El Señor es Rey eterno

Con arrogancia el malo persigue al pobre; será atrapado en los artificios que ha ideado.
El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor.
El malo, por la altivez de su corazón, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.
Sus caminos son torcidos en todo tiempo; tus juicios los tiene muy lejos de su vista; a sus adversarios desprecia.
Dice en su corazón: No seré movido jamás; nunca me alcanzará el infortunio.
Lena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua se esconde maldad y violencia.
¡Levántate, Señor!
¡Levanta, oh Dios, tu brazo!
¡No te olvides de los indefensos!
¿Por qué te ha de menospreciar el malvado?
¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?
Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas.
Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.
El Señor es Rey eterno.
Tú, Señor, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor.
Tú defiendes a los huérfanos y al oprimido, para que el hombre, hecho de tierra, no siga ya sembrando el terror.

Salmo 10: 2-6,7,12-14,16-18 (RV60, NVI)

Dios no está lejos! Brinda su ayuda a aquel que es capaz de pedirsela! Dios es Bueno y sus juicios son justos.
Cuando crecemos nos damos cuenta que el conocimiento sustituye la mitología. Hay leyes que debemos respetar para que estén a nuestro servicio. Si las quebrantamos, sufrimos las consecuencias.
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y es un honor saber a quien represento aquí en la tierra.
Sin Dios no hay paraíso. Su Presencia, en cualquier lugar que nos encontremos, es lo que hace la diferencia. Poner nuestra mirada en Él, hace que actúe en nuestro favor. La prueba se hace más llevadera porque nos da a entender cuál es el propósito de la misma.

Jesucristo vino a la tierra para volvernos a Dios Padre; pagó el precio de nuestra libertad, el precio de nuestra paz ya fue pagado en la cruz. Él es el camino, la verdad y la vida.
El ladrón viene a robar, matar y destruir; Jesucristo vino a darnos vida, vida en abundancia. Prometió que nunca nos dejaría y así ha sido. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)

Aliento del cielo sólo se recibe buscando al que es Rey de reyes y Señor de señores.

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