De dónde venimos?

Un hombre tiene que saber de dónde viene y de qué está hecho.
Uno de los momento decisivos en la vida de mi amigo Craig _quizás el momento crucial_ fue el día en que recobró el nombre de su padre.

 El padre de Craig, Al McConnell, murió en la guerra de Corea cuando Craig sólo tenía cuatro meses de nacido. Su madre se volvió a casar y Craig fue adoptado por su padrastro; un viejo y desagradable capitán de la marina, quien llamaba a Craig “gaviota” siempre que se enojaba con él. Hablamos de identidad, de un lugar en la historia. El viejo le decía: “Craig, no eres más que una gaviota, para lo único que eres bueno es para sentarte, chillar y …” (ya tiene una idea).

Cuando Craig se hizo hombre supo la verdad de su herencia: su padre fue un soldado que murió en batalla. Como, de haber vivido, planeaba ir al campo misionero a llevar el Evangelio a un lugar que nadie más había ido antes.

Craig descubrió que su verdadero abuelo era William McConnell, el primer misionero en América Central, un hombre que arriesgó su vida muchas veces para llevar el mensaje de Cristo a los perdidos. Craig cambió su apellido por McConnell, y con ello adquirió una identidad mucho más noble, un lugar mucho más peligroso en la historia. Ojalá todos fuéramos tan afortunados. Muchos hombres se avergüenzan de sus padres. “Eres como tu padre”, es uno de los muchos dardos que una madre amargada dispara sobre su hijo. La mayoría de los hombres que conozco intentan con tenacidad no llegar a ser como sus padres. Pero ¿esto a quién hace que ellos sigan? ¿De quién adquirirán estos hombres su sensación de fortaleza?

Quizás sería mejor cambiar nuestra búsqueda hacia los manantiales, hasta esa raíz poderosa de donde nacen las ramas.

¿Quién es Aquel de quien supuestamente venimos, cuya imagen tiene todo hombre? ¿A qué se parece? En la búsqueda de fortaleza de un hombre, decirle que está hecho a la imagen de Dios tal vez no parezca muy animador al principio. Para la mayoría de los hombres, Dios está distante o es débil… lo mismo que dirían de sus padres terrenales. Sea sincero ahora, ¿Cuál es su imagen de Jesús como un hombre? Un amigo comentó: “No es Jesús del tipo sumiso y apacible? Quiero decir, las representaciones que tengo de Él muestran a un tipo amable, con niños a su alrededor. Es más, esas son las únicas imágenes que he visto de Jesús. Estas me dejan con la impresión de que fue el individuo más amable del mundo. Decirme que sea como Él es como si me dijeran que sea flojo y pasivo; que sea agradable; que sea magnífico.
Preferiría que me dijeran que fuera como William Wallace.

Del libro: Salvaje de corazón. John Eldredge.

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