La soberanía de Dios

La soberanía de Dios.
 
El Dios que la mayoría de nosotros adora es demasiado pequeño. El Dios de la mayoría de los cristianos parece anémico, débil y limitado, sin la capacidad de hacer que las cosas sean diferentes. El Dios que la mayoría de nosotros adora se parece más a la llama vacilante de una vela  que al sol abrazador del mediodía.
Una de las razones de esto es que no entendemos la soberanía de Dios. Hemos dejado que Dios esté en todas partes, menos en su trono, y lo hemos pagado caro. De ahí nuestro fracaso espiritual, y nuestra laxitud y falta de poder, porque el Dios de quien hablamos tiene poco que ver con el Dios soberano del universo.
 
La soberanía de Dios tiene que ver con su gobierno absoluto y su dominio sobre toda su creación. Dios gobierna de manera absoluta sobre los asuntos de los hombres. El está sentado en el trono del universo como Señor. Todo lo que sucede ocurre porque él, o bien lo causa directamente, o bien lo permite conscientemente. Nada de lo que ocurre, o deja de ocurrir, en la historia está fuera del absoluto control de Dios. Sólo cuando usted entienda que ésta es la clase de Dios con quien estamos involucrados, tomará en serio la cuestión se su autoridad. Sé que a muchos no les agrada la doctrina de la soberanía de Dios, porque no quieren un Dios soberano. Ciertamente quienes no son cristianos, y lamentablemente algunos cristianos, no quieren un Dios soberano porque no desean tener ninguna autoridad sobre ellos. Lo que quieren es un Dios que sea como un muñeco de resorte de esos que vienen en cajas de sorpresas para que salte cuando a ellos se les antoje. Pero mientras no lo necesitan dicen: "No me llames; yo te llamaré a tí".
 
 Satanás conoce bien esta predisposición nuestra, porque es también la suya. El no quiso servir a Dios, sino que decidió ser autónomo. Cuando tentó a Eva en el huerto, le dijo: "Dios sabe que el día que comas esta fruta, serás como él: aútónomo. Podrás pensar lo que quieras, ir donde quieras, y ser tu misma. No sigas permitiendo que Dios te reprima. ¡Hazte autónoma!".
Cuando usted entienda la soberanía de Dios, se dará cuenta que nadie puede ser autónomo. Usted y yo vivimos en un universo que está bajo el control absoluto de Dios, bien sea porque hace que las cosas se produzcan o bien porque lo permite. Cuando conozcamos esa clase de Dios cambiará nuestra manera de pensar, actuar y vivir.
 
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