Consejero Cristiano

“La paciencia crece mejor cuando el camino es escabroso” (Santiago 1:3 Versión Popular)
“Todo cambio que Dios promete es posible”
“Toda calidad que Dios requiere de sus hijos redimidos puede ser alcanzada”
“Todo recurso que sea necesario, Dios lo proporciona”
“La edad no es ningún obstáculo para el cambio”
“La vida cristiana es una vida de cambios continuos”
“El aconsejar cristiano consiste en ayudar al aconsejado a ‘quitarse su antigua manera de vivir’ y a ponerse la `nueva vida de Dios'”
“Las Escrituras enseñan claramente que, Dios tiene a cada uno de nosotros como responsables de modo personal de sus pensamientos, palabras y acciones, al margen de las presiones e influencias externas”

El aconsejar, una campaña de guerra

No es necesario recordar a los consejeros cristianos que han sido llamados a trabajar en oposición al mundo, al demonio y la carne.
Esta tarea implica no meramente una lucha con la carne y la sangre (este lado del problema ya es bastante grande), sino también una lucha en contra de las fuerzas sobrenaturales de las tinieblas (Efesios 6:12)

El aconsejar, por tanto, debe ser entendido y llevado a cabo como una batalla espiritual. El consejero, por tanto, debe considerarse como un soldado de Cristo que ha emprendido una batalla espiritual cuando aconseja. Para esta campaña de guerra sólo es suficiente la “plena armadura de Dios”
El enemigo tiene que ser derrotado en todas sus variadas manifestaciones. Los consejeros han de ser cuidadosos en no permitirle que saque ventaja de las situaciones (2 Corintios 2:11), o darle oportunidad de ganar terreno (Efesios 4:27). Una manera de protegerse de tales incursiones del Maligno es, como hace notar Pablo, darse cuenta de sus tácticas. Esto requiere diligencia para llegar a un conocimiento y comprensión bíblica del lugar y método de Satán.
Los consejeros tienen que conocer los temas fundamentales del pecado. Estos temas fundamentales son aparentes en el relato del primer pecado registrado, en Génesis 3. Por tanto, tendremos necesidad de examinar la historia de la caída de nuevo, para comprender algunos de los problemas que están relacionado con el pecado, y sus consecuencias.

La elección de una vida orientada y motivada por el deseo

Fundamentalmente, el problema del primer pecado se reduce a esto:
Adán y Eva optaron por la satisfacción del deseo mas bien que por la obediencia a los mandatos de Dios. El diablo hizo apelación al “deseo de los ojos, la codicia de la carne y el orgullo de la vida” (1 Juan 2:16; Génesis 3:6)
En contra de esto estaba el mandamiento de Dios: “No comeréis” Las opciones que le fueron dadas son las mismas con que nos enfrentamos ahora. Reflejan dos moralidades distintas, dos religiones antitéticas, y dos maneras distintas de vida. La una dice: “Viviré según los sentimientos” La otra: “Viviré según lo que Dios dice”

Cuando Adán pecó estaba abandonando la vida de amor orientada a la obediencia, por la vida de deseo, orientada al sentmiento. Hay sólo estas dos clases de vida: la vida de pecado motivado por los sentimientos, orientada hacia el yo; y la vida de santidad, orientada a los mandamientos y hacia Dios.

(  ) Estas dos formas de vida están en oposición diametral la una de la otra, y es forzoso escoger una de las dos. Todo el día, la vida de uno consiste en muchas de estas decisiones. Los dos estilos de vida implican pautas de deseo o de amor. Están orientadas y motivadas por el deseo del aconsejado o por los mandamientos de Dios. Reconocen dos fuentes distintas de autoridad: el yo o la Biblia. Se centran sobre dos objetivos separados: el placer temporal; el gozo eterno. Reconocen dos amos: Satán o Dios. Ofrecen dos maneras diferentes de resolver los problemas de la vida: la una recurre a escaparse, esquivar, disimular, mentir y echar la culpa a otros, etc., en tanto que la otra insiste en hacer frente, dar la cara, confesar, decir la verdad, asumir responsabilidad personal. Traen sus propios resultados: la servidumbre del caos en esta vida y la pérdida eterna, o la libertad y estructura y el gozo eterno. (  )

El vivir conforme a los sentimientos mas bien que conforme al mandato de Dios es un obstáculo fundamental a la piedad, y es un factor con el cual todo consejero cristiano ha de aprender a tratar. Es una trampa astuta de Satán el tentar a los hombres para que crean que no pueden hacer lo que Dios requiere porque no sienten ganas de hacerlo, o que tiene que hacer lo que sienten ganas de hacer y que no pueden evitarlo.

Con frecuencia el argumento adopta formas sutiles, que al principio parecen plausibles y aun piadosas. Por ejemplo, un marido y su mujer pueden decir: “Me parece que no queda nada en nuestro matrimonio, no hay amor, no hay sentimientos, no hay nada” y con ello esperan que el consejero cristiano conceda que debe ser concedido un divorcio, sobre una base distinta de la escritural. Si consiguen que él esté de acuerdo con ellos en esto, esperan que su mala conciencia desaparecerá sobre lo que ya han decidido hacer. Pero en vez de aprobar, el consejero replica. “Esto lo lamento mucho. Tengo la impresión que debéis confesar vuestro pecado y aprender a amaros el uno al otro” La reacción de los dos suele ser de asombro. ¡Se quedan atónitos!…

Sacado de: Manual del consejero cristiano. Jay Adams                   

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