El rastro de su sombra

Es muy probable que te acuerdes de aquellas personas que han tenido un impacto especial en tu vida. Justo en el momento oportuno pudiste haber recibido consejo de un profesor del colegio, o posiblemente un amigo cristiano te apoyó durante uns época de sufrimiento particularmente difícil. En mi caso personal, fueron mis padres; gracias a sus oraciones Dios mantuvo mi vida sobre los rieles.
Una caricia amorosa, la motivación de los amigos, o compartir el Evangelio, son formas mediante las cuales dejamos huella en la arena de la vida. Tales servicios son registrados, y Cristo nos asegura que aun un vaso de agua fría dado en su nombre no pasará desapercibido.

Cuando el Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés un puñado de hombres y mujeres ejerció un profundo efecto sobre su generación; impacto que se prolonga hasta hoy. Nos motiva el hecho de que tuvieron que asumir un costo personal muy alto, debido a que se pararon firmes por Cristo. Dios les dio la habilidad de hablar en idiomas que ellos nunca habían escuchado, y hubo sanidades que confirmaron su poder y autoridad.
Pedro tenía tal don para hacer milagros que, …sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre algunos de ellos (Hechos 5:15). Aunque no se afirma explícitamente, es razonable presumir que cuando la sombra de Pedro caía sobre las personas éstas eran sanadas. Dios estaba con Pedro de una forma evidente y poderosa.

Para bien o para mal, todos nosotros, mientras caminamos por los senderos de la vida, tenemos una sombra. Todos dejamos el mundo un poco mejor, o un poco peor. Nada de lo que tocamos permanece igual. Veamos tres cuadros en la vida de Pedro con los cuales su “sombra”, su influencia afectó las vidas de otros.

La sombra de un toque sanador

En Hechos 3, leemos acerca de un hombre paralítico desde su nacimiento, a quien todos los días ponían a la puerta del templo para que mendigara de los adoradores que allí entraban. Aunque aquel hombre estaba al lado de puerta del magnífico templo, su estado era lamentable. Algunos amigos lo habían ubicado allí para que pudiera mendigar, y en cuanto a lo que tenía que ver con él, estaba condenado a una vida de continua miseria. Cuando Pedro y Juan entraban, el inválido los miró esperando recibir una limosna. Sin embargo, Pedro vio más allá de su necesidad física, y con el ojo de la fe observó que Cristo, el Príncipe de la vida estaba cerca de él. Ahí en la calle estaba la debilidad, pero en el Señor estaba el poder de la vida. En medio de la desesperación, hubo esperanza.

Este mendigo inválido era un vivo cuadro de la nación de Israel. Inválida, cargada de pecado, e impotente, Israel acababa de rechazar al Príncipe de la vida. La nación había resistido a Aquel que podía sanar lo más íntimo de su alma. Si la gente sólo hubiera aceptado el toque sanador de Cristo.

Pedro, mirando la incapacidad del hombre, sintió compasión. No tenía dinero, pero sí algo mucho mejor. Más importante que la plata y el oro, ¡era robustecer la fortaleza de este hombre desmotivado!

Entonces Pedro le dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda. Y tomándole de la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos… (Hechos 3:6-7). ¡Él comenzó a caminar! El poder del Cristo resucitado se había conectado con la débil forma de un inválido. …y saltando, se puso en pie y anduvo, alabando a Dios (Hechos 3:8). No es necesario decir que esto causó gran sensación en el templo, y que quienes tenían un corazón dispuesto para el Señor, se regocijaron.

F. B. Meyer dce que hay cuatro tipos de personas en el mundo: (1) Aquellos que no tienen nada que dar; ni plata ni oro, ninguna bendición, motivación, o utilidad, y pasan por la vida sin ayudar a nadie. Simplemente se refugian en su pequeño mundo. (2) Aquellos que tiene plata y oro, pero no tienen un espíritu poderoso. Se trata de las personas que generalmente mantienen la plata y el oro para sí mismos, y no comparten. Estos son los pobres del universo. (3) Aquellos que como Pedro, no tienen plata ni oro, pero están llenos de fe, visión, motivación y un toque sanador. Estos son ricos delante de Dios. (4) Aquellos que ofrecen oro y plata, además de las riquezas espirituales. Estos también son ricos para con Dios.

Se dice que Tomás de Aquino fue a visitar al Papa en Roma, mientras observaban los tesoros de Vaticano, el pontífice le dijo: “No podemos decir como Pedro, el primer papa: `No tengo plata ni oro`. A lo cual Aquino replicó: “Si, pero tampoco puedes decir: `…en nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda`”

La riqueza no es la norma de valor. La pobreza de Cristo es un poderoso recuerdo de que uno no necesita poseer abundantes bienes de este mundo para ser rico delante de Dios. Cristo enseñó que es difícil para el rico, si no imposible, entrar en el reino de los cielos.

Cristo no espera que entreguemos lo que no tenemos. La mayoría de nosotros no tiene el don de sanidad, pero sí algo que es igualmente precioso, y aún más importante. Podemos entregar el regalo de la oración, el de un oído atento, el de la hospitalidad, o el de la compasión. Y más importante aún, podemos ofrecerle a otros el regalo de la vida eterna (en Cristo).

Mas significativo que el estado físico de este hombre, era el hecho de que, casi con seguridad, llegó a tener fe en Jesucristo. La sanidad física era solo una gota en el océano, comparada con la vida eterna que él recibió a través de la fe. Con gozo entró al templo, sitio del cual su deformidad congénita siempre lo había excluido. Y cuando las personas le reconocían vieron lo que había sucedido, Dios fue glorificado.

Y, ¿qué pensó Pedro de este sorprendente evento? Conscientemente desvió todas las alabanzas, recordando a las personas, que este milagro no había sucedido por su piedad personal, sino por el poder de Cristo. Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmando su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros (Hechos 3:16).

A medida que examino mi vida, observo que soy el producto de los regalos de muchas otras personas. Entre ellos están mis padres que me nutrieron y oraron por mí, los amigos que creyeron en mí, y aquellas personas que me dieron la oportunidad de servir. En el transcurso de mi vida yo he sido un feliz recipiente de las influencias fieles de cientos de personas. He recibido con generosidad, y ahora es mi responsabilidad, ¡dar con generosidad!

La sombra de Pedro transformó al hombre paralítico. Nuestra sombra puede contribuir para que hombres y mujeres lleguen al Salvador, quien puede llevarles a la morada eterna. Como alguien dijo: “Si puedo manejar la eternidad, ¡debo poder manejar el día de hoy!”

La sombra de una reprensión ardiente

Cuando el Espíritu Santo vino sobre la comunidad cristiana, hubo un desbordamiento espontáneo de generosidad. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad (Hechos 4: 34-35). Este dinero era utilizado para los gastos de los apóstoles, y también para suplir las necesidades de los desamparados y las viudas. La participación era completamente voluntaria; no era necesario dar una cantidad determinada. Algunos como Bernabé, hacían grandes sacrificios sencillamente porque sentían que era un privilegio poder tener parte en ese movimiento de creciente avivamiento. Era comprensible que quienes vendían sus posesiones y le entregaban el dinero a los apóstoles ascendieron a una posición de alta estima. Aquellos que deseaban conservar sus propiedades tenían la libertad de hacerlo. Ananías y su esposa Safira querían participar de la gratitud que recibían quienes eran generosos. Habían oído hablar acerca de la devoción por la gente en personas como Bernabé, y además querían estar en una posición de alta estima. Sin embargo, también deseaban algo de dinero para ellos, así que Ananías vendió una propiedad y, sustrajo del precio (Hechos 5:2). Ellos por supuesto, tenían derecho a hacerlo.

Lo que hizo malas sus acciones no fue el hecho de haberse quedado con una parte del dinero, sino que pretendían dejar la clara impresión de que le estaban dando todo su dinero a los apóstoles. Imaginemos que sólo le entregaron 500 dólares a los apóstoles, aunque habían vendido la heredad por 1000. Ellos hicieron creer que la cantidad que le estaban entregando a los líderes de la iglesia correspondía al valor total de la venta. De hecho, era “una mentira blanca”
Pero Dios conocía toda la verdad y se la comunicó a Pedro, quien dirigiéndose a Ananías, le dijo: …¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios (Hechos 5:3-4).
Ananías murió a manos de Dios, y momentos más tarde también su esposa, después de atravesar la puerta. El castigo fue severo, pero Dios estaba grabando en los corazones de la Iglesia Primitiva que: (1) Toda mentira está dirigida contra Él, y sólo en una instancia secundaria lo es en contra de otros., Después de todo, el Señor es el dador supremo de la ley en el universo y son sus leyes las que violamos cuando no decimos la verdad. (2) No debemos jugar con la verdad cuando le estamos sirviendo a Dios (o en ningún otro tiempo, en realidad). La reacción de la iglesia a este juicio inmediato, fue bastante apropiada: Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas (Hechos 5:11).
(3) Satanás fue puesto en evidencia como mentiroso y padre del engaño. Él inyectó esos pensamientos en la mente de la pareja, sin que ellos se dieran cuenta. Pensar que esa falsedad era su propia idea, se constituyó en el motivo por el cual no tuvieron miedo de decidir ser deshonestos. Pero Dios tomó en serio la hipocresía de ellos, y ahora la usa como una poderosa lección para todos nosotros.

Sí, algunas veces la sombra de Pedro era un toque sanador, pero también podía ser una punzante reprensión. No necesariamente toda nuestra influencia necesita ser motivante para que sea efectiva. A veces debemos señalar el pecado, y ser odiados por ello. Nuestra meta, por supuesto, es la restauración de los hijos de Dios a la comunión con el Todopoderoso y los demás. No todos responderán, sin embargo estas difíciles tareas son también parte de nuestra  responsabilidad e influencia.

La sombra del alcance del evangelio

Según Hechos 8, Felipe fue a Samaria para predicar el evangelio, y las multitudes creyeron. Pero Dios no envió el don del Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan fueron a los samaritanos e impusieron las manos sobre ellos. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo (Hechos 8:17). Hoy en día alguien acepta a Cristo como su Salvador, inmediatamente recibe el don del Espíritu Santo. Pero el libro de los Hechos es la historia de cómo la iglesia pasó  de la infancia a la adultez. Debido a la fuerte rivalidad entre judíos y samaritanos, era muy importante que los apóstoles llegaran para comprobar la unidad de la iglesia.
La presencia de Pedro y de Juan dio la seguridad de que el Espíritu Santo que había descendido en la iglesia de Jerusalén, ahora venía a quienes eran considerados parias (los samaritanos). Así que Pedro fue uno de los líderes que abrió las puertas del evangelio a este despreciado grupo étnico. Comenzaba a ejercitar las llaves del reino; otra puerta que pronto Pedro abriría.
Los gentiles conformaron el siguiente círculo de personas que serían bien recibidos en la iglesia (Hechos 10). Cornelio, quien vivía en Cesarea, no era un personaje muy común. Se trataba de un hombre sincero en la búsqueda de Dios, que se había cansado del paganismo tan ampliamente practicado en sus días. Aunque era gentil, cuando entró en contacto con el Antiguo Testamento, se convenció que era una revelación divina. Su alma llegó a tener tanta hambre del Creador que empezó a orar permanentemente y a hacer buenas obras, intentando hacerse un prosélito, es decir, un convertido al judaísmo. Con todo eso, sin embargo, aún no sabía que debía poner su fe en el Mesías de Israel, el Señor Jesucristo.

Dios no actuó con descuido frente a la búsqueda de una realidad espiritual, por parte de ese hombre. El ángel que vino a él, le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios (Hechos 10:4). Exactamente a las tres, una tarde, Cornelio tuvo una visión: El ángel de Dios vino a decirle que enviara una delegación a Jope para buscar a Pedro, quien estaba hospedado en una casa cerca del mar, a 4,8 kilómetros de distancia. Sus hombres salieron enseguida, pero, comprensiblemente, no realizaron el viaje completo aquella tarde. A las 12 meridiano del día siguiente, Dios le dio a Pedro una visión especial que lo libraría de sus raíces legalistas; sabría que Él también le abría la puerta a los gentiles. Pedro descansaba esperando el almuerzo en la terraza. Aunque estaba hambriento se durmió y vio en el sueño el cielo abierto, y un objeto como una gran sábana que descendía hasta el piso sostenida por las cuatro esquinas. Sobre ella había toda clase de animales cuadrúpedos, aquellos que, de acuerdo a la ley del Antiguo Testamento, los judíos no debían comer. Y le vino una voz: …Levántate, Pedro, mata y come (Hechos 10:13). Pero él rehusó, insistiendo en que esos animales no eran “limpios”. Sin embargo la voz persistió: Volvió la voz a él la segunda vez: lo que Dios limpió no lo llames tú común (Hechos 10:15). Mientras Pedro reflexionaba sobre la visión, los hombres enviados por Cornelio llegaron buscándole. Escuchó la increíble historia sobre cómo Cornelio deseaba saber más acerca del Dios verdadero, y el relato de la visión que este gentil había tenido. ¡La coordinación del tiempo era perfecta!

Ahora Pedro comprendía el completo significado de su propia visión: Dios estaba tratando de decirle que las distinciones entre los judíos y los gentiles detalladas en el Antiguo Testamento habían desaparecido. De hecho, él podía entrar en el hogar de un gentil y compartir las Buenas Nuevas del evangelio. Esto significaba un cambio radical en lo que él había aprendido.

Al día siguiente Pedro se puso en camino, y un día después llegó al hogar de Cornelio. Luego de presentarse dijo: …En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia (Hechos 10:34-35). Después hizo una presentación del evangelio. Mientras aún hablaba, el Espíritu Santo cayó sobre aquellos que estaban escuchando el mensaje. Como una evidencia más determinante de que ahora los gentiles hacían parte del plan de Dios, los nuevos creyentes hablaron en lenguas y fueron bautizados en agua. Una vez más Pedro estaba ejerciendo su derecho de abrir las puertas del evangelio. Las “llaves” habían abierto otra puerta.

Vale la pena observar que Dios utizó un ángel para comunicarse con Cornelio, pero que no le reveló el evangelio, más bien, le dijo cómo encontrar el contacto con el hombre que le traería las Buenas Nuevas. Los ángeles del cielo podían entregar sermones más efectivos que los de Pedro, pero el plan de Dios consiste en utilizar los hombres y mujeres, sin importar cuán imperfectos seamos. El cincel le fue aplicado a Pedro, no a los ángeles que le rodeaban.

La crítica que le hicieron por comer en la casa de un gentil, surgió como un efecto de la visita que Pedro le hiciera a Cornelio. Esto, de acuerdo con la ley del Antiguo Testamento, no era sólo una violación de la etiqueta, sino también un compromiso doctrinal. Sin embargo. Pedro defendió sus acciones contándole a los otros apóstoles la historia completa. Terminada la explicación, ellos callaron y glorificaron a Dios diciendo: De manera que también a los gentiles a dado Dios arrepentimiento para vida!

Así que Pedro andaba por la vida, afectando con su sombra a todo aquel que conocía. Podía ser un toque sanador, una reprensión punzante o una oprtunidad gozosa, pero nadie quedaba igual después de haber estado frente a ese sobresaliente hombre.

Tu sombra y la mía

¿Qué de nuestras sombras? Recordemos que el mayor impacto que podemos causar no está en la plata y el oro que tengamos la capacidad de dar, sino en la vida que nos es posible practicar. La sombra de una persona en su casa, negocio. o en la calle, tiene efectos que perduran por la eternidad. Cuando tiras una piedrecita en un lago, las ondas continùan aun después de que esta ha llegado hasta el fondo. Mucho tiempo después de que nos hayamos ido, para bien o para mal, nuestra influencia quedará. Con frecuencia nuestro mayor impacto es inconsciente. Tenemos influencia en otros, no sólo con lo que decimos, sino principalmente con la forma como vivimos.. Propendemos a comportarnos mejor cuando la gente nos observa, pero si nos convertimos en modelos positivos, aún si creemos que nadie nos está observando, producimos una clase de impacto que perdura y es especial para Dios.

Finalmente, nuestra sombra depende de la relación que tengamos con el Hijo. Sólo aquellos que viven en la luz proyectarán una sombra positiva, efectiva y eterna. Cuando andamos en tinieblas, no hay sombra, es decir, ninguna influencia que haga mejores a aquellas personas que nos rodean. Algunos viven sólo para sí mismos y así morirán. Alguien dijo: “En la eternidad seremos lo que ahora somos, sólo que nuestras características se acentuarán”. El egoísmo y la maldad se convertirán en más egoísmo y maldad después de la muerte. El justo estará más gozoso, y será más generoso y amoroso.

Tal vez tú y yo estamos desanimados hoy, y nos sentimos como si no  tuviésemos nada que dar. Pero déjame recordarte que una vez recibido el don del Espíritu, todos tenemos algo para dar. Dios no espera que demos lo que no tenemos, pero sí que correspondamos con algo de lo que hemos recibido. De gracia recibisteis, dad de gracia (Mateo 10:8).

A. J. Gordon cuenta que cuando vio en la distancia a un hombre bombeando agua, se preguntó cómo un ser humano podía trabajar tan consistente e incansablemente. Pero a medida que se acercaba se dio cuenta que no era un hombre, sino una máquina con figura de hombre la cual, a su vez, estaba siendo alimentada por un pozo artesanal según el agua iba saliendo por la tubería. De igual manera, no se trata de dar de lo que no tenemos, sino de que todos tenemos qué ofrecer, porque Cristo prometió el Espíritu Santo, el cual crea ríos de agua viva dentro de nosotros.

Dondequiera que nuestra sombra caiga, influenciaremos la vida de otros, y recibiremos una recompensa eterna. Pero sólo quienen miran al Hijo, tendrán la sombra que permanece para siempre.

Del Libro: Cincelado por la mano del Maestro. Erwin Lutzer.

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