Sólo era una máscara…

Acabo de terminar de leer el libro EL CANDOR DEL PADRE BROWN de G. K. Chesterton. Encontré varias frases conocidas de él; y eso me encanta: saber de qué libro proceden.

Uno de los casos que me llamó la atención fue el titulado: Los tres instrumentos de la muerte. Se trata de un hombre que vivía de una manera en su casa, y otra muy diferente con las personas de fuera y varios se culparon de su muerte.

Se pueden encontrar frases como:

* “Había algo de incongruente y absurdo en la idea de que una figura tan agradable y popular tuviera la menor relación con la violencia secreta del asesinato”

* “Aquel era el más seriamente alegre de todos los hijos de los hombre”

* “Royce era un irlandés de nacimiento, y pertenecía a esa casta de católicos accidentales que sólo se acuerdan de su religión en los malos trances”

* “El era muy alegre. Pero, ¿comunicó a los demás su alegría? Francamente, había en esa casa alguna persona alegre, fuera de él?

* ” … aquella casa era deprimente”

* “No es seguro que la alegría de Armstrong haya sido alegre… para los demás”

* “_A usted le parece que la alegría de uno es desagradable a los demás?

* ” _A la gente le agrada la risa frecuente; pero no creo que le agrade la sonrisa perenne. La alegría sin humorismo es cosa muy cansada”

* “La vida privada es más importante que la reputación pública”

* “_Y su Religión de la Alegría…!”

* “_Es una religión muy cruel _dijo el sacerdote mirando por la ventana. ¡Que no haya podido él llorar un poco, como antes habían llorado sus padres! Sus planos mentales se endurecieron, sus opiniones se volvieron cada vez más frías. Bajo la alegre máscara se escondía el espíritu hueco de un ateo. Finalmente para conservar ante el público su alegría profesional, volvió a la embriaguez, que había abandonado hacía tanto tiempo. Pero las bebidas alcohólicas son terribles para un abstemio sincero, porque le producen  visiones de ese infierno psicológico contra el cual trata de poner en guardia a los demás. Pronto el pobre Mr. Armstrong se encontró hundido en ese infierno…”

 

Este relato me hizo recordar la historia de muchos, incluyendo la nuestra. Muchas veces se recurre a una máscara de alegría, de bondad, de justicia, de paz, de amor, de mansedumbre, etc. Cuando lo que le queremos gritar al mundo es que somos todo lo contrario de lo que aparentamos, pero tememos al rechazo y la exclusión. Lo que el ser humano más teme es quedarse solo y abandonado. por eso hace cualquier cosa que le pidan para pertenecer a cualquier grupo que le ponga alguna condiciones para ser aceptado y reconocido como parte de esa familia.

Hay muchos lobos disfrazados de oveja buscando a quién engañar para luego esclavizar, pero hay otros que se disfrazan para que no vean sus debilidades y se burlen o rechacen. Tanto unos como otros se hacen daño y le hacen daño a los demás.

El momento de la muerte de una persona dice mucho de cómo fue su vida. Ese es el pase de factura de la vida. Algunos mueren tranquilos porque hicieron las pases con su Creador, otro se niegan hasta el último momento a entregar el espíritu que Dios le otorgó para que viviera un poco de tiempo en la tierra y ejercitaran su libre albedrío. Por tanto, no es lógico que una persona que ha sido alegre, amorosa, generosa con todo el mundo tenga una muerte brusca. Solamente las personas más allegadas conocen en realidad cómo es una persona. Muchas veces por vergüenza de que se sepa cómo es en realidad, le tapan todo y lo arreglan todo, pero eso es un gran desgaste emocional y espiritual que los hace sufrir a solas y muchas  veces, a falta de Dios, recurren a los vicios para ocultar su padecer.

Una de las cosas que hace Dios, cuando clamamos a él, es enfrentarnos con nosotros mismos, sin caretas, sin máscaras, sin excusas. Al darnos cuenta de la verdad una de las cosas que hacemos es llorar como un niño, porque así nos sentimos. Pero hemos encontrado a ese Padre, el Padre Celestial, que tanto habíamos estado buscando tanto hombres como mujeres. Hasta que uno no tiene un encuentro con la Verdad, seguiremos cambiando de máscaras, y cada vez se harán más y más costoso mantenerlas. La vida se nos va en ello. Pero Dios está muy interesado en que vayamos a él, voluntariamente, para liberarnos de esa pesada carga de vivir de apariencias, de no ser nosotros mismos en nuestros hogares primeramente, y luego con los de afuera. Un encuentro personal con Dios, a través de su Hijo Jesucristo, hace que se caiga toda máscara porque descubrimos lo valioso que somos para Dios, y que tenemos un propósito de vida. Cuando vengan los problemas, porque van a venir, sabemos a Quién recurrir por ayuda y socorro, y la recibiremos, como sucedió aquel día que Él se nos reveló. Nos ayuda bastante recordar las misericordias con las cuales Dios nos ha socorrido anteriormente. “De las misericordias de Jehová haré memoria…” (Isaías 63:7) “Tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor perpetuo es tu Nombre” (Isaías 63:16) Estos dos versos bíblicos hablan del clamor de pueblo de Israel cuando fueron llevados cautivos a Babilonia. Estaban totalmente desamparados de todo y de todos, pero aún así, ellos sabían que por lo menos Dios si los ayudaría, a pesar de ellos haberse volacado a los ídolos y darle la espalda. Otro salmo dice: “Aunque mi papá y mi mamá me abandonen, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10)

El personaje de esta historia usaba la máscara de la alegría, otros usan la generosidad para con los de afuera y en su casa se padece necesidad porque no han sido incluidos en el proyecto de vida de esa persona. Lo más duro es cuando esa persona es un “representante de Dios”. Ellos salen al llamado de cualquiera allá afuera, pero si su hijo les pide que lo vaya a buscar en el carro porque hay algún problema en el transporte, no lo hacen. Tiene para ayudar a cualquiera allá afuera, pero dentro de su casa se pasa hambre y necesidades. Al final ese joven o esa jovencita le echa la culpa a Dios, y ha sido su padre o su madre quien no ha sido buen/a administrador/a de los bienes que Dios le dio.

También podemos ver que algunas personas viven como si Dios no existiera, pero cuando pasan por problemas difíciles es que le piden ayuda; la reciben, y luego se vuelven a olvidar de Dios. Esto ocurre muchas veces en hogares donde desde pequeños los niños están oyendo acerca de Dios. Al crecer no se sienten comprometidos con Dios, sino que piensan “ese es el Dios de mis padres” Y se levantan generaciones que no conocen a Dios personalmente, y recurren a los ídolos que se adoran alrededor.

Toda religión es cruel cuando sólo se compone de rituales que se tienen que hacer para mantener calmado a un dios que lanzará castigos sobre aquellos que no le obedecen.

El Dios de la Biblia es un Dios de amor, aunque muchas veces lo vemos enojado por la conducta depravada de su pueblo.

A mí me gusta hablarle a las personas con ejemplos de la vida misma. Porque a nosotros nos gusta separar las cosas y olvidamos que somos un todo espiritual, emocional y físicamente. Si algo ocurre en uno de esos campos afectará a los otros.

Un ejemplo sería preguntarle a una persona cómo se siente él o ella si descubre que alguien que decía amarle y lo trataba con cariño sólo para sacar provecho de ella? Es espantoso descubrir que eso que le decía a ella se lo decía también a otras personas, que sacó provecho de todas, y de eso vivía. Así le hacemos a Dios cuando rendimos culto y honor a la criatura en vez de a Dios. Y lo peor que Dios ve en esta práctica y conducta es que terminan adorando demonios que le piden a la gente sacrificios hasta de sus propios hijos, cosas que el Dios vivo, santo y verdadero aborrece.

Otros sienten odio hacia Dios porque no lo han podido convertir en su Genio personal que le concede todos sus deseos. Si uno le pregunta a uno que se ha declarado ateo, por qué no cree en Dios, le dirá que él le pidió con todo su corazón a Dios que un ser querido no muriera, y siempre se murió. Se nos olvida que Dios nos dio esta vida terrenal por un poco de tiempo, para realizar ciertas actividades con los dones y las fuerzas que el mismo Dios nos da y debemos partir de este mundo. No vivimos para siempre en este cuerpo porque nosotros mismos decidimos morir: la paga del pecado es muerte. Jesucristo fue el que le dijo a la muerte: Muerte, Yo seré tu Muerte! El resucitó y está sentado a la diestra de Dios Padre intercediendo por cada uno de los que han puesto su confianza para vida eterna en él. Cuando uno no tiene comunión personal con este Fiel Amigo, la depresión, la tribulación, la persecución, el hambre, la desnudez o cualquier otro peligro nos hace tomar muy malas decisiones. Nuestro Señor está interesado en guiarnos paso a paso hacia nuestra libertad. Y después de ser zarandeados como a trigo, después de ser probados, atribulados, nos volvemos a levantar para seguir llevando las Buenas Nuevas de salvación a todo aquel que encontremos en nuestro camino, con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo a quien sea la gloria y el honor por siempre. Amén.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: