Nuestro problema

Ciertamente que nada nos ofende en forma más ruda que esta doctrina (de pecado original) y sin embargo, sin este misterio, el más incomprensible de todos, somos incomprensibles a nosotros mismos. Blas Pascal

 

El elemento primero y más fundamental de toda visión del mundo es la forma en que responde las preguntas de orígenes _de dónde vino el universo y cómo comenzó la vida humana. El segundo elemento la forma en que explica el dilema humano. ¿Por qué hay guerra y sufrimiento, enfermadades y muerte? Estas preguntas son particularmente apremiantes para la visión cristiana del mundo, porque si creemos que el universo vino de la mano de un Dios sabio y bueno, ¿cómo explicamos la presencia del mal? O a fin de parafrasear el título del best-seller del rabí Kushner, ¿por qué a la gente buena les pasan cosas malas? Si Dios es todo amor y es todopoderoso, ¿por qué no usa su poder para detener el sufrimiento y la injusticia?

No hay pregunta que presente una piedra de tropiezo más grande para la fe cristiana, y no hay pregunta más difícil para que respondan los cristianos.

Sin embargo, la visión bíblica del mundo tiene una respuesta, y explica la experiencia humana universal mejor que cualquier otro sistema de fe. La Escritura enseña que Dios creó el universo y nos creó a su imagen, nos creó para que seamos santos y vivamos de acuerdo a sus mandamientos. Pero Dios nos amó tanto que nos impartió la dignidad singular de ser agentes morales libres _criaturas con la capacidad de tomar decisiones, de elegir entre lo bueno y lo malo. Para proporcionar un escenario en el cual poner en ejercicio esa libertad, Dios puso una restricción moral en nuestros primeros ancestros: les prohibió comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Los seres humanos originales, Adán y Eva, pusieron en ejercicio su libre albedrío y eligieron hacer lo que Dios les ordenó que no hicieran. Así rechazaron el camino divino de la vida y lo bueno, haciendo que el mundo quedara abierto a la muerte y a la maldad. El término teológico para esta catástrofe es la caída.

En resumen, la Biblia ubica la responsabilidad por el pecado (que abrió las compuertas a la maldad) directamente sobre la raza humana _comenzando con Adán y Eva, pero continuando en las elecciones morales que hacemos nosotros. En esa decisión original de desobedecer a Dios, la naturaleza humana se desfiguró en el aspecto moral, y se torció de tal manera que desde ese momento en adelante la humanidad ha tenido una inclinación natural para hacer el mal. Este es el fundamento de la doctrina que los teólogos llaman pecado original, y afecta a la humanidad incluso hasta hoy. Y como a los seres humanos les fue dado dominio sobre la naturaleza, la caída tuvo también consecuencias cósmicas cuando la naturaleza comenzó a producir “cardos y espinas”, y se convirtió en una fuente de trabajo duro, dificultades y sufrimiento. En las palabras del teólogo Edward Oakes, “nacemos en un mundo donde la rebelión contra Dios ya ha tenido lugar, y su impulso nos lleva consigo”.

El problema con esta respuesta no es que la gente no le resulta clara sino que no le agrada. Nos implica a cada uno de nosotros en el estado quebrantado en que se encuentra la creación. Pero así como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre y al final implicó a toda la humanidad, del mismo modo la redención ha venido a todos por medio de un hombre (Rom. 5:12-21). La justicia se halla disponible para todos a través de la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo.

La perspectiva bíblica del pecado puede parecer dura, hasta degradante para la dignidad humana. Por eso en los tiempos modernos muchos pensadores influyentes han desechado la idea de pecado diciendo que es represiva y no iluminada. En su lugar ellos ha propuesto una perspectiva utópica que afirma que los seres humanos son intrínsecamente buenos y que, en las condiciones sociales correctas, habrá de emerger su naturaleza buena. Esta idea utópica tiene sus raíces en el Siglo de las Luces, cuando los intelectuales de occidente rechazaron la enseñanza bíblica de la creación y la reemplazaron con la teoría de que la naturaleza nos creó _que la raza humana surgió del barro primitivo y se ha elevado a la cumbre de la evolución. La doctrina bíblica del pecado fue dejada a un costado como remanente de lo que los filósofos de la Ilustración con tanto desden llamaban el Oscurantismo, del cual su propia era había emergido de manera tan triunfante. La gente ya no iba a vivir bajo la sombra de la culpa y el juicio moral; ya no estaría oprimida y restringida por reglas morales impuesta por una deidad arbitraria y tiránica.

Pero si el origen del desorden y el sufrimiento no es el pecado, ¿de dónde vienen los problemas? Los pensadores del Siglo de la Luces pensaban que tenían que ser el producto del ambiente: ignorancia, pobreza u otras condiciones sociales indeseables; creían que lo único que se necesita para crear una sociedad ideal es crear un ambiente mejor: mejorar la educación, realzar las condiciones económicas y volver a diseñar las estructuras sociales. Dadas las condiciones adecuadas, la perfectibilidad humana no tiene límites. Y es así como nació el impulso utópico moderno.

Sin embargo, ¿cuál de estas visiones del mundo _la bíblica o la utópica moderna_ se conforman a la prueba de la realidad? ¿Cuál es la que se ajusta al mundo y a la naturaleza humana según nuestra experiencia presente?

No podemos decir que la noción bíblica del pecado no sea realista, con su franco reconocimiento de la disposición humana a decisiones morales incorrectas y a infligir daño y sufrimiento a otros. No podemos decir eso cuando consideramos la historia. Una vez a alguien se le ocurrió decir que la doctrina del pecado original era la única filosofía convalidada empíricamente por 35 siglos de historia humana.

En contraste, la visión “iluminada” del mundo ha mostrado ser totalmente irracional e imposible de vivir. La negación de nuestra naturaleza pecaminosa y el mito utópico que engendra no lleva a experimentos sociales beneficiosos sino que lleva a tiranía. La confianza de que los seres humanos son perfectibles proporciona una justificación para tratar de hacerlos perfectos… no importa lo que cueste. Y con Dios fuera de escena, los que ostentan el poder no son responsables a ninguna autoridad superior. Pueden usar todos los medios necesarios, sin importar lo brutales o coercitivos que sean, para volver a moldear a las personas a fin de que se ajusten a la noción que tienen ellos de la sociedad perfecta.

El triunfo de la visión del mundo de acuerdo a la Ilustración, con su cambio fundamental en presuposiciones sobre la naturaleza humana, fue de muchas maneras el evento definitorio del siglo XX, lo cual explica por qué la historia de esta era está tan trágicamente escrita con sangre. Como William Buckley tajantemente observa: El utopismo “inevitablemente… produce la muerte de la libertad”

 

Sacado del Libro: Y AHORA… ¿CÓMO VIVIREMOS? de CHARLES COLSON. Cap. 5. Nuestro problema.

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