El Trabajo

La Biblia presenta el trabajo como una actividad bendita.

Dios trabajó en la Creación seis días, y descansó el séptimo (“Y bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:3)
“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17)

El hombre, hecho a “imagen de Dios” (Génesis 1:27) imitó a su Padre Celestial trabajando en el huerto de Edén, donde Dios lo puso “para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15)

Es el pecado, al ser introducido entre los seres humanos, lo que torna ese trabajo en doloroso y molesto, haciendo que sus resultados no sean óptimos (“Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá. Con el sudor de tu rostro comerás el pan (Génesis 3:17-19)

A partir de ese momento, el término trabajo se utiliza a veces para señalar algo que se realiza con dolor o dificultad (“Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano” Salmo 10:14). Para señalar ese aspecto oscuro y negativo del trabajo, se usa en hebreo el vocablo amel (“…con todo, su fortaleza es molestia y trabajo” Salmo 90:10).  En el libro de Eclesiastés se utiliza mucho este término, tanto para señalar ese aspecto negativo del trabajo (“¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Eclesiastés 1:3), como para indicar también los aspectos positivos (“…es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce del bien de toda su labor. Eclesiastés 3:13). 

En el Nuevo Testamento se proclama con mucha claridad que el trabajo es un deber de todos, y se condenó la ociosidad (“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” 2 Tesalonicenses 3:10-12).
Los creyentes son alentados al trabajo (“El que hurtaba , no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” Efesios 4:28)

Lo contrario a la ociosidad no consiste en un laborar afanoso. También para el trabajo hay que ejercer templanza o dominio propio. Por lo cual el apóstol decía: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (“2 Tesalonicenses 3:12).

Nuevo Diccionario de la Biblia. Editorial Unilit

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