“Cada uno de fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos”

Juan 7:53 RV60

 

La vida de Jesús, aquí en la tierra, siempre estaba en constante

peligro, por la misión encomendada. No era fácil el enemigo al cual

debía derrotar, ya que tenía muchas artimañas para engañar y

mantener en cautividad a todos los seres humanos. El más grande

de los engaños es el autoengaño. Ese creer que se pueden lograr

las cosas que queremos haciendo trampas, usando la manipulación

de los sentimientos de los demás, la victimización y la soberbia.

Jesús conocía muy bien la condición del corazón de los seres

humanos y no se dejaba engañar por ellos. El sabía que no importaba

cuanto le juraran fidelidad, cuando estuvieran en aprieto, dirían todo

lo contrario.

Este capítulo bíblico comienza mencionando la incredulidad de sus

mismos hermanos que le dicen: “Sal de aquí, y vete a Judea, para

que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque

ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas

cosas haces, manifiéstate el mundo. Porque ni aún sus hermanos

creían en él. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado,

mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo

aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece porque yo testifico

de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo

todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado. Y habiendo

dicho esto, se quedó en Galilea”

En esta primera confrontación mencionada en este capítulo, Jesús

enfatiza el valor del tiempo en el cumplimiento de su ministerio aquí

en la tierra. El no vino a hacer su propia voluntad sino la de su Padre

Celestial. Esa decisión había sido tomada con anterioridad. Fue su

decisión y él se sujetaba a su propia palabra. Siempre será más grande

aquello que está detrás de nuestras decisiones. Al tomarlas traen

consecuencias, para bien o para mal.

“Mi tiempo no ha llegado” nos deja ver que su vida estaba totalmente

planeada paso por paso.

Mas adelante, en el mismo capítulo, él se enfrenta a los fariseos, a los

alguaciles del templo, le habla al pueblo, y encontramos frases como:

 

 

“Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera

hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si

yo hablo por mi propia cuenta. El que habla de su propia cuenta,

su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le

envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia”

 

 

“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”

 

 

“A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mi

mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no

conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió”

 

“Procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque no había

llegado su hora”

 

 

“Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al

que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré ,

vosotros no podéis venir”

 

 

“El último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz,

diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí,

como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”

 

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él;

pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había

sido aún glorificado”

 

“Hubo disensión entre la gente a causa de él”

 

“Algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano”

 

“Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado

como este!”

 

“Los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido

engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes,

o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es”

 

“Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de

ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye,

y sabe lo que ha hecho?”

 

No fue fácil para Jesús ese día en especial, y son tantas las

enseñanzas que percibimos de su intercambio de palabras con

diferentes personas, que tenían diferentes entereses que los

motivaban a actuar. Jesús estaba centrado en su misión. Él sabía a

qué había venido y a quién debía dar cuenta.

 

La clave para tener esa vida centrada en su propósito está en ese

verso: “Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los

Olivos”

Se fue a ese lugar donde podía comunicarse con su Padre Celestial,

Aquel que le había encomendado la misión en la tierra, Aquel que lo

fortalecía. No hay mayor fortaleza espiritual en esta tierra que estar

con los que amamos, y nadie nos ama más que Dios. La Biblia lo

describe como el amor en persona: “Dios es amor” (1 Juan 4:8,16)

Y Dios es Omnipresente, no hay fortaleza, no hay lugar que le sea

prohibido, no hay ley ni cartel que diga: Aquí no entra Dios, que

le pueda impedir entrar. Dios todo lo llena, “en él vivimos, nos

movemos y somos” Por el espíritu de engaño y mentira que gobierna

este mundo, muchas personas están atrapadas y desesperadas

pensando que no haya salida para su situación, mi consejo es que

haga lo que hizo Jesús: dirije tu clamor al cielo, busca su dirección,

para que sepas cuál es el propósito de Dios para tí en particular.

Un día darás cuenta a tu Creador y es muy triste si pasas tu vida

sólo haciendo lo que otros te dicen, sin entender lo que haces y por

qué lo haces. Jesús mismo decía a los que creían en él: permanezcan

en mi palabra, y serán de verdad mis discípulos, y conoceréis la verdad

y la verdad los hará libres. El día a día de Jesús siempre fue victorioso

por su dependencia total de Padre Celestial. Hasta su momento de morir

estaba totalmente planificado en día, tiempo y hora.

Para nosotros todo eso es historia y lo podemos leer cuando querramos

en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, esos cuatro Evangelios que fueron

escrito para nosotros; pero él lo vivió una vez, y su vida es un buen ejemplo

para todos nosotros.

¡Dios te bendiga y te guarde!

@emldg

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