Sólo lo inconmovible permanecerá

Un número inmenso de hombres de fe nos contemplan desde las gradas, despojémonos de cualquier cosa que nos reste agilidad o nos detenga, especialmente de esos pecados que se nos enredan en los pies y nos hacen caer, y corramos con paciencia la carrera en que Dios nos ha permitido competir.

Mantengamos fijos los ojos en ese Jesús que, sin importarle lo oprobioso de tal muerte, estuvo dispuesto a morir en la cruz porque sabía el gozo que tendría después; en ese Jesús que ahora ocupa el sitio de honor más alto a la derecha de Dios.

Si alguna vez nos sentimos descorazonados o fatigados, pensemos en la paciencia con que Jesús soportó el maltrato de sus perversos verdugos. Después de todo, todavía no hemos sudado gotas de sangre en nuestra lucha contra la tentación y el pecado…

Nuestros padres terrenales trataron de educarnos lo mejor que pudieron durante unos pocos años; pero la disciplina que impone el Señor es adecuada y provechosa, pues nos capacita para participar de su santidad…

Así que levanten de nuevo las manos caídas, afirmen las piernas temblorosas, y tracen sendas rectas, para que el débil o el cojo que los siga no se lastime con ningún tropiezo, sino que más bien sane y fortalezca.

Eviten las rencillas y procuren llevar vidas limpias y santas, porque el que no sea santo no verá al Señor.

Cuídense unos a otros, no vaya a ser que alguno no alcance las más caras bendiciones de Dios.

No dejen que en ustedes broten raíces de amargura; porque éstas, al salir a la superficie, pueden causar problemas serios y dañar la vida espiritual de muchos.

Que nadie descuide su relación con Dios.

Cuando Dios habló en el monte Sinaí, su voz conmovió la tierra. Pero “la próxima vez _dice_, no sólo conmoveré la tierra sino también el cielo”. Esto quiere decir que va a remover lo que no tenga cimientos firmes, y que sólo lo inconmovible permanecerá. Por eso, en vista de que el reino nuestro es inconmovible, sirvamos a Dios con corazón agradecido, y procuremos agradarle con temor y reverencia. Porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Cultiven el amor fraternal.

Honren el matrimonio y mantengan su pureza; porque Dios castigará a los inmorales y los que cometen adulterio.

Eviten la avaricia; conténtense con lo que tengan, pues el Señor dijo: 

“No te desampararé ni te dejaré”

Así que podemos decir sin temor a duda:

“El Señor es el que me ayuda; no temo lo que me pueda hacer el hombre”

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

No se dejen ustedes seducir por ideas nuevas y extrañas.

La fortaleza espiritual es un don de Dios que no se obtiene observando tales o cuales reglas sobre la alimentación. Los que han tratado de obtenerla por esos medios, hasta ahora han fracasado.

Los que tratan de alcanzar la salvación por medio de la obediencia a la ley no se benefician del sacrificio de Cristo.

Que el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, por medio de la sangre del eterno pacto entre ustedes y Dios, los haga aptos para cumplir su voluntad. Y que por medio del poder de Cristo haga de ustedes seres que lo agraden. A Él sea la gloria eternamente.

Algunos versos de lo capítulos 12 y 13 del libro de Hebreos. La Biblia al día. Nuevo Testamento.

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