No hay excusas

 
 

Toda la humanidad ha obrado mal.

 

Dios muestra su ira desde el cielo contra la falta de respeto que la gente le tiene y la injusticia en que viven. Conocen la verdad pero la ocultan con las cosas malas que hacen. Lo que se conoce sobre Dios, ellos lo saben muy bien porque Dios mismo se los ha mostrado. Lo que no se conoce de Dios, o sea su eterno poder y todo aquello que lo hace ser Dios, se ha hecho claramente visible desde la creación del mundo.

 

El ser humano ha podido entender todo eso con facilidad al observar la creación de Dios. Así que la humanidad no tiene excusa para hacer todo el mal que hace. Aunque los seres humanos conocían a Dios, no lo respetaron como él merece ni le dieron gracias. Terminaron pensando bobadas y cerraron su entendimiento. Se creían sabios, pero solo eran unos tontos, y cambiaron la grandeza del Dios inmortal para adorar ídolos, hechos con forma de simples hombres mortales, aves, cuadrúpedos y serpientes.

 

La gente estaba llena de pecado y quería hacer solamente el mal, por eso Dios los dejó que siguieran cometiendo pecados sexuales y deshonraran sus cuerpos unos con otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira. Adoraron y sirvieron a la creación en lugar de adorar y servir al Creador, a quien sea la gloria y la honra por siempre.

 

Por eso Dios los dejó seguir sus pasiones vergonzosas. Sus mujeres dejaron de tener relaciones sexuales con los hombres, que es lo natural, y empezaron a tener relaciones sexuales con otras mujeres. De la misma forma, los hombres dejaron de tener relaciones sexuales con la mujeres, que es lo natural, y empezaron a desearse entre ellos. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres, y recibieron en sí mismos el pago por su desviación.

 

Ya que la gente creyó que no era importante conocer a Dios, él los dejó que siguieran pervirtiendo su mente y terminaron haciendo lo que no deben.

Esta gente se mantiene haciendo toda clase de injusticia, corrupción, codicia y maldad. Viven llenos de envidia, asesinatos, pleitos y fraudes. Siempre están pensando mal de los demás. Odian a Dios y son insolentes, orgullosos, vanidosos, inventan maldades y desobedecen a sus padres. Son insensatos, no cumplen sus promesas, son insensibles y no tienen piedad de nadie. Aunque saben que la ley de Dios dice que quienes hacen eso deben morir, no les importa y siguen haciéndolo. Además afirman que los que hacen todo eso están en lo correcto.

 

Así que, ¿crees que puedes condenar a esa gente? Nada de eso. Tú no tienes por qué juzgarlos. Cuando los condenas, te condenas a ti mismo, porque tú también haces lo que ellos hacen.

Sólo Dios puede juzgar a los que hacen esas maldades.

Sabemos que Dios hace bien al juzgarlos. Dios pagará a cada uno según lo que haya hecho. Hay algunos que constantemente hacen el bien. Buscan de Dios la grandeza, el honor y una vida que no puede ser destruida. A ellos Dios les dará vida eterna. Hay otros que son egoístas, se niegan a seguir la verdad y han decidido seguir la injusticia. Dios los castigará.

Dios ha puesto en cada ser humano una conciencia que le servirá de testigo. Sus razonamientos los condenan o los defienden porque cuando hacen lo malo tienen remordimientos y cuando hacen el bien saben que hacen el bien y no se sienten culpable. Todo esto sucederá el día que Dios juzgue todos los secretos de los hombres conforme lo dice el evangelio (las buenas noticias) del Señor Jesucristo.

Romanos 1, 2.

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