Aprender

Hay cosas en esta vida

que parecen tan difíciles

y nos aflige pensar

cómo poder salir

Pero no importa  el momento

En todo tiempo dependo de Tu amor

Contigo es diferente

 

Aperentamos ser fuerte

Cuando somos tan frágiles

Cómo intentar sonreir

Si hay ganas de llorar

Pero no importa el momento

En todo tiempo dependo de Tu paz

Contigo es más fácil

 

Aprender a creer en Tí

Aprender a quererte más

No importa lo que pase,

Amigo de mi alma,

me muero si no estás

 

Puedo animarme a decir

que no hay nada imposible,

que se apaciguan las aguas

cuando puedo confiar y saber

que no importa el momento

En todo tiempo dependo de Tu paz

Contigo es más fácil

 

Aprender a creer en Tí

Aprender a quererte más

No importa lo que pase

Amigo de mi alma,

me muero si no estás

 

En toda dificultad

yo puedo entender

que no hay nada imposible,

que todo es para bien,

que logro vencer

si puedo confiar

 

Aprender a creer en Tí

Aprender a quererte más

No importa lo que pase,

Amigo de mi alma,

me muero si no estás

 

Aprender a creer

Aprender a confiar

/No importa lo que pase,

Amigo de mi alma,

me muero si no estás/

 

Aprender-Puerto Seguro-Viento recio

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La Vendedora de mangos

Erase una vez un príncipe de la India que se sentía terriblemente solo. En búsqueda de una esposa había viajado desde el extremo norte hasta el extremo sur del país. Pero, aunque había conocido a muchas mujeres ricas y bellas, que hubieran accedido más que gustosas a casarse con él, siempre regresaba solo a su palacio.

Sus cortesanos no se lo explicaban.

_ Pero, alteza _ decían_, os han presentado a las mujeres más ricas y bellas de la India. ¿Cómo es que todavía no os habéis decidido?

_ La respuesta es bien sencilla _ contestaba el príncipe con tristeza_ No he encontrado todavía a una mujer de quien pueda enamorarme.

Cada mañana el príncipe se sentaba junto a una ventana que daba a la plaza del mercado. De vez en cuando se sonreía al ver los saltos de unos acróbatas o malabaristas, pero por lo general se sentía abatido, escuchando a comerciantes y compradores regateando.

De pronto, un buen día, oyó una voz que sonaba dulce y claramente por encima de las demás:

_¡Mangos, mangos frescos! ¿Quién compra mis hermosos y maduros mangos?

El príncipe, preso de una gran atracción, se asomó a la ventana y vio a una muchacha que portaba una cesta de mangos sobre su cabeza. Parecía muy pobre y vestía ropas harapientas, pero una sonrisa iluminó el rostro del príncipe mientras observaba sus andares airosos a través de la muchedumbre.

_ ¡Qué bella es! _ suspiró. Aunque anda con la cabeza erguida, su mirada es humilde. Quiero conocerla cuanto antes.

Ordenó a un cortesano que fuera a buscarla y la trajera al palacio.

_ ¿Cómo te llamas? _ preguntó el príncipe afanosamente.

La muchacha se sentía tan cohibida ante el príncipe, que no se atrevía a mirarle y se quedó con la vista clavada en el suelo.

_Rashida _ respondió con un murmullo.

_ Por favor, deja que vea tus ojos, Rashida. Han hecho que me enamorara de ti nada más verte. Tus ojos me decían que tu belleza no te ha hecho orgullosa. Eres la mujer que andaba buscando. Me sentiré muy desgraciado si no accedes a casarte conmigo.

_ Accederé encantada _ contestó Rashida, y el príncipe mandó que efectuaran inmediatamente los preparativos para una boda fastuosa.

_ Pero, alteza _ dijeron los cortesanos_ no es posible que queráis casaros con una vulgar vendedora de mangos.

El príncipe se negaba a prestarles atención, y a los pocos días se convirtió en un hombre casado.

Al principio la pareja era muy dichosa. Mas luego, a medida que pasaron los meses, Rashida empezó a cambiar. Cuando el príncipe le decía lo bella que era y lo mucho que la amaba, ella se encogía de hombros y respondía irritada:

_ Ya lo sé, ya lo sé. Me repites lo mismo desde que nos casamos.

En efecto, jamás, jamás sonreía.

Pasaron los años y Rashida se convirtió en una mujer a quien el príncipe apenas reconocía. Seguía siendo hermosa, pero se había vuelto orgullosa y altanera. Pretendía que cada día la colmaran de alabanzas y que sus órdenes fueran cumplidas de inmediato. Se mostraba fría y antipática con todo el mundo, incluyendo su marido.

Ansioso por verla sonreir de nuevo, el príncipe decidió celebrar su tercer aniversario ofreciendo un gran banquete.

En el momento de los postres, tomó un mango de una bandeja de fruta y se lo ofreció a Rashida. Ella lo miró completamente atónita.

_ No esperarás que me coma eso, ¿verdad?

El príncipe la miró furioso.

_ ¡Rashida! Has olvidado que una vez te sentiste satisfecha de vender mangos en el mercado. Quizá sería conveniente que volvieras a vender mangos y recobrarás el candor humilde de tus ojos.

_ Si ya no me amas, no permaneceré en tu palacio ni un instante más _ contestó Rashida orgullosamente_. No volverás a verme nunca más.

Y sin añadir otra palabra, salió de la habitación.

En las semanas que siguieron el príncipe se esforzó por mantenerse ocupado y no pensar en Rashida. Más era inútil. No podía olvidar el momento en que la había visto por primera vez y se había enamorado de ella.

Un día paseaba a caballo por el mercado de una ciudad lejana de su palacio, cuando oyó una voz melodiosa:

_ ¡Mangos, mangos frescos! ¿Quién compra mis hermosos y maduros mangos?

Al instante reconoció aquella dulce voz, y se volvió para ver a Rashida caminando por entre la gente con una cesta de mango sobre la cabeza. Aunque parecía pobre y desgraciada, estaba tan bella como de costumbre. El príncipe saltó de su caballo y corrió tras ella.

_¡Rashida¡ _ la llamó. Cómo lamento el día en que te marchaste de mi palacio. ¿Regresarás conmigo?

Rashida bajó los ojos, avergonzada.

_ ¿Podrías perdonarme por ser tan orgullosa? _ preguntó.

_Ya te he perdonado _contestó el príncipe suavemente.

_ Entonces iré gustosa contigo.

Sonriendo, Rashida tomó la mano del príncipe. Ya nunca más volvió a perder la sonrisa y la sencillez. Y los dos príncipes fueron felices el resto de sus días.

 

Cuenta cuentos. Salvat. 16

Una luz pequeña dispersa las tinieblas….

Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres. Efesios 6:7

Las pequeñas negaciones de uno mismo, los pequeños actos de honradez, las breves palabras de condolencia dichas al pasar, los pequeños actos anónimos de bondad, las pequeñas victorias obtenidas en lucha secreta contra las tentaciones favoritas, son las silenciosas hebras de oro que tejidas juntas dan un brillo esplendoroso en el modelo de la vida  que Dios aprueba._ F. W. Farrar

Sólo era una pequeña luz la que ella llevaba cuando se paró en la puerta abierta. Una pequeña luz, una débil chispa, sin embargo brilló a través de las tinieblas con su rayo de alegría, y resplandeció en la distancia con tanto brillo como el de la estrella polar.

Una luz pequeña dispersa las tinieblas que se juntan en la pieza sombría donde la necesidad y la enfermedad encuentra su víctima. Allí la noche parece más larga que el día, mientras el corazón cargado de problemas lucha con desesperación por ver un rayo de esperanza. Puede ser poco lo que podemos hacer por otros, es cierto. Pero es mejor una pequeña chispa de bondad cuando el sendero está oscuro, que el que una persona pierda el camino al cielo por falta de la luz que nosotros podríamos darle._ Anónimo

Demos gracias por el privilegio que hemos recibido en este mundo de reedificar nuestros altares y consagrar a Dios nuestra vida. Aún cuando tengamos que lamentar la pobreza y mezquindad de nuestras oportunidades presentes comparadas con los privilegios desperdiciados en el pasado, derramemos nuestro corazón en alabanzas porque nuestro castigo fue sólo un momento, y se nos concede un nuevo comienzo. _ W. C. Holway

“Este es un mundo que renquea”, dijo Lucrarión Grapp; “pero hay personas que han pasado por sobre su cojera sin darse cuenta, cuando lo hicieron”.

Manantiales en el desierto. ll Tomo. 1 de Diciembre