Jesucristo es el Señor

A ustedes se les dio no sólo el privilegio

de confiar en Cristo sino también el privilegio

de sufrir por él.

¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo?

¿Existe algún consuelo en su amor?

¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu?

¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo?

Entonces, háganme verdaderamente feliz

poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes,

amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo

pensamiento y un mismo propósito.

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie.

Sean humildes, es decir, considerando a los demás

como mejores que ustedes.

No se ocupen sólo de sus propios intereses,

sino también procuren interesarse en los demás.

Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.

Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios

fuera algo a lo cual aferrarse.

En cambio, renunció a sus privilegios divinos;

adoptó la humilde posición de un esclavo

y nació como un ser humano.

Cuando apareció en forma de hombre,

se humilló a sí mismo en obediencia a Dios

y murió en una cruz como morían los criminales.

Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor

y le dio el nombre que está por encima

de todos los demás nombres para que,

ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla

en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,

y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor

para gloria de Dios Padre.

Queridos amigos, siempre siguieron mis instrucciones

cuando estaba con ustedes; ahora que estoy lejos,

es aún más importante que lo hagan.

Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación

obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor.

Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder

para que hagan lo que a él le agrada.

Hagan todo sin quejarse y sin discutir, para que nadie

pueda criticarlos. Lleven una vida limpia e inocente

como corresponde a hijos de Dios y brillen como luces radiantes

en un mundo lleno de gente perversa y corrupta.

Aférrense a la palabra de vida; entonces,

el día que Cristo vuelva, me sentiré orgulloso de no haber corrido

la carrera en vano y de que mi trabajo no fue inútil.

Sin embargo, me alegraré aún si tengo que perder la vida

derramándola como ofrenda líquida a Dios,

así como el fiel servicio de ustedes también es una ofrenda a Dios.

Y quiero que todos ustedes participen de esta alegría.

Filipenses 1:29; 2:1-17 NTV

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