella, y de que la detenía para que no desarrollara todo su potencial. Eva creyó la mentira.
Hoy en día Satanás usa una estrategia similar para hacer que nos sintamos insatisfechos con la voluntad de Dios para nosotros. Nuestro enojo ante las circunstancias y nuestra rebelión contra los mandamientos de Dios radican en nuestra falta de confianza en la bondad de Dios.
La muchacha soltera pregunta: “¿Cómo puede Dios ser bueno? Si lo fuera, ya me hubiera dado un compañero. ¿Qué no sabe lo sola que estoy?”
El hombre de mundo hace el siguiente razonamiento: “¿Por qué Dios me restringe del placer? Cuando tengo hambre, como; cuando quiero placer sexual, lo obtengo. Un Dios que limite mi forma de vivir no puede ser bueno. Y, si lo fuera, entonces me ayudaría a encontrar a alguien que realmente me satisfaga”
El alcohólico se queja: “Si Dios fuera bueno, me daría un trabajo decente. Después de todo, ¿no fue la presión económica la que me indujo a tomar? ¿Por qué Dios no me saca de este caos? ¿Es bueno Dios? Bueno ¿para qué?

Una vez aconsejé a una mujer que necesitaba confesar el pecado de amargura. Su respuesta fue: “Si Dios me ama, ¿por qué permitió que mis padres me trataran como lo hicieron? ¡Un Dios bueno nunca hubiera permitido que eso sucediera!” ¿Se liberó de la amargura? No. Ella no podía perdonar a sus padres porque no podía perdonar a Dios.
Si usted es una persona que se preocupa mucho, entonces es que duda de la bondad de Dios. Tiene miedo de que Dios le permitirá que vengan circunstancias a su vida que no serán lo mejor para usted. Si usted es codicioso y voraz, entonces duda de que Dios sea realmente bueno con usted. Si experimenta enojo incontrolable, es que se está rebelando contra la voluntad de Dios para su vida.
Observe como ese pecado que no quiere dejar, está echando raíces de duda acerca de la bondad de Dios. No confía en que El hace lo mejor para usted, porque cree que lo que usted piensa es lo mejor.
Regresemos por un momento más a la historia en el huerto de Edén. Notemos como Satanás enfocó la restricción e hizo que Eva no viera la bendición de Dios. Es cierto, había un árbol del cual ella no podía disfrutar, pero había cientos de los cuales sí podía. ¿Acaso Satanás  le mencionó la cantidad de árboles de los cuales sí se le permitía comer? No lo creo. El hizo énfasis en lo negativo, y Eva se olvidó de la generosidad de Dios y de Su gracia. De la misma manera sucede hoy en día. Satanás hace que fije su atención en una cosa, en una restricción o en una carga. En ese momento él tratará de convencerlo de que la forma de actuar de Dios no es la mejor, y no le dará importancia a lo que El le pueda ofrecer.
¿Duda de la bondad de Dios? ¿Está totalmente preparado para aceptar que la voluntad de Dios es perfecta y agradable? ¿Qué pensaría si Dios eliminara ese deseo, esa debilidad? Si El le liberara de los pensamientos sensuales, se sentiría defraudado? Si le negara el placer del matrimonio, ¿se sentiría decepcionado? Si llegara a obtener la victoria sobre los cigarros o el alcohol, ¿se resentiría porque se le niega un poco de placer?
Tal vez está comenzando a entender por qué no puede empezar a romper su hábito pecaminoso hasta que crea en la bondad de Dios. La razón es simple: si duda de la bondad de Dios, no querrá cambiar. Estará pensando que Dios le quiere robar, en lugar de enriquecerlo.
He descubierto que el problema más frustrante al tratar de ayudar a aquellos que vienen a mí por un consejo, es que la mayoría de la gente realmente no quiere cambiar. Por supuesto, están dispuestos a hacer unos pequeños ajustes, especialmente si es que su conducta les está provocando problemas. Pero la mayoría se siente a gusto con su pecado, siempre y cuando lo tengan “bajo control”, y muchas veces prefieren que Dios mantenga un mínimo de participación en sus vidas.¿Qué es lo que causa esta falta de entusiasmo para librarse del pecado? Tenemos miedo de perdernos de algún placer digno de ser disfrutado. Nos preguntamos si realmente la forma de actuar de Dios es la mejor.
Si duda de la bondad de Dios, no sólo se resistirá al cambio, sino también lo va a temer.
Incontables cristianos se resisten rendirse a Dios, temerosos de lo que Dios pueda pedirles. Los puede guiar a ser misioneros, dejar que se queden solteros, o requerir de ellos que dejen su amor por el dinero o que dejen de buscar los placeres pecaminosos.
Cuando duda de la bondad de Dios, entonces estrecha fuertemente a los pecados, temeroso de que Dios le robe su pasatiempo, su placer. Algunas veces se siente movido a dejar su pecado, pero pronto descubre que no puede arriesgarse a la pérdida.
Pero, ¿en realidad su manera de hacer las cosas es mejor que la de Dios? ¿En verdad, en el huerto de Edén, Satanás fue el hombre bueno y Dios el villano?
Jesús aclara el asunto: “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir, yo he venido para que la tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10)
Creer que su manera de hacer las cosas es mejor que la de Dios, es tomar el lugar de Eva y preferir la mentira de Satanás. No importa cuantos placeres le pueda ofrecer Satanás, su intención verdadera es arruinarlo. Su más alta prioridad es su destrucción.
En el lado positivo, si acepta el hecho que Dios es bueno, habrá dos resultados:
(1) Se rendirá a El sin reservas ni temor de ser engañado, y
(2) estará sediento de un cambio, sabiendo que los pozos de agua del mundo no se pueden compara con la refrescante agua que Cristo promete.

 

La segunda condición

¿Cuál es la segunda regla fundamental que debe aceptar? Que usted es totalmente responsable de su conducta. Todos nacemos con la propensión de evadir la culpa. Los niños tienen una asombrosa habilidad para deslizar la responsabilidad hacia otros. Eso comenzó en el Edén; Dios le preguntó a Adán: “¿Has comido del árbol que yo te mandé no comieses? La pregunta era directa y podía haber sido contestada con un “Sí”. Pero Adán respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:11,12). Lo que realmente dijo Adán es: “Es tu culpa; estoy arruinado con esta mujer débil de voluntad que Tú creaste”. De esta manera Adán culpó tanto a Dios como a su esposa, antes de admitir que él era también parte del hecho.
Tome nota de su lógica. Dios creó a la mujer, la mujer comió del fruto, y después se lo dio a él. El creyó que si Dios no hubiera creado a Eva, o Eva no hubiera desobedecido, él no habría pecado. Por lo tanto, él no era culpable. Eva no estuvo mejor en lo que se refiere a aceptar su responsabilidad. Ella dijo: “La serpiente me engañó, y comí”. Ella tampoco era responsable. Nadie era responsable; la culpa fue de Dios.
¿En verdad lo fue? Es cierto; Dios creó el árbol, la mujer, el hombre y, a Lucifer también, quien se convirtió en el diablo. Dios pudo haber creado un jardín sin árbol prohibido y haberle prohibido la entrada a Satanás. Sí, un Dios soberano podía haber hecho todo diferente. Pero Eva tomó una decisión; lo mismo Adán. Así que ellos debían cargar toda la
responsabilidad de su decisión. La serpiente también tuvo su parte; cada uno tomó una decisión; cada uno tuvo su culpa. La responsabilidad humana fue establecida para siempre en el huerto. Cada individuo deberá cargar la responsabilidad de sus decisiones.

Por supuesto, debemos ser sensatos al hablar de esto.
Algunas personas están perturbadas porque fueron víctimas de algún abuso físico o emocional. Otros llevan una vida de pecado debido a los valores equivocados de sus padres. En cierta medida todos somos producto de nuestra herencia y ambiente. Pero aun cuando aceptemos esto, todos sabemos que la sociedad civilizada no puede subsistir a menos que se acepte la responsabilidad individual de las propias acciones. Somos responsables ante nuestra familia, nuestro patrón, la sociedad, la iglesia y ante Dios. Toda persona madura necesita dejar de culpar a los demás y comenzar a tomar plena responsabilidad de lo que él o ella es, pensando en el pasado, presente y futuro. 

Un prominente hombre dijo con relación al asesino de Robert Kennedy: “No lo culpo a él, sino a la sociedad que lo ha producido”.

Will Rogers  una vez dijo acertadamente que había dos eras en la historia americana: cuando pasó el búfalo, y cuando pasó el colono.
No podemos exagerar el daño que ha infligido a los individuos la enseñanza de Sigmund Freud que dice que aquellos que tienen una conducta equivocada es porque están enfermos. No responsabilizamos a las personas por enfermarse de gripe, sarampión o cáncer. Tenemos hospitales, no prisiones para los que están físicamente enfermos, porque no tienen culpa moral alguna por su enfermedad. La implicación Freudiana reprochable es: Si no somos responsables por la enfermedad física, ¿por qué habíamos de ser culpados por un crimen, el cual es síntoma de una enfermedad mental?
Decir que un violador, un asesino o un ladrón, es un enfermo, es llegar a la conclusión que no debería ser castigado. Después de todo, lo que sucede es que “se contagió” de una rara enfermedad; es víctima de fuerzas más allá de su control. Recientemente, mi esposa y yo mirábamos en la televisión una entrevista con un doctor que afirmaba que las peculiaridades de nuestra conducta se originan en la experiencia de nuestro nacimiento. Si un niño nace en un cuarto ruidoso, con demasiada luz y ambientalmente inamistoso, entonces desarrollará hostilidad para su vida adulta.
Si un adolescente está en problemas, la culpa es de los padres, fueron muy estrictos o muy suaves. O tal vez fue su ambiente; creció en un hogar rico. Todos saben que la riqueza produce aburrimiento y este conduce al crimen. Pero, también puede ser que no sea responsable porque viene de un hogar pobre; la pobreza lleva al hombre a las drogas, el sexo y el crimen. Aun en una prisión es difícil encontrar a una persona que se considere culpable.

Las escuelas de psiquiatría moderna basadas en este principio no bíblico, han fallado al tratar los problemas emocionales. Estos psiquiatras se han convertido en “buscadores” profesionales, urgando, a través del pasado, las presiones del presente, las ansiedades del futuro, buscando un aparador en dónde colocar la culpa.

¡Qué opuesto a las Escrituras! La Biblia le llama a cada individuo un pecador. Somos totalmente responsables de nuestras decisiones. Aunque esto es una píldora difícil de pasar para algunos, es básico para nuestra esperanza de que Dios nos puede cambiar. Después de todo, si somos responsables, estamos en control de nuestras decisiones. Podemos cambiar. ¡Y podemos escoger que Dios nos cambie!

La Biblia enseña que cada persona es responsable. Nadie puede obligarlo a ser promiscuo, o implantarle una úlcera. Estos patrones de conducta no son causados por las circunstancias, sino más bien por  su respuesta a las circunstancias. Y, aún en esas ocasiones cuando es empujado por las pasiones más allá de su control, usted elige. Por lo tanto, usted es responsable.

La puerta de la esperanza comienza a abrirse cuando se asume la responsabilidad por sus pecados, admitiendo su culpa. Cuando usted llama a algo pecado, entonces hay posibilidad de liberación, pues Cristo vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Cuando asume la responsabilidad por su pecado, entonces descubre que es candidato para la misericordia y el poder de Dios. Un amigo mío lo explicó de la siguiente manera: “Ocasionalmente Dios sana las enfermedades, pero siempre tiene una cura segura para el pecado”. El asumir la responsabilidad también restaura la dignidad que Dios le dio. Dios no lo creó como una víctima de sus circunstancias, ni como esclavo de su estructura genética. Puede elevarse sobre su pasado y no tiene por qué ser empujado hacia un molde, ya sea de su ambiente o su herencia.

Como Adán, todos nos sentimos tentados a decir: “Los padres que me diste…” o, “Los amigos que me diste…” o, “Las pasiones que me diste…” Muchas personas han gastado una pequeña fortuna buscando ayuda profesional para explorar los problemas que podían haberse resuelto si hubieran estado dispuestas (y hubieran sido ayudadas) a aceptar la responsabilidad de sus acciones.

Si todavía está luchando tratando de explicar por qué su situación es única, lamentándose de que no entiende lo mal que ha sido tratado, o por qué fue aprisionado en cierto hábito, entonces probablemente ha fallado en el segundo examen requerido para ser aceptado en el programa de cambio de carácter que Dios ofrece.

 

La Tercera Condición

Si ya ha avanzado hasta aquí, todavía le falta aceptar una proposición más para empezar a trabajar con ese hábito molesto y testarudo. Es tan simple como esto: Debe creer que es posible la liberación.
Dios hizo una promesa a Adán y Eva, quienes pecaron tan flagrantemente, que el poder de Satanás sería vencido. “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). El mensaje fue claro: En el conflicto, Satanás sólo lastimaría el talón de Cristo, mientras que Cristo destruiría la cabeza de la serpiente. La victoria sobre el pecado y sobre Satanás es una posibilidad para los cristianos.
El Nuevo Testamento, es sobre todas las cosas, un libro de esperanza. Detalla como Dios cumplió esta promesa. No hay pecado alguno  que necesariamente deba vencerlo. Dios ha provisto en forma espectacular una manera de escapar.

“No os ha venido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentado más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”(1 Corintios 10:13). En este versículo notamos dos cosas.
– No puede alegar que su caso es único o especial. Es verdad que no hay dos situaciones idénticas, pero sus luchas básicas en contra de las pasiones del mundo, su naturaleza pecaminosa y Satanás, son las mismas que otros han enfrentado. Se puede consolar con el hecho de que está experimentando una tentación que alguien más ya ha enfrentado, exitosamente. José no sucumbió a la lujuria; Moisés conquistó el orgullo; Elías se sobrepuso a la depresión.
Pero ¿qué sucede con la gente que está involucrada en los pecados más terribles de idolatría, adulterio, homosexualidad, alcoholismo o cleptomanía? Una iglesia del Nuevo Testamento, en la ciudad de Corinto, tenía este tipo de personas, quienes habían sido liberadas de su pecado. Pablo hizo una lista de estos pecados después añadió: “Y esto eráis algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificado en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Su situación no es única. Alguien ya ha enfrentado su problema y ha salido victorioso.

– Pablo afirmó que Dios nos daría los recursos para enfrentarnos con todas las tentaciones. Un Dios fiel no espera que usted haga lo que no puede hacer; El suple la necesaria fortaleza. Si usted dice: “Sé que debo hacerlo, pero no puedo”, ¿entonces qué?
¿Recuerda la historia de la batalla entre los hijos de Israel y Amalec? Cuando llegó el momento de la batalla, dijo Moisés: “…yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano… Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro  de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”. Después de esta batalla, “Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-Nisi (Jehová es mi estandarte) (Éxodo 17:9-15)
Si realmente cree que no puede hacer lo que debería, entonces necesita la ayuda del pueblo de Dios. Necesita a alguien que sostenga sus brazos débiles, que le ayude a caminar derecho en la senda, para consolarlo, para darle fortaleza, para orar por usted. Sin embargo, si dice: “No puedo”, y lo deja pasar, entonces está poniendo en tela de duda la integridad del carácter de Dios o la validez de su propia fe.

¿Por qué es tan esencial para usted creer que la victoria sobre su pecado es posible? Simplemente porque nadie puede ganar una guerra cuando cree que no puede ganarse. Ir a la lucha creyendo de antemano que no puede darse una victoria permanente, es sucumbir ante el enemigo antes que la campaña se inicie.

Nosotros los cristianos a veces hemos sucumbido ante el enemigo al asumir que algunos pecados no pueden ser desalojados. Tal incredulidad produce pesimismo, desobediencia y desánimo. La enseñanza del Nuevo Testamento es que todas las cosas son posibles con Dios, para aquel que cree.

Mencione ahora su pecado y diga: “Gracias, Dios, porque la liberación es posible”. Dios tiene una amplia experiencia en liberar a Su pueblo de la tentación. Pedro escribió: “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9). 

Aplicación sugerida

1) Dios es Bueno. Afirme su creencia en la bondad de Dios leyendo los siguientes versículos: Ex. 33:19; 34:6; Sal. 27:13; 31:19; 34:8; 65:4; 86:5; 106:1; 107:8-9; 145:7; Stg. 1:17.

2) Usted es totalmente responsable de su conducta. No hay duda de que David pasó tiempo tratando de encontrar excusas para justificar su pecado con Betsabé. Por ejemplo: circunstancias inesperadas lo guiaron a verla en el momento en que su esposo estaba fuera de la ciudad. Dios pudo haber controlado las circunstancias. Lea la oración de arrepentimiento de David en el Salmo 51, y considere las siguientes preguntas:
¿Qué evidencia existe de que David por fin asumió total responsabilidad de lo que había hecho?
¿Qué evidencia existe  de que David se dio cuenta de que el pecado es más serio que simplemente herir a alguien?
Ahora lea Romanos 1:18-32. Trace la espiral del pecado, preguntándose: ¿Por qué es responsable el hombre de su conducta?

3) La liberación es posible. ¿Cuál pecado cree usted que es el más difícil de vencer? Ahora lea Lc. 1:37; Jn. 8:32; He. 3:12. ¿Por qué piensa que fallamos tantas veces en utilizar los recursos de Dios?

4) Trate de pensar en las ilustraciones bíblicas de aquellos que resistieron victoriosamente a la tentación. ¿Por qué fueron ellos victoriosos?

 

Libro: Cómo decir NO a los hábitos pecaminosos aunque sientas deseos de decir sí. Erwin W. Lutzer. Ediciones Las Américas. 1996.

Dios levanta al pobre

Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.
Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre.
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
Excelso sobre todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria.

¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?
El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.
El hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos.
Aleluya.

Salmo 113. Santa Biblia. Reina-Valera 1960.

Una mano desde el cielo

Séneca exclamó: “Oh, si tan sólo una mano bajara desde el cielo para liberarme del pecado que me domina”. Su clamor ha tenido eco a través de los siglos. Todos hemos deseado ese milagro.

Los hábitos pecaminosos comienzan en forma inocente, pero si no los controlamos, ellos nos controlarán. Todos hemos experimentado el circulo vicioso de gozar de un placer prohibido; sentirse culpable; decidir no volver a hacerlo; enorgullecernos enseguida de nuestro autocontrol, y entonces caer de nuevo. Cada vez que repetimos la acción, el surco se hace más profundo y la cadena se pone más tensa.

Cuando nos disculpamos diciendo que “somos humanos”, estamos siendo pesimistas, inclusive retadores, y pronto caemos víctimas de un pecado que rehúsa removerse. Este patrón de conducta se hace tan familiar que a la larga nosotros tampoco queremos cambiar. Cuando aceptamos una “incómoda complacencia”, nos llegamos a sentir a gusto con nuestro pecado del enojo, lujuria, preocupación, glotonería, pereza, amargura y egoísmo, excepto de vez en cuando, al surgir ciertos intentos de corrección.

¿Podemos realmente liberarnos de la rutina de un paso adelante y dos atrás? A veces pensaba yo que la respuesta era NO. A pesar de que sinceramente trataba de someterme a Dios, siempre mantenía cierta debilidad (pecado sería la palabra correcta), y concluía que simplemente tenía que vivir con ella. Después de todo, nadie es perfecto.

Pero yo sabía que mi fracaso privado no honraba a Cristo, quien ganó la victoria en la cruz. ¿No nos prometió que por ello nosotros podríamos ser libres?. A través de muchos fracasos y pocas victorias he descubierto que aun el pecado más persistente puede ser desarraigado. Podemos liberarnos de los pecados, aun de aquellos más recónditos en nuestra alma.

Imaginemos que constantemente es atacada en un punto vulnerable de una de sus murallas. Generalmente el enemigo abusa de la misma debilidad, con asombroso éxito. ¿No cree usted que los habitantes reconstruirían la fortificación defectuosa para estar preparados para el siguiente ataque? Sin embargo, incontables cristianos sucumben repetidamente a las mismas tentaciones sin desarrollar un plan de construcción para fortalecer sus defensas. Han aceptado el fracaso como estilo de vida y dicen: “Así soy yo”

Dios tiene un plan diferente, para el cual nos ha dado un mensaje de libertad y esperanza. Es cierto que no existen los milagros fáciles. Nuestro éxito no será ni instantáneo, ni automático. Las soluciones fáciles llevan a expectativas falsas, las cuales, a su vez, producen decepción e incredulidad. El aplicar los principios bíblicos requiere tiempo y disciplina. Pero es posible lograr un progreso seguro y constante. Incluso los patrones de conducta pecaminosa, practicados por mucho tiempo, pueden ser reemplazados por actitudes y acciones sanas.

Séneca no supo que su deseo había sido concedido. Dios bajó desde el cielo para liberarnos de los pecados que nos dominan. Este libro presenta un camino, paso a paso, hacia la libertad que Cristo nos ha traído. Explorémosle juntos.

Erwin W. Lutzer

Libro: Cómo decir NO a los hábitos pecaminosos aunque sientas deseos de decir sí. Erwin W. Lutzer. Ediciones las Américas.

Héroes del Reino

Colosenses 1: 9-20

 Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo.
Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder.
Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz.
Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados.
Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles. sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia.
Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.

Introducción

Todas las especies de la naturaleza se diferencian entre sí por rasgos que le son propios. Se trate de un perro o un tiburón, es igual. Todos poseen esa suma de características que lo hacen un ser único. Escuchar a un león ladrar, y no rugir, constituye una patología.
El líder del reino de Dios posee de la misma manera esos rasgos únicos que lo identifican como tal y es su deber vivir de acuerdo a los mismos.

Características

1.- Andan como es digno del Señor (1: 10a)

-Andan es una referencia a la manera de vivir
-Digno (azios) se traduce como: meritorio, congruente, conveniente, propio, justo.
-Agradándole en todo. Todo lo que el líder del reino vive, así como la forma en que lo hace, busca tener la aprobación del Señor de ese reino. El líder del reino no agrada a los hombres, al mundo y a Dios, sino que debe exclusivamente agradar al Señor del reino o buscar su aprobación.
-El líder del reino no sirve a la iglesia con la ayuda del Señor. El líder del reino sirve al Señor y lo hace en el marco y a través de una organización llamada iglesia.

2.- Llevan fruto en toda buena obra (1: 10b)

-Llevan significa mostrar, dar a conocer.
-El fruto simboliza resultado, consecuencia, evidencia, producto.
-Buena obra. Son los buenos actos, la manera de vivir correcta y justa. Los resultados beneficiosos.
-El líder del reino no es un ejemplo de alguien que vive, hace o causa mal. Todo lo que lleva a cabo es bueno, justo y correcto. Esa es su naturaleza más básica. El problema de muchos no está en la doctrina, sino en la ética. La manera en que viven se contradice de un modo alarmante con lo que dicen creer.
-El líder del reino desarrolla una función, no ocupa un cargo. La función se relaciona con la vida de todo el organismo, termina siempre en un resultado acorde a la tarea en la que se desempeña. El cargo es una tarea que se cumple, pero la misma resulta una carga y por lo tanto puedo hacerla yo u otro cualquiera. No es algo vital, sino meramente administrativo.
-El líder del reino acepta que su obra no será medida por su cargo, sino por la función desarrollada y los consecuentes resultados de su obra.

3.- Crecen en el conocimiento de Dios (1: 10c)

-Crecer (autano) significa desarrollarse, multiplicarse, elevarse, llegar a ser más importante, alcanzar una posición de referencia.
-Conocimiento (edignosei) representa conocer, entender, reconocer, enterarse, apreciar.
-El líder del reino no se queda siempre en un mismo lugar. No se hincha, crece. Se desarrolla, se multiplica y progresa hacia arriba y adelante. La mayor parte de los problemas de unidad y división de las iglesias son ocasionados, más que por el diablo, por un liderazgo hinchado y  no desarrollado.
-En cuanto al conocimiento de Dios, no se conforma con saber el ABC del evangelio, sino que progresa para entender a Dios y aprecia altamente ese beneficio porque sabe que a mayor comprensión, mayor efectividad y alcance de la misión.
-El líder del reino se desarrolla hacia un conocimiento de Dios y sus cosas, lo cual lo hace estable, con buenas y profundas raíces en lo que a convicciones se refiere.

4.- Se fortalecen con todo poder (1: 11a)

-Fortalecido (dunamumenoi) significa poder, fuerza, hacer fuerte, capacidad. Define a alguien que se hace fuerte o es capacitado por el mismo proceso en el que se hace fuerte.
-El líder del reino tiene momentos de debilidad o flaqueza (no malentender de pecado), pero no muere allí, por cuanto se hace fuerte una y otra vez en todo sentido con los recursos que provienen del Señor del reino.
-Un líder en este nivel de comprensión difícilmente optará por el abandono y la deserción.
-El líder del reino sigue siendo líder aun en los momentos de conflicto, las pruebas o la enfermedad. La debilidad ha sido en muchos líderes una justificación para desaparecer. Sin embargo, la debilidad es también una oportunidad para hacernos fuerte (Joel 3:10)

5.- Perseveran con paciencia en toda situación (1: 11b)

-Perseverar (uponomen) significa persistencia, mantenerse firme, resistir, aguantar.
-El líder del reino se hace fuerte en el conflicto y se mantiene firme hasta que la tormenta pasa. Posee una alta capacidad de resistencia. Sabe que a veces el Señor lo sacará de inmediato de un problema y que otras veces le dirá simplemente que resista.
-Aguantar, resistir y mantenerse firme es lo que le da al carácter del líder cristiano la semejanza al de Cristo. La paciencia es la capacidad de esperar, mientras se aguanta en medio del conflicto, a que el Señor le haga ascender a nuevas realidades tanto de vida como de ministerio.

6.- Dan gracias a Dios con gozo (1: 12a)

-Dan gracias. El líder del reino le está agradecido a Dios. Agradece por lo que es y lo que tiene. No niega su gratitud porque no tenga lo que desea. Sabe conformarse con lo que posee y da gracias sinceras por ello.
-Con gozo. El gozo el la firmeza entusiasta por medio de la cual me mantengo firme. -El líder del reino sirve a su Señor con una gratitud, felicidad, alegría y entusiasmo que se nota en su cara.
-El líder del reino no es una persona amargada, seria, quejosa, iracunda o histérica, de eso hay mucho en las iglesias.
-El líder del reino no confunde la seriedad con la espiritualidad. Muchos no hacen más que convertirse en líderes y ya es suficiente para que dejen de reír.
-El líder del reino contagia las ganas de vivir y los deseos de servir o trabajar para el Señor del reino.
-El líder del reino celebra la vida y disfruta de ella con responsabilidad y alegría.

7.- Conclusiones.

-Tú y yo somos gente del reino de Dios. Lo quieras o no.
-Tú y yo no debemos buscar agradar o caerle bien a los hombres. Debemos exclusivamente agradar al Señor del reino.
-Tú y yo no debemos ser ejemplo de una manera de vivir dudosa o reprochable.
-Tú y yo tenemos mucha y muy buena doctrina, pero muchas veces queda empañada por una pésima ética.
-Tú y yo no debemos hincharnos, solo debemos crecer.
-Tú y yo debemos desarrollarnos, multiplicarnos y progresar siempre hacia arriba y adelante.
-Tú y yo triunfamos gracias a las fuerzas que nos llegan siempre del Señor del reino.
Tú y yo debemos ser entrenados en la unción de la resistencia para no ser tan rápidos en la queja y la deserción.
-Tú y yo no somos gente amargada, seria, quejosa, iracunda, histérica y desagradecida.
_Tú y yo somos gente alegre, contagiosa, que disfruta la vida y el servicio al Señor.

 

Biblia Héroes. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. NVI. Editorial Vida.

Una Vida con Propósito

Beneficios de una vida con propósito

Conocer tu propósito da sentido a tu vida.

Fuimos creados para tener significado.
Cuando la vida tiene sentido puedes soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene resulta insoportable.
Sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido.
La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza.
La tragedia más terrible no es morir, sino vivir sin propósito.
La esperanza es tan esencial para tu vida como el aire y el agua.
Necesitas esperanza para poder salir adelante. Tener esperanza es el resultado de tener un propósito.
Si te has sentido desmoralizado, ¡hay esperanza! Experimentarás cambios positivos en tu vida al empezar a vivirla con con propósito.

 

Conocer tu propósito simplifica la vida.

Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer. Tu propósito se convierta en el patrón que usarás para evaluar qué cosas son esenciales  y cuáles no.
Formúlate la pregunta: Esta actividad que voy a realizar, ¿me ayudará a cumplir los propósitos de Dios para mi vida?
Sin un propósito definido no tienes fundamento alguno en qué basar tus decisiones, distribuir tu tiempo y usar tus recursos. Entonces tomarás decisiones basadas en las circunstancias, en las presiones y el estado anímico del momento. Los que no entienden su propósito suelen esforzarse demasiado; y eso causa estrés, cansancio y conflicto. Es imposible que logres hacer todo lo que los demás quieren que hagas. Sólo tienes tiempo para hacer la voluntad de Dios.
Si no logras terminarlo todo, significa que estás haciendo más de lo que Dios quiere que hagas (o quizás estás viendo demasiada televisión).
Vivir con propósito nos lleva a un estilo de vida más sencillo y a un plan de actividades más saludable.
“Hay quien pretende ser rico, y no tiene nada; hay quien parece ser pobre, y todo lo tiene” Proverbios 13:7 (NVI)
“Al de propósito firme guardará en perfecta paz, porque en ti confía” Isaías 26:3

Conocer tu propósito enfoca tu vida.

Esto hace que dirijas todo tu esfuerzo y energía en lo que es importante.
Te conviertes en una persona efectiva al ser selectivo.
Es natural que las cosas sin importancia nos distraigan.
Jugamos a la “ruleta rusa” con nuestras vidas.
Henry David thoreau observó que la gente vive una vida de “desesperación silenciosa”, pero hoy una descripción más exacta sería, una distracción sin propósito.
Sin un propósito claro, seguirás cambiando de dirección, de trabajo, de relaciones, de iglesia y muchas cosas más, esperando que cada cambio pueda resolver la confusión o llenar el vacío de tu corazón.
Piensa: “Esta vez quizás sea diferente”, pero eso no resuelve tu verdadero problema, es decir, la carencia de enfoque o propósito.
“No sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor” Efesios 5:17
No hay nada tan impactante como una vida centrada, vivida con propósito.
Los hombres y mujeres que han hecho las más grandes diferencias en la historia, han sido personas con un enfoque bien definido.
“Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y esforzándome por alcanzar lo que está delante” Filipenses 3:13.
Si deseas que tu vida impacte, ¡enfócala!
No trates de hacerlo todo. Haz menos.
Tienes que deshacerte aun de buenas actividades y concentrarte en hacer lo más importante.
Nunca confundas actividad con productividad.
Puedes estar ocupado sin propósito alguno.
Conocer tu propósito estimula tu vida.
El propósito siempre produce entusiasmo.
No hay nada que dé tanto ímpetu como tener un propósito claro.
El simple hecho de levantarse de la cama se convierte en una tarea ardua.
Por lo general, es el trabajo sin propósito, no el excesivo, el que nos acaba, nos deja sin fuerzas y nos roba el gozo. George Bernard Shaw escribió:
“Esta es la verdadera felicidad: ser usado para un propósito y poder reconocer su supremacía; ser una fuerza de la naturaleza en lugar de algo inconstante, un saco de males y lamentos, siempre quejándose de que el mundo no se da a la tarea de hacerlo a uno feliz”

 

Conocer tu propósito te prepara para la eternidad.

Muchos se dan a la tarea de emplear toda su vida en crear en la tierra un legado duradero. Quieren que se les recuerde después de muertos.
Lo más importante no es lo que otros dicen de tu vida, sino lo que Dios diga. Muchos no se dan cuenta que todos los logros personales son superados tarde o temprano; las marcas se rompen, la reputación se desvanece y los homenajes se olvidan.
“Cuando pase el tiempo, ¡alguien tirará a la basura todos tus trofeos!” James Dobson
Vivir para dejar un legado terrenal es una meta que revela muy poca visión.
El uso más sabio de tu tiempo es que edifiques un legado eterno.
No fuiste puesto en la tierra para ser recordado, sino para prepararte para la eternidad.
Llegará el día que estarás ante Dios; él hará un inventario de tu vida, un examen final antes de que entres en la eternidad.
La Biblia declara: ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! Está escrito: “Tan cierto como que yo vivo _dice el Señor_, ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua confesará a Dios”. Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí ante Dios. Romanos 14:10-12 (NVI).
Al leer la Biblia podemos imaginar que Dios nos planteará dos preguntas decisivas: Primero, ¿Qué hiciste con mi Hijo Jesucristo? Dios no cuestionará tu trasfondo religioso ni tu inclinación doctrinal. Lo único que tendrá relevancia será si aceptaste lo que Cristo hizo por ti y si aprendiste a amarlo y a confiar en él.
Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí” Juan 14:6.
Segundo, ¿Qué hiciste con lo que te entregué? ¿Qué hiciste con tu vida, dones talentos, oportunidades, dinamismo, relaciones y recursos que Dios te dio? ¿Lo gastaste todo en ti mismo o lo usaste para los propósitos para los que Dios te creó?

 

Vivir con un propósito es el camino a la paz.

“Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en ti confía” Isaías 26:3

 

Del libro: Una vida con propósito. Rick Warren. Editorial Vida.

La frase de los sabios

“Un héroe sabe que Dios tiene el control”

Una antigua leyenda cuenta que un famoso rey decidió convocar a sus principales sabios y eruditos a una asamblea para solicitarle un favor.

_Acabo de traer un gran anillo de mi última conquista _dijo el monarca_.
Es muy valioso y además me ofrece la posibilidad de que puedo guardar algo aún más valioso en su interior.
Necesito que ustedes, al final del día, me entreguen una frase que sea la más sabia que algún mortal haya escuchado jamás. Quiero que arriben a una conclusión a partir de toda su sabiduría y luego la escriban en un papel diminuto. Entonces yo guardaré esa frase en mi anillo. Y si algún día el infortunio permitiera que me encuentre en medio de una crisis muy profunda, abriré mi anillo y estoy seguro de que tal frase me ayudará en el peor momento de mi vida.

Así que los sabios pasaron el resto del día debatiendo cuál sería esa frase que resumiría toda la sabiduría que ningún humano había oído jamás.
Cuando cayó la noche, uno de los eruditos del reino, en representación de todos los demás, se acercó al rey con una frase escrita en un pequeño papel.

_Aquí está, su majestad. Sólo tiene que guardarla en su anillo y leerla en caso de que una gran crisis golpee su vida y su reino.

El monarca guardó el papel en su anillo y se olvidó del tema.

A los pocos años, el reino fue saqueado por los enemigos y el palacio reducido a escombros. El rey logró escapar entre las sombras y se ocultó detrás de unas rocas, en las afuera de su devastada corte. Allí, observando un precipicio, consideró la posibilidad de quitarse la vida arrojándose al vacío antes de caer en manos enemigas. Fue entonces que recordó que todavía conservaba el anillo y decidió abrirlo, desenroscó el diminuto papel y leyó: “Esto también pasará”. El rey sonrió en silencio y cobró ánimo para ocultarse en una cueva, en medio de la oscuridad, hasta que ya no corriera peligro. La leyenda dice que veinte años después el rey había recuperado todo su esplendor a fuerza de nuevas batallas y conquistas. El trago amargo había quedado atrás, y ahora regresaba triunfante de la guerra en medio de los vítores y aplausos de una multitud que no dejaba de ovacionarlo. Uno de los antiguos sabios que caminaba al lado del carruaje real, ya anciano, le susurró al rey:

_Su majestad, creo que hoy también debería volver a mirar el interior de su anillo.

_¿Ahora? ¿Para qué habría de hacerlo? No estoy en medio de una crisis, sino todo lo contrario _replicó el rey.

_Es que esa frase no solo fue escrita para los momentos difíciles, sino también para cuando crea que todo lo bueno pareciera que ha de perdurar por toda la eternidad.

El rey, en medio de los aplausos, abrió el anillo y volvió a leer: “Esto también pasará”. Y descubrió en ese mismo momento instante que sentía la misma paz que tuvo cuando estaba a punto de quitarse la vida. El mismo sosiego, la misma mesura lo invadió por completo. Aquel día descubrió que la frase que los sabios le habían entregado era para leerla en las derrotas y, sobre todo, en los tiempos de victoria.

Hubiera dado cualquier cosa porque alguien me contara esta fantástica historia cuando era mucho más joven.
Sin embargo, siempre digo que de tener una máquina del tiempo (como en la saga Regreso al futuro de Spielberg) viajaría al pasado para encontrarme conmigo mismo cuando tenía unos… diez u once años. No buscaría a nadie más, no hablaría con ninguno más, solo con Dante, a aquel niño que alguna vez fui. Lo enfrentaría cara a cara y le diría algo así como:

_No me preguntes quién soy, porque de todos modos no me lo vas a creer. Solo vine a regalarte una frase que quiero que guardes para siempre: “Esto también pasará”. Disfruta la adolescencia que te queda por delante, disfruta cada instante que puedas, no te pierdas el ahora por estar preocupado por el futuro. Todo va a salir bien, te lo aseguro. Algún día los exámenes, los complejos y la baja autoestima van a ser historia, y en unos años vas a reírte de tus problemas de hoy. Tu vida estará resuelta antes de lo que imaginas. Tranquilo, no hay nada malo más adelante. Finalmente vas a lograrlo.

¿Te dieron ganas de hacer lo mismo? Siempre que cuento esta historia, alguna lágrima se escapa de los ojos de aquellos que me escuchan, en esencia porque la mayoría le tenemos cierta lástima a aquel niño que alguna vez fuimos.

De alguna manera, esta frase es una especie de paráfrasis de muchas promesas bíblicas. El Señor nos habla de no estar afanosos por el día de mañana, de no preocuparnos por lo que vendrá, de disfrutar de las nuevas misericordias de Dios cada mañana. No obstante, por alguna razón, la ansiedad nos juega una broma pesada y sin querer nos va robando pedacitos valiosos del presente.

En estos años, he pasado momentos muy tristes, de mucha angustia, y también momentos muy felices, de mucha euforia. Y ambos momentos pasaron, quedaron en algún lugar, retratados a lo sumo en alguna fotografía. Pero no estoy interesado en vivir de recuerdos, no me gusta anclarme en las crisis ni en las victorias. No me hacen bien ni las críticas despiadadas ni los aplausos. Por esa razón es que repaso dicha frases a diario.
En la vida real me es difícil encontrarme con el niño que fui. El aplomo y la madurez hacen que cada día me sea más difícil reencontrarme con él. Sin embargo, uno no deja de jugar porque se hace viejo, sino que se hace viejo porque deja de jugar. Por lo menos, tengo la salvedad de que puedo disfrutar de ahora, el presente. Miro a mis dos hijos pequeños y antes de excusarme diciendo que estoy ocupado para jugar con ellos, recuerdo que “esto también pasará”, y que en algunos años ya no estarán en casa para jugar. Entonces abandono los proyectos de mañana y me dedico a mi hoy.

He decidido no pasarme el resto de mi vida pensando en lo que haré en dos años. No me interesa vivir pensando que la felicidad absoluta llegará el viernes en la noche, o el sábado por la tarde. O en el verano o la primavera. O una vez que me gradúe o viaje a aquel país. O cuando me jubile, mis hijos crezcan, o me pare ante una multitud. La felicidad no es un destino, es un trayecto. No es un lugar ideal a donde uno llega un buen día, sino un camino que vamos transitando poquito a poquito, con los pequeños fragmentos del hoy.

A cada lugar donde Dios me lleva, por lo menos dedico un mensaje para motivar a los jóvenes a que disfruten el hoy. No obstante, por sobre todas las cosas, deseo que la ansiedad de lo que todavía no tienen o no han vivido no les robe lo que ya tienen en sus manos, que nunca es poco. Por mi parte, estoy más que feliz con lo que Dios nos ha regalado en estos años. Aunque tengo muy en claro, por encima de todo, que incluso “esto también pasará”

Biblia Héroes. NVI. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. Editorial Vida.

Los tres grandes consejos

“Un héroe no deja que las críticas lo abrumen”

Durante algunos años tuve la fortuna de que me invitaran a predicar en algunas reuniones dominicales del servicio hispano de La Catedral de Cristal de Los Ángeles. Allí conocí a su anfitrión, el genial pastor Juan Carlos Ortiz. Quizás el mejor predicador que ha dado América Latina en muchísimo tiempo. Su sabiduría se mantiene intacta, su don de gente sigue siendo su principal adjetivo. Sus mensajes son tan demoledores y profundos como lo eran en los tumultuosos años setenta, cuando los casetes con sus grabaciones eran buscados como el oro y copiados a granel bajo cuerda, a pesar de que estaban proscriptos por la iglesia tradicional de aquel entonces.

Sin embargo, no fueron sus mensajes los que lograron subyugarme, sino esas charlas íntimas que logramos tener en mis visitas a su imponente iglesia a finales de los noventa. No fueron muchas, tres para ser exactos. Una en su oficina, otra en una cena en una marisquería, y la más reciente durante un asado que el mismo Juan Carlos me preparó en su casa de retiro en las montañas de California. Todo un honor.

Sería imposible transcribir toda la sabiduría que este hombre emana en conversaciones que parecieran surgidas como al descuido. Con todo, recuerdo los tres consejos más valiosos y significativos que pudo darme. En realidad, los he transformado en mi código de honor, mi estandarte de integridad.

Los he guardado desde hace casi diez años como mis tres preciados tesoros de sabiduría.
No obstante, no los leas a la ligera. Si es posible, memorízalos, átalos a tu cuello, escríbelos en las tablas de tu corazón. Son palabras sencillas, pero demasiado profundas para leerlas una sola vez.

Indudablemente, estos tres consejos de Juan Carlos son las últimas palabras que me gustaría decir antes de bajar al sepulcro. O la herencia que quisiera dejarles por escrito a mis hijos para que también hagan de ellos su bandera en la vida ministerial.

El primer consejo me lo dio en medio de un diálogo donde por aquel entonces yo le planteara que estaba inmerso en un mar de críticas. De esas despiadadas, que los cristianos solemos emitir en contra de otros pares sin medir las consecuencias, y lo que es peor, sin importarnos la motivación ajena. Recuerdo que a pesar de que realizábamos cruzadas multitudinarias, no lograba sentirme querido por mis consiervos.

_¿Te están dejando fuera del círculo? _me preguntó mirándome a los ojos.

_Algo así. No me lo han dicho, pero puedo sentirlo.

_Entonces voy a decirte lo mismo que el Señor me dijo a mí cuando también me sentí excluido:
¡Haz un círculo más grande y mételos adentro! Tan sencillo y rotundo como eso.
Si quieren dejarme afuera, de todos modos he decidido amarlos e incluirlos en mi vida. Aunque algunos no lo merezcan o no les interese. Mi estilo de vida se basa en agrandar el círculo. Independientemente de la opinión que otros tengan acerca de mí.

El segundo gran consejo lo recibí cuando le pregunté si al sentirse rechazado (como todo pionero, Juan Carlos fue duramente atacado por la iglesia tradicional hace muchos años) acaso no sentía ganas de reclamarle al Señor el hecho de tener que pagar un precio tan alto por haberse entregado a una visión.

_Una vez acudí al Señor con esa misma queja _me confesó_. Le mencioné que algunos hermanos no me amaban y me rechazaban. Fue en ese momento que me dijo: “Tranquilo, Juan Carlos, yo di mi vida en la cruz para que me amaran a mí, no a ti”. ¿Entiendes querido? ¡Él nunca prometió que te amarían a ti! Cuando en realidad estés consciente de eso, lograrás quitarte un gran peso de encima. No tendrás una pérdida de energía pensando en todos aquellos que no te aman, porque tu meta no será que te acepten a ti, sino al Señor.

El tercer consejo no sonaba como tal, más bien era una pregunta que de forma recurrente Juan Carlos me hacía cada vez que visitaba La Catedral.

_¿Ya hiciste la lista de las personas con las que estás dispuesto a fracasar?

La misma era una cuestión movilizadora, inquietante. A nadie le gusta fracasar, mucho menos a un líder. Esa no es una pregunta que alguien quisiera oír. Queremos saber cómo tener éxito, pero no nos importa saber con qué personas nos va a ir mal.

_¿Por qué debería fracasar? _pregunté incrédulo.

_Porque si no decides con cuáles personas te va ir mal, lo más probable es que seas un híbrido que termines agradando a todo el mundo y nunca lograrás dejar una huella en la historia.

Yo decidí que quiero fracasar con los religiosos, estoy consciente de eso, hasta tengo una lista de quiénes son y eso hace que no me lastime. Por el contrario, me hace bien para mi salud emocional y espiritual. No fracaso con ellos porque hice algo mal, o ni siquiera porque ellos lo han determinado. Es mi propia decisión.

Contundente. Frontal. Fue allí cuando me di cuenta de que al final ese día llegaría para mi ministerio. El momento de inflexión en que debería elegir entre complacer a todos y salir a explicar cada visión que Dios me daba, o hacer lo encomendado, sabiendo en quiénes y en qué estoy enfocado.

_De todos modos, aquellos con los que decidas fracasar siempre serán parte de tu familia, al fin y al cabo, les guste o no, te tendrán que aguantar. Es como cuando uno no quiere a un cuñado, o un primo, pero en los cumpleaños o en las navidades él siempre está ahí, sentado a la mesa. Es la familia, y eres parte de ella, aunque les desagrades a algunos. Tu preocupación debiera ser que a causa no se pierda algunos de los de afuera, no te preocupes por los de adentro, ellos ya son salvos. Enfócate en la gente correcta, en los que estén alineados con tu visión.

Agranda el círculo para meterlos dentro.
El Señor no murió para que te amen a ti.
Haz una lista de aquellos con los que fracasarás.

Sin duda, estos son tres grandes tesoros que hoy quise regalarte, así como un día Ortiz lo hizo conmigo. Solo tienes que apreciarlos y recordarlos cada vez que odien tu túnica de colores y te arrojen en una cisterna. Si recuerdas las tres perlas, algún día vas a abrir los graneros y compartir con tus propios hermanos, sin rencores, de lo mucho que Dios te dio.

 Biblia Héroes. NVI. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. Editorial Vida.

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