Espejismo de independencia

¿Conocemos el porqué del malestar interior de cada ser humano? ¿La
razón por la cual existe el egoísmo, la soberbia, la violencia y toda
clase de maldades?


La Biblia contesta estas preguntas en sus
primeras páginas; allí cuenta los comienzos de la historia moral de la
humanidad. Tristemente, un hecho domina esta historia: la caída, dicho
de otro modo, la desobediencia inicial del hombre. Este perdió su
relación con el Creador y desde entonces, anda lejos de Él.


Ese
ser desvió la finalidad de la vida. Olvidó que su privilegio más grande
era vivir en confianza con Dios. En lugar de esto, se dejó seducir por
el espejismo de la independencia e hizo del placer su principal objeto,
burlando la justicia con frecuencia para satisfacer sus inmediatos y
egoísta deseos.


Por otra parte, se formó una idea falsa de Dios,
al imaginárselo como su enemigo. Sin cesar, huye de él, creyendo que
así puede librarse de las consecuencias de su rebeldía.


Recordar
esa decadencia moral, ¿es ser pesimista? En absoluto; es ser realista y
querer curar el mal desde la raíz. Volverse a Dios implica estar
conciente de su propia culpabilidad ante él. Sólo así se puede
comprender su plan de amor. Dios, antes de la caída del hombre, había
destinado a su amado Hijo para que fuera "el cordero de Dios" que quita
el pecado del mundo (Juan 1:6; 1 Pedro 1: 19-20).
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