El poder de la Riqueza

“No digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi brazo me han traído esta riqueza. Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a sus padres, como en este día” Deuteronomio 8:17-18 RV60

Abram libera a Lot

Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam y Tidal rey de Goim, que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Seboim y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.

Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es Mar Salado.

Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.

En el año decimocuarto vino Quedorlaomer y los reyes que estaban de su parte, derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.

Volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades,  y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.

Salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de Sinar, y Arioc rey de Elasa; cuatro reyes contra cinco.

El valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.

Tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.

Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba, en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.

Vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.

Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los persiguió hasta Dan.

Cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.

Recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.

Melquisedec bendice a Abram

Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y les bendijo diciendo:

Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram el diezmo de todo.

Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes.

Respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.

Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram diciendo: No temas, Abram; Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Génesis 14:1-24; 15:1

Historia antigua, que cada cierto tiempo parece repetirse. Guerra, conquista, dominación, opresión. También desde tiempos muy remotos, habían hombres que sabían muy bien ante Quien rendirse en adoración. Es costumbre de cada pueblo y nación, traer ante sus dioses las ofrendas de sus conquistas.
Aquí vemos a Abram, antes de que Dios le cambiara el nombre a Abraham, actuando para rescatar a su sobrino Lot. La civilización estaba muy lejos, no habían leyes ni tratados de paz de por medio y cada uno se armaba y se aliaba con otros para conquistar y dominar territorios.

Abram atribuye al Dios Altísimo la victoria obtenida. Le da el reconocimiento debido, por eso no acepta ningún regalo del rey de Sodoma. Más adelante vemos como termina la historia de esta nación.

Mi reflexión en este punto es que a veces se nos acercan personas con una aparente bondad, pero en su corazón saben que nos están tendiendo una trampa. “Hoy por ti, mañana por mi” Son palabras engañosas. Se reciben favores junto con un temor, porque siempre se estará esperando el momento de pagar ese favor recibido.

Una de las cosas que he aprendido de los personajes bíblicos como Abraham, David, José, Daniel, es que hay que pagar el precio. Dios le prometió a Abraham esa tierra que pisaban sus pies, pero no ahora sino en el futuro, cuando la maldad de esos pueblos llegaran al colmo. Él no lo vio, pero le creyó a Dios y actuó en consecuencia. Cuando murió Sara, su esposa, quiso comprar un pedazo de tierra para enterrar a su muerta. Le quiesieron regalar ese terreno. El dijo No! Véndemelo al precio justo. Y así se hizo. Pagó 400 siclos de plata y quedó como propiedad para su familia en ese lugar (Gen.24)
Cuando el rey David pecó contra Dios al realizar un censo no aprobado por Dios, Dios se enojó y envió una peste. Gad, profeta y vidente, le dijo que construyera una altar a Jehová en la era de Arauna el jebuseo. David fue a comprar esa tierra. Arauna se la quiso regalar. David le respondió: “No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios ofrendas que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta ciclos de plata” (2Sam.24:24)

José pasó por el aprendizaje de ser una esclavo en Egipto, pero aprendió a ser un buen administrador de los bienes de otros y pudo alimentar a mucho pueblo, cuando llegó su momento.

Daniel decidió no contaminarse con la ideología o cosmovisión del momento. Se mantuvo fiel a Dios, a pesar de que fue ese mismo Dios el que los entregó en cautiverio a Babilonia. Sirvió a Dios fielmente en medio de sus opresores, pues sabía en manos de Quien está el destino de mundo.

Muchos entran en angustia porque quitan la mirada de Dios. Nada es casual ni por suerte. Todo tiene un propósito. Él da las riquezas y las quita. Dios es el Único que da la vida y provee los medios para sustentarla, en todo tiempo. No nos equivoquemos atribuyendo al hombre lo que es de Dios.

Después de esta prueba de fidelidad a Dios, Abraham recibió palabras de aliento del mismo Dios: “No temas, Abram; Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” ¡Que mayor protección que esa!
Cada uno de nosotros tenemos la capacidad, dada por Dios, de escoger a quien servir.

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