Cuando él vino a mi corazón

1

¡Cuán glorioso es el cambio operado en mi ser
viniendo a mi vida el Señor!
Hay en mi alma una paz que yo ansiaba tener.
La paz que me trajo su amor.

CORO

¡El vino a mi corazón!
¡El vino a mi corazón!
Soy feliz con la vida que Cristo me dio,
cuando él vino a mi corazón.

2

Ya no voy por la senda que el mal me trazó,
do sólo encontré confusión;
mis errores pasados Jesús los borró,
cuando él vino a mi corazón.

3

Ni una sombra de duda oscurece su amor,
Amor que me trajo el perdón:
La esperanza que aliento la debo al Señor,
cuando él vino a mi corazón.

Himnos de Gloria y Triunfo. Nro. 97. Editorial Vida.

Oración de un anciano

En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás.
Socórreme y líbrame en tu justicia; inclina tu oído y sálvame.

Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente.
Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.

Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del perverso y violento.
Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud.
En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza.

Como prodigio he sido a muchos, y tú mi refugio fuerte.
Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.

No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares. Porque mis enemigos hablan de mí, y los que acechan mi alma consultaron juntamente, diciendo: Dios lo ha desamparado; perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre.

Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro. Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.

Mas yo esperaré siempre, y te alabaré más y más. Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día, aunque no sé su número. 

Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.

Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir, y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú?

Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.

Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa, oh Santo de Israel.
Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, y mi alma, la cual redimiste.
Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.

Salmo 71. RV60. 

Redención. Redentor

Redención es el acto de liberar o rescatar a una persona de una situación gravosa a cambio del pago de un precio. Redentor es el que paga el precio.

Dijo Dios a Israel: “Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto… y los redimiré con brazo extendido” (Éxodo 6:6) 

El vocablo hebreo gaal habla de redimir, vengar, hacer el papel de pariente responsable.

La raíz de la idea señala a un pariente que asuma la responsabilidad de liberar a su familiar de un estado lamentable. Así, “cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido” (Levítico 25:25)

Igualmente se hacía si un israelita se vendía a sí mismo como esclavo en tiempos de necesidad (Levítico 25: 47-48)

El caso más detallado en la Biblia de un acto de redención de posesiones vendidas en tiempos de necesidad aparece en la historia de Rut. Noemí había emigrado con su esposo, quien murió. Al regresar, estaba desposeída. Booz ofreció al pariente más cercano la opción de hacer la redención de las tierras de Elimelec, lo cual fue aceptado. Pero cuando ese pariente supo que la transacción incluía el matrimonio por levirato con la moabita Rut, no quiso, y cedió los derechos a Booz, quien los adquirió con gusto (Rut 4: 1-10)

En el Antiguo Testamento la idea de redención enfatiza tanto el rescate pagado como el acto liberador. Pero poco a poco vino a colocarse sobre lo segundo. Así la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto es alabada como un hecho supremo de redención. El éxodo es una obra de amor y poder mediante el cual Dios redimió a su pueblo (“Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste” Éxodo 15:13).
Se repite en el AT, especialmente, en el libro de Isaías, que Jehová  es el “Redentor de Israel” (Isaías 41:14; 43:14; 44:6; etc.). El término toma, entonces el sentido de “libertador”

También en el sentido personal, Dios es el Redentor del creyente. Job, en medio de su angustia, mantenía su fe en que Dios era su redentor, quien lo libraría de la muerte (Job 19:25). David llamaba a Jehová “roca mía y redentor mío” (Sal. 19:14)

La idea del Señor Jesús como redentor se presentan en las mismas palabras de Cristo, cuando dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28; Marcos 10:45). El usar el título mesiánico de Hijo de Hombre en una misma declaración para indicar su muerte y, más aún, para señalar que esa muerte tendría valor de rescate por muchos, era algo totalmente incomprensible para la mente de los judíos que le escuchaban. Los judíos nunca habían podido explicar satisfactoriamente las palabras de Isaías 53: 10 (“Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado”). Pero el mensaje del evangelio tiene en su centro a la persona del Señor Jesús y a su obra, especialmente en el aspecto de que su muerte fue expiatoria y que con ella logró la posibilidad de liberación para todos aquellos que creen en él (“… el cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Así, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” (Gálatas 3:13). El precio fue su propia vida (“… sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18-19). Por eso el cántico de los salvados que dan gloria al Cordero dice: “… y con su sangre nos ha redimido para Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación” Apocalipsis 5:9.

Nuevo Diccionario de la Biblia. Editorial Unilit.

¿Qué viste tú en Noemí?

Cuando leo el libro de Rut me asombra la forma en que se desenvuelve esta historia.
Ha variado mi perspectiva a través de los años. Antes veía a Rut, ahora observo a Noemí.

Me pregunto ahora qué pudo ver Rut en Noemí para que salieran de su corazón esas palabras tan conmovedoras;

“No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y donde tú vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová y aún me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos” Rut 1:16-17 RV60

Cuando Rut pronuncia estas palabras Noemí está en completa ruina. Había formado su hogar, tuvo dos hijos, que al crecer, se casaron. Salieron de su país huyendo de una hambruna. Prosperaron en Moab; pero al pasar el tiempo, les alcanzó el infortunio también allá. Se muere su esposo. Se mueren sus hijos. Ella queda totalmente sola en un país extraño. Toda su vida se desvaneció ante sus ojos. Su mundo fue destruido y sin dejar ninguna forma de reconstruirse. Ya era vieja como para querer o poder levantar otro hogar al cual dedicarle su vida.

Está muy dolida y amargada, dicho por ella misma. Oye que en su país Dios ha comenzado a bendecir la tierra de nuevo y decide regresar. Despide a sus nueras para que vuelvan con sus padres y como son viudas jóvenes, les recomienda volver a casarse y tener hijos y cuidar de ellos.

Rut decide no abandonar a su suegra. Abandona su tierra, su parentela y sus dioses. La entrega que hace es absoluta. Sin vuelta atrás.

En el peor momento de Noemí, cuando su ánimo está amargado, cuando no tiene nada que ofrecer, Rut se ofrece a sí misma para cuidar de ella en su vejez.

Observando los tiempos de hoy es más extraño todavía, cuando ni siquiera los hijos creen que tienen algún deber para con sus padres.

En la respuesta que le da Rut a Noemí puedo vislumbrar la verdadera razón para que estos corazones se encuentren: Dios!

Dios es alguien que trasciende los tiempos, las edades, la cultura, los límites.
Cuando invitamos a Dios a participar en nuestras vidas, le reconocemos su señorío sobre toda su creación, él hace su obra gloriosa. Se pueden ir todos los seres queridos, Dios es eterno y terminará su obra que comenzó en cada uno de nosotros. Él tiene recursos ilimitados, el poder y la autoridad legítima para finalizar la obra que comenzó.

Uno de los secretos de Noemí para soportar y superar la prueba es que mantuvo su mirada puesta en Dios. Vio a Dios como el autor de lo bueno y lo malo que le sucedía. Como hizo Job en sus momentos más terribles. “Quiero hablar con Dios” eran las palabras de Job y parecen ser las mismas de Noemí. Dios es responsable de mi vida. Él me la dio y la sustenta.

“Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?”

Dios es Soberano. Nada ni nadie se mueve sin su permiso.

Una figura aparece en este libro, una figura que el mismo Dios la instituyó porque hablaba de un futuro lejano, cuando tendría real manifestación para salvar a toda la humanidad:
El Redentor.

Al pasar los siglos vemos a Rut formando parte de la genealogía de Jesucristo. Un acto de amor, o muchos actos de amor, hicieron que una chica joven pudiera ver a través de otro ser humano el amor eterno de Dios. En los momentos más difíciles, cuando todo se acaba, Dios permanece. Las personas y las cosas viene y van, Dios se queda con nosotros. Nos consuela, nos enseña con paciencia lo que necesitamos saber para ir construyendo la vida bajo la dirección de él para que se cumpla su propósito eterno. Llegará el momento de entregar la obra que hemos hecho, y él la completará, aunque ya no estemos. Confía de todo corazón en él. No ha acabado su obra.  

 

De dónde venimos?

Un hombre tiene que saber de dónde viene y de qué está hecho.
Uno de los momento decisivos en la vida de mi amigo Craig _quizás el momento crucial_ fue el día en que recobró el nombre de su padre.

 El padre de Craig, Al McConnell, murió en la guerra de Corea cuando Craig sólo tenía cuatro meses de nacido. Su madre se volvió a casar y Craig fue adoptado por su padrastro; un viejo y desagradable capitán de la marina, quien llamaba a Craig “gaviota” siempre que se enojaba con él. Hablamos de identidad, de un lugar en la historia. El viejo le decía: “Craig, no eres más que una gaviota, para lo único que eres bueno es para sentarte, chillar y …” (ya tiene una idea).

Cuando Craig se hizo hombre supo la verdad de su herencia: su padre fue un soldado que murió en batalla. Como, de haber vivido, planeaba ir al campo misionero a llevar el Evangelio a un lugar que nadie más había ido antes.

Craig descubrió que su verdadero abuelo era William McConnell, el primer misionero en América Central, un hombre que arriesgó su vida muchas veces para llevar el mensaje de Cristo a los perdidos. Craig cambió su apellido por McConnell, y con ello adquirió una identidad mucho más noble, un lugar mucho más peligroso en la historia. Ojalá todos fuéramos tan afortunados. Muchos hombres se avergüenzan de sus padres. “Eres como tu padre”, es uno de los muchos dardos que una madre amargada dispara sobre su hijo. La mayoría de los hombres que conozco intentan con tenacidad no llegar a ser como sus padres. Pero ¿esto a quién hace que ellos sigan? ¿De quién adquirirán estos hombres su sensación de fortaleza?

Quizás sería mejor cambiar nuestra búsqueda hacia los manantiales, hasta esa raíz poderosa de donde nacen las ramas.

¿Quién es Aquel de quien supuestamente venimos, cuya imagen tiene todo hombre? ¿A qué se parece? En la búsqueda de fortaleza de un hombre, decirle que está hecho a la imagen de Dios tal vez no parezca muy animador al principio. Para la mayoría de los hombres, Dios está distante o es débil… lo mismo que dirían de sus padres terrenales. Sea sincero ahora, ¿Cuál es su imagen de Jesús como un hombre? Un amigo comentó: “No es Jesús del tipo sumiso y apacible? Quiero decir, las representaciones que tengo de Él muestran a un tipo amable, con niños a su alrededor. Es más, esas son las únicas imágenes que he visto de Jesús. Estas me dejan con la impresión de que fue el individuo más amable del mundo. Decirme que sea como Él es como si me dijeran que sea flojo y pasivo; que sea agradable; que sea magnífico.
Preferiría que me dijeran que fuera como William Wallace.

Del libro: Salvaje de corazón. John Eldredge.

Una pequeña muestra

Para exponer al mundo una “pequeña muestra” de lo que hacemos hay que trabajar bastante, luchar con muchos obstáculos, definir y delimitar lo que vamos a hacer.

Ante nosotros siempre se nos abre un abanico de posibilidades, que si no estamos claros y no hemos definido el campo en el cual queremos utilizar nuestra energía y recursos, nos perdemos fácilmente y quedamos vagando en la nada. Podemos equivocarnos al elegir lo más llamativo, lo que más nos ha vislumbrado con su esplendor. Sólo tomando la decisión de seguirle, nos damos cuenta si hemos acertado.

Ayer fui gratamente sorprendida al asistir a una pequeña muestra del trabajo fotográfico de mi hija, Esther García, en el Centro de Arte el Hatillo. Conocí a algunos de sus compañeros y amigos, que ella me había mencionado. Compartí con otros que ya conocía y tenía tiempo sin verles.

Es su mundo. El campo de las artes gráficas, el dibujo, la fotografía, la coreografía, la danza y el teatro. Poco a poco va definiendo lo que quiere en la vida. Sé que dará muchas vueltas en algunos momentos hasta decidirse. Así es la vida. Las señales están en nuestro camino. Algunas advertencias encontrará y no le hará caso. Así somos todos los seres humanos. Pero, lo más importante es que aprendemos. Sólo la experiencia nos hace autoridad en algunas áreas de conocimiento y de la vida. Ese conocimiento práctico se adquiere sólo si estamos atentos a lo que nos sucede y cómo reaccionamos a lo que nos sucede. Vamos tomando nota y vamos mejorando. 

Recordaba ayer, al ver esas fotos en blanco y negro, un baúl lleno de fotografías que mi papá me mostró cuando visité la casa de su mamá (yo no me crié con él ni conocí a su familia hasta que fui grande). El era fotógrafo. Su papá también. Recordé la cuestión de la herencia y a quién decidimos parecernos.

Agradezco a Dios, y a todas las personas que la ayudaron para que este proyecto se hiciera realidad. Dios ayuda a grandes y chicos, que se van moviendo según Su voluntad, para que se cumplan los propósitos de vida que vinimos a cumplir en esta tierra.

Sólo lo inconmovible permanecerá

Un número inmenso de hombres de fe nos contemplan desde las gradas, despojémonos de cualquier cosa que nos reste agilidad o nos detenga, especialmente de esos pecados que se nos enredan en los pies y nos hacen caer, y corramos con paciencia la carrera en que Dios nos ha permitido competir.

Mantengamos fijos los ojos en ese Jesús que, sin importarle lo oprobioso de tal muerte, estuvo dispuesto a morir en la cruz porque sabía el gozo que tendría después; en ese Jesús que ahora ocupa el sitio de honor más alto a la derecha de Dios.

Si alguna vez nos sentimos descorazonados o fatigados, pensemos en la paciencia con que Jesús soportó el maltrato de sus perversos verdugos. Después de todo, todavía no hemos sudado gotas de sangre en nuestra lucha contra la tentación y el pecado…

Nuestros padres terrenales trataron de educarnos lo mejor que pudieron durante unos pocos años; pero la disciplina que impone el Señor es adecuada y provechosa, pues nos capacita para participar de su santidad…

Así que levanten de nuevo las manos caídas, afirmen las piernas temblorosas, y tracen sendas rectas, para que el débil o el cojo que los siga no se lastime con ningún tropiezo, sino que más bien sane y fortalezca.

Eviten las rencillas y procuren llevar vidas limpias y santas, porque el que no sea santo no verá al Señor.

Cuídense unos a otros, no vaya a ser que alguno no alcance las más caras bendiciones de Dios.

No dejen que en ustedes broten raíces de amargura; porque éstas, al salir a la superficie, pueden causar problemas serios y dañar la vida espiritual de muchos.

Que nadie descuide su relación con Dios.

Cuando Dios habló en el monte Sinaí, su voz conmovió la tierra. Pero “la próxima vez _dice_, no sólo conmoveré la tierra sino también el cielo”. Esto quiere decir que va a remover lo que no tenga cimientos firmes, y que sólo lo inconmovible permanecerá. Por eso, en vista de que el reino nuestro es inconmovible, sirvamos a Dios con corazón agradecido, y procuremos agradarle con temor y reverencia. Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Cultiven el amor fraternal.

Honren el matrimonio y mantengan su pureza; porque Dios castigará a los inmorales y los que cometen adulterio.

Eviten la avaricia; conténtense con lo que tengan, pues el Señor dijo: 

“No te desampararé ni te dejaré”

Así que podemos decir sin temor a duda:

“El Señor es el que me ayuda; no temo lo que me pueda hacer el hombre”

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

No se dejen ustedes seducir por ideas nuevas y extrañas.

La fortaleza espiritual es un don de Dios que no se obtiene observando tales o cuales reglas sobre la alimentación. Los que han tratado de obtenerla por esos medios, hasta ahora han fracasado.

Los que tratan de alcanzar la salvación por medio de la obediencia a la ley no se benefician del sacrificio de Cristo.

Que el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, por medio de la sangre del eterno pacto entre ustedes y Dios, los haga aptos para cumplir su voluntad. Y que por medio del poder de Cristo haga de ustedes seres que lo agraden. A Él sea la gloria eternamente.

Algunos versos de lo capítulos 12 y 13 del libro de Hebreos. La Biblia al día. Nuevo Testamento.

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