¿Has cambiado realmente?

En la Biblia la oferta del perdón por parte de Dios está condicionada por la intención de reforma por parte del hombre. No puede haber regeneración espiritual sin que no haya una reforma moral. ¡El hecho de que tengamos que comprobar y defender esta declaración únicamente delata cuánto nos hemos alejado y descarriado de la verdad!

En nuestra teología popular actual, el perdón depende solamente de la fe. El mismo término reforma ha sido desterrado de entre los hijos de la Reforma.

Es muy común escuchar la declaración: «Yo no predico la reforma; yo predico la regeneración». Por cierto, reconocemos esto como la expresión de una revolución encomiable contra la doctrina insípida y que no se basa en las Escrituras por eso hablan de la salvación por parte del esfuerzo humano. Pero la declaración tal cual la encontramos contiene un error real porque expresa que la reforma y la regeneración están en contraposición . En la realidad y la práctica, las dos nunca se oponen entre sí en la teología bíblica sana. La doctrina que predica la regeneración pero no la reforma nos presenta de modo incorrecto que debemos elegir entre una o la otra; es decir, o se queda con la reforma, o toma la regeneración. Esto no es exacto. El hecho es que sobre este tema se nos presenta no un enfoque «uno-o-lo-otro», sino un «ambos-y». La persona que ha creído es tan reformada como regenerada. Y a menos que el pecador esté dispuesto a reformar su estilo de vida, nunca va a conocer la experiencia interna de la regeneración. Esta es la verdad vital que se ha perdido bajo las hojas de la teología popular evangélica.

La idea de que Dios perdonará a un rebelde que no ha descartado su rebelión es tan contraria a las Escrituras como al sentido común. ¡Cuán terrible es contemplar una iglesia llena de personas que han sido perdonadas, pero que todavía aman el pecado y odian los caminos de justicia! Y ¡cuánto más horrible sería pensar que el Cielo está lleno de pecadores que no se han arrepentido ni cambiado su estilo de vida!

Una historia familiar ilustra esto. El gobernador de cierto estado estadounidense visitaba como incógnito la prisión estatal. Entabló una conversación con un joven reo y sintió un profundo deseo de perdonarle. «¿Qué haría usted» —le preguntó en forma casual— si tuviera la suerte de recibir el indulto?» El preso, sin saber con quién hablaba, gruñó su respuesta: «Si alguna vez saliera de este lugar, lo primero que haría sería vengarme del juez que me mandó acá.» El gobernador cortó la conversación y salió de la celda. El condenado siguió en su celda. ¡Perdonar a un hombre que no hubiera sido regenerado, no solo sería insensato, sino que sería absolutamente inmoral!

La promesa del perdón y la limpieza está también asociada en la Escritura con el mandato del arrepentimiento. «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos.» Isaías 1.18 está ligado a los versículos que le preceden. «Lavaos y limpiáos; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.» (Isaías 1.16.) Este pasaje enseña una reforma radical de la vida antes de que pueda haber una esperanza o expectación del perdón. Separar un concepto del otro es violentar las Escrituras y quedar convictos por el pecado de manejar las Escrituras con engaño y mentira.

No hay duda que la enseñanza de la salvación sin arrepentimiento ha bajado las normas y el nivel moral de la Iglesia. Además ha producido una multitud de maestros religiosos engañados que erradamente se creen salvos, cuando en la realidad están en hiel de amargura y en prisión de maldad. Ver a dichas personas buscando realmente la vida espiritual más profunda constituye una escena desilusionante y deprimente. Sin embargo, nuestros altares suelen estar llenos de penitentes que piden como Simón el Mago en Hechos 8.19: «Dadme también a mí este poder,» cuando no se ha sentado la base moral para ello. Todo tiene que reconocerse como una clara victoria para el diablo. Una victoria que no pudiera gozar si no hubiera maestros insensatos que predican la doctrina maligna de una regeneración separada de la reforma.

Tomado y adaptado del libro La raíz de los justos, A. W. Tozer, Editorial Clie, 1994. Usado con permiso. Todos los derechos reservados

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Ciegos, guiando ciegos

Algunos de los fariseos y de los maestros de la Ley, que habían venido de Jerusalén, le preguntaron a Jesús:
_¿Por qué tus discípulos no siguen las costumbres que nuestros antepasados han practicado por mucho tiempo? ¿Por qué no cumplen con el rito de lavarse las manos antes de comer?

Jesús les respondió:
_¿Y por qué también ustedes desobedecen el mandato de Dios para seguir sus propias tradiciones?
Porque Dios dijo: "Honra a tu padre y a tu madre", y "El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte". Pero ustedes afirman que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: "No puedo ayudarte, porque todo lo que tengo se lo he ofrecido a Dios"; y que cualquiera que diga esto, ya no está obligado a ayudar a su padre o a su madre. Así pues, ustedes han anulado la palabra de Dios para seguir sus propias tradiciones. ¡Hipócritas! Bien habló el profeta Isaías de ustedes, cuando dijo:
_"Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí. De nada sirve que me rindan culto, si sus enseñanzas son mandamientos de hombres".
 Luego Jesús llamó a la gente y dijo:
_Escuchen y entiendan: Lo que entra por la boca del hombre no es lo que lo hace impuro. Lo que lo hace impuro es lo que sale de su boca.
Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
_¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oir lo que dijiste?
El les contestó:
_Cualquier planta que mi Padre celestial no haya plantado, será arrancada de raíz. Déjenlos, pues son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro, los dos caerán en un hoyo.
 
Todos están siguiendo a alguien. Ese alguien a quien usted está siguiendo, sabe realmente a dónde va?
Aquellos que carecen del sentido de la vista por defectos de nacimiento, accidentes o enfermedades, son totalmente diferentes de quienes están atrapados en religión de bastón blanco, donde los ciegos guían a los ciegos. Las personas que están físicamente ciegas, desearían de todo corazón tener vista; arrojarían de inmediato el bastón blanco ante la oportunidad de ver, porque su ceguera no es por elección. Los ciegos espirituales, son una clase de gente totalmente diferente: La mayoría sí están ciegos por elección.
Muchos asisten los domingos a sus iglesias a escuchar ciegos espirituales que no saben a dónde van.
Muchos jóvenes están escuchando pura basura que les ofrecen sus artistas favoritos, que les habla de una libertad que en realidad es libertinaje y depravación.
¿A quién estás escuchando? ¿Cómo sabes que dice la verdad? ¿Conoces a Dios? ¿Él te conoce a tí?
Jesucristo nos advirtió sobre los falsos maestros, que en estos tiempos de crisis para la humanidad se manifestarán al mundo (Mateo 24, Lucas 21)
Es increíble como la gente se somete a estos "maestros" y "guías espirituales" que los manda a bañarse con tal y cual sustancia; a ponerse tal piedrita; prender tal incienso para que la mala suerte o mala vibra salga de su hogar…
Otros mandan a seguir un número determinado de pasos para obtener la bendición de Dios, pero tienes que pagar una gran suma de dinero.
 Ya se aproxima la "semana santa" donde veremos de nuevo, como cada año, personas pagando promesas, torturando su cuerpo para obtener el favor de Dios.
Amig@, ya el Redentor y testigo fiel de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, pagó el precio por nuestro perdón y para darnos la salud que necesitamos. Busca en el Biblia, que es la Palabra de Dios, todo lo que necesites saber acerca del Dios verdadero. El Dios verdadero es el que hizo los cielos y la tierra, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el único que te puede decir la verdad que iluminará tu vida, te hará libre y ya nadie te podrá engañar con sus falsa enseñanzas filosóficas y vacías.

Los 10 mandamientos de Dios

Dios le dijo  los israelitas:

"Yo soy el Dios de Israel. Yo los saqué de Egipto, donde eran esclavos.

"No tengan otros dioses aparte de mí.

"No hagan ídolos ni imagenes de nada que esté en el cielo, en la tierra

o en lo profundo del mar. No se arrodillen ante ellos ni hagan culto en

su honor. Yo soy el Dios de Israel, y soy un Dios celoso. Yo castigo a los

hijos, nietos y bisnietos de quienes me odian, pero trato con bondad  a

todos los descendientes de los que me aman y cumplen mis mandamientos.

"No usen mi Nombre sin el respeto que se merece. Si lo hacen, los castigaré.

"Recuerden que el sábado es un día especial dedicado a mí. Ese día día nadie

deberá hacer ningún tipo de trabajo: ni ustedes,  ni sus hijos, ni sus hijas, 

ni sus esclavos, ni sus esclavas, ni sus animales, ni siquiera el extranjero

que trabaje para ustedes. Yo hice en seis días el cielo, la tierra y el mar,

y todo lo que hay en ellos. Pero el séptimo día descansé. Por eso bendije

ese día y lo declaré un día especial.

"Respeten a su padre y a su madre. Así podrán vivir muchos años en la

tierra que les voy a dar.

"No maten.

"No sean infieles en sus matrimonios.

"No roben.

"No hablen mal de otra persona ni digan mentira en su contra.

"No se dejen dominar por el deseo de tener lo que otros tienen, ya sea

su esposa, su sirviente, su sirvienta, su buey, su burro, o cualquiera  de

sus pertenencias". (Exodo 20: 1-17 Traducción lenguaje actual).

 

Dios mismo escribió los diez mandamientos señalados aquí, en dos tablas de piedra

y se las dio a Moisés y al pueblo de Israel. Guardar los mandamientos proporcionaba

una manera de que Israel respondiera debidamente a Dios en gratitud por haberlos

sacado de la esclavitud; al mismo tiempo se requería tal obediencia a fin de permanecer

en la tierra prometida.

Los diez mandamientos resumen la ley moral de Dios para su pueblo y describen sus

obligaciones hacia Dios y hacia los demás. 

Ante esta ley de Dios ningún ser humano puede permanecer en pie ante Él. 

Nadie la puede cumplir en su totalidad.

Por eso necesitamos de Aquel que sí la pudo cumplir, que tomó nuestro lugar y pagó el

precio de nuestra desobediencia con su muerte en una cruz.

Jesucristo es hoy el único camino al Padre celestial, el único camino a ese lugar de eterno

descanso que todos anhelamos.

Jesucristo vino a liberar a los cautivos (del pecado: del odio, del rencor, de falta de

perdón, egoísmo, pleitos, envidias, borracheras, mentiras, hechicerías, etc., etc.,…).

Sólo Jesucristo nos puede dar vida, y vida en abundancia: la vida eterna.

Humillación y grandeza

Humillación y grandeza de Jesucristo
 
Tengan ustedes la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo,el cual:
Aunque era Dios hecho hombre, no se apovechó de eso sino que por
el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo,
y haciendodose semejante a los seres humanos.
 
Al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente
hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
 
Por eso Dios Padre lo exaltó hasta lo máximo y le otorgó el Nombre que
está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesucristo se doble
toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de
Dios Padre.(Filipenses 2: 5-11)
 
¡Ese día se aproxima…!  Jesucristo viene a gobernar su mundo creado
por él, ya te pusiste en paz con él?