Héroes del Reino

Colosenses 1: 9-20

 Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo.
Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder.
Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz.
Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados.
Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles. sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia.
Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.

Introducción

Todas las especies de la naturaleza se diferencian entre sí por rasgos que le son propios. Se trate de un perro o un tiburón, es igual. Todos poseen esa suma de características que lo hacen un ser único. Escuchar a un león ladrar, y no rugir, constituye una patología.
El líder del reino de Dios posee de la misma manera esos rasgos únicos que lo identifican como tal y es su deber vivir de acuerdo a los mismos.

Características

1.- Andan como es digno del Señor (1: 10a)

-Andan es una referencia a la manera de vivir
-Digno (azios) se traduce como: meritorio, congruente, conveniente, propio, justo.
-Agradándole en todo. Todo lo que el líder del reino vive, así como la forma en que lo hace, busca tener la aprobación del Señor de ese reino. El líder del reino no agrada a los hombres, al mundo y a Dios, sino que debe exclusivamente agradar al Señor del reino o buscar su aprobación.
-El líder del reino no sirve a la iglesia con la ayuda del Señor. El líder del reino sirve al Señor y lo hace en el marco y a través de una organización llamada iglesia.

2.- Llevan fruto en toda buena obra (1: 10b)

-Llevan significa mostrar, dar a conocer.
-El fruto simboliza resultado, consecuencia, evidencia, producto.
-Buena obra. Son los buenos actos, la manera de vivir correcta y justa. Los resultados beneficiosos.
-El líder del reino no es un ejemplo de alguien que vive, hace o causa mal. Todo lo que lleva a cabo es bueno, justo y correcto. Esa es su naturaleza más básica. El problema de muchos no está en la doctrina, sino en la ética. La manera en que viven se contradice de un modo alarmante con lo que dicen creer.
-El líder del reino desarrolla una función, no ocupa un cargo. La función se relaciona con la vida de todo el organismo, termina siempre en un resultado acorde a la tarea en la que se desempeña. El cargo es una tarea que se cumple, pero la misma resulta una carga y por lo tanto puedo hacerla yo u otro cualquiera. No es algo vital, sino meramente administrativo.
-El líder del reino acepta que su obra no será medida por su cargo, sino por la función desarrollada y los consecuentes resultados de su obra.

3.- Crecen en el conocimiento de Dios (1: 10c)

-Crecer (autano) significa desarrollarse, multiplicarse, elevarse, llegar a ser más importante, alcanzar una posición de referencia.
-Conocimiento (edignosei) representa conocer, entender, reconocer, enterarse, apreciar.
-El líder del reino no se queda siempre en un mismo lugar. No se hincha, crece. Se desarrolla, se multiplica y progresa hacia arriba y adelante. La mayor parte de los problemas de unidad y división de las iglesias son ocasionados, más que por el diablo, por un liderazgo hinchado y  no desarrollado.
-En cuanto al conocimiento de Dios, no se conforma con saber el ABC del evangelio, sino que progresa para entender a Dios y aprecia altamente ese beneficio porque sabe que a mayor comprensión, mayor efectividad y alcance de la misión.
-El líder del reino se desarrolla hacia un conocimiento de Dios y sus cosas, lo cual lo hace estable, con buenas y profundas raíces en lo que a convicciones se refiere.

4.- Se fortalecen con todo poder (1: 11a)

-Fortalecido (dunamumenoi) significa poder, fuerza, hacer fuerte, capacidad. Define a alguien que se hace fuerte o es capacitado por el mismo proceso en el que se hace fuerte.
-El líder del reino tiene momentos de debilidad o flaqueza (no malentender de pecado), pero no muere allí, por cuanto se hace fuerte una y otra vez en todo sentido con los recursos que provienen del Señor del reino.
-Un líder en este nivel de comprensión difícilmente optará por el abandono y la deserción.
-El líder del reino sigue siendo líder aun en los momentos de conflicto, las pruebas o la enfermedad. La debilidad ha sido en muchos líderes una justificación para desaparecer. Sin embargo, la debilidad es también una oportunidad para hacernos fuerte (Joel 3:10)

5.- Perseveran con paciencia en toda situación (1: 11b)

-Perseverar (uponomen) significa persistencia, mantenerse firme, resistir, aguantar.
-El líder del reino se hace fuerte en el conflicto y se mantiene firme hasta que la tormenta pasa. Posee una alta capacidad de resistencia. Sabe que a veces el Señor lo sacará de inmediato de un problema y que otras veces le dirá simplemente que resista.
-Aguantar, resistir y mantenerse firme es lo que le da al carácter del líder cristiano la semejanza al de Cristo. La paciencia es la capacidad de esperar, mientras se aguanta en medio del conflicto, a que el Señor le haga ascender a nuevas realidades tanto de vida como de ministerio.

6.- Dan gracias a Dios con gozo (1: 12a)

-Dan gracias. El líder del reino le está agradecido a Dios. Agradece por lo que es y lo que tiene. No niega su gratitud porque no tenga lo que desea. Sabe conformarse con lo que posee y da gracias sinceras por ello.
-Con gozo. El gozo el la firmeza entusiasta por medio de la cual me mantengo firme. -El líder del reino sirve a su Señor con una gratitud, felicidad, alegría y entusiasmo que se nota en su cara.
-El líder del reino no es una persona amargada, seria, quejosa, iracunda o histérica, de eso hay mucho en las iglesias.
-El líder del reino no confunde la seriedad con la espiritualidad. Muchos no hacen más que convertirse en líderes y ya es suficiente para que dejen de reír.
-El líder del reino contagia las ganas de vivir y los deseos de servir o trabajar para el Señor del reino.
-El líder del reino celebra la vida y disfruta de ella con responsabilidad y alegría.

7.- Conclusiones.

-Tú y yo somos gente del reino de Dios. Lo quieras o no.
-Tú y yo no debemos buscar agradar o caerle bien a los hombres. Debemos exclusivamente agradar al Señor del reino.
-Tú y yo no debemos ser ejemplo de una manera de vivir dudosa o reprochable.
-Tú y yo tenemos mucha y muy buena doctrina, pero muchas veces queda empañada por una pésima ética.
-Tú y yo no debemos hincharnos, solo debemos crecer.
-Tú y yo debemos desarrollarnos, multiplicarnos y progresar siempre hacia arriba y adelante.
-Tú y yo triunfamos gracias a las fuerzas que nos llegan siempre del Señor del reino.
Tú y yo debemos ser entrenados en la unción de la resistencia para no ser tan rápidos en la queja y la deserción.
-Tú y yo no somos gente amargada, seria, quejosa, iracunda, histérica y desagradecida.
_Tú y yo somos gente alegre, contagiosa, que disfruta la vida y el servicio al Señor.

 

Biblia Héroes. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. NVI. Editorial Vida.

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Una Vida con Propósito

Beneficios de una vida con propósito

Conocer tu propósito da sentido a tu vida.

Fuimos creados para tener significado.
Cuando la vida tiene sentido puedes soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene resulta insoportable.
Sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido.
La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza.
La tragedia más terrible no es morir, sino vivir sin propósito.
La esperanza es tan esencial para tu vida como el aire y el agua.
Necesitas esperanza para poder salir adelante. Tener esperanza es el resultado de tener un propósito.
Si te has sentido desmoralizado, ¡hay esperanza! Experimentarás cambios positivos en tu vida al empezar a vivirla con con propósito.

 

Conocer tu propósito simplifica la vida.

Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer. Tu propósito se convierta en el patrón que usarás para evaluar qué cosas son esenciales  y cuáles no.
Formúlate la pregunta: Esta actividad que voy a realizar, ¿me ayudará a cumplir los propósitos de Dios para mi vida?
Sin un propósito definido no tienes fundamento alguno en qué basar tus decisiones, distribuir tu tiempo y usar tus recursos. Entonces tomarás decisiones basadas en las circunstancias, en las presiones y el estado anímico del momento. Los que no entienden su propósito suelen esforzarse demasiado; y eso causa estrés, cansancio y conflicto. Es imposible que logres hacer todo lo que los demás quieren que hagas. Sólo tienes tiempo para hacer la voluntad de Dios.
Si no logras terminarlo todo, significa que estás haciendo más de lo que Dios quiere que hagas (o quizás estás viendo demasiada televisión).
Vivir con propósito nos lleva a un estilo de vida más sencillo y a un plan de actividades más saludable.
“Hay quien pretende ser rico, y no tiene nada; hay quien parece ser pobre, y todo lo tiene” Proverbios 13:7 (NVI)
“Al de propósito firme guardará en perfecta paz, porque en ti confía” Isaías 26:3

Conocer tu propósito enfoca tu vida.

Esto hace que dirijas todo tu esfuerzo y energía en lo que es importante.
Te conviertes en una persona efectiva al ser selectivo.
Es natural que las cosas sin importancia nos distraigan.
Jugamos a la “ruleta rusa” con nuestras vidas.
Henry David thoreau observó que la gente vive una vida de “desesperación silenciosa”, pero hoy una descripción más exacta sería, una distracción sin propósito.
Sin un propósito claro, seguirás cambiando de dirección, de trabajo, de relaciones, de iglesia y muchas cosas más, esperando que cada cambio pueda resolver la confusión o llenar el vacío de tu corazón.
Piensa: “Esta vez quizás sea diferente”, pero eso no resuelve tu verdadero problema, es decir, la carencia de enfoque o propósito.
“No sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor” Efesios 5:17
No hay nada tan impactante como una vida centrada, vivida con propósito.
Los hombres y mujeres que han hecho las más grandes diferencias en la historia, han sido personas con un enfoque bien definido.
“Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y esforzándome por alcanzar lo que está delante” Filipenses 3:13.
Si deseas que tu vida impacte, ¡enfócala!
No trates de hacerlo todo. Haz menos.
Tienes que deshacerte aun de buenas actividades y concentrarte en hacer lo más importante.
Nunca confundas actividad con productividad.
Puedes estar ocupado sin propósito alguno.
Conocer tu propósito estimula tu vida.
El propósito siempre produce entusiasmo.
No hay nada que dé tanto ímpetu como tener un propósito claro.
El simple hecho de levantarse de la cama se convierte en una tarea ardua.
Por lo general, es el trabajo sin propósito, no el excesivo, el que nos acaba, nos deja sin fuerzas y nos roba el gozo. George Bernard Shaw escribió:
“Esta es la verdadera felicidad: ser usado para un propósito y poder reconocer su supremacía; ser una fuerza de la naturaleza en lugar de algo inconstante, un saco de males y lamentos, siempre quejándose de que el mundo no se da a la tarea de hacerlo a uno feliz”

 

Conocer tu propósito te prepara para la eternidad.

Muchos se dan a la tarea de emplear toda su vida en crear en la tierra un legado duradero. Quieren que se les recuerde después de muertos.
Lo más importante no es lo que otros dicen de tu vida, sino lo que Dios diga. Muchos no se dan cuenta que todos los logros personales son superados tarde o temprano; las marcas se rompen, la reputación se desvanece y los homenajes se olvidan.
“Cuando pase el tiempo, ¡alguien tirará a la basura todos tus trofeos!” James Dobson
Vivir para dejar un legado terrenal es una meta que revela muy poca visión.
El uso más sabio de tu tiempo es que edifiques un legado eterno.
No fuiste puesto en la tierra para ser recordado, sino para prepararte para la eternidad.
Llegará el día que estarás ante Dios; él hará un inventario de tu vida, un examen final antes de que entres en la eternidad.
La Biblia declara: ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! Está escrito: “Tan cierto como que yo vivo _dice el Señor_, ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua confesará a Dios”. Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí ante Dios. Romanos 14:10-12 (NVI).
Al leer la Biblia podemos imaginar que Dios nos planteará dos preguntas decisivas: Primero, ¿Qué hiciste con mi Hijo Jesucristo? Dios no cuestionará tu trasfondo religioso ni tu inclinación doctrinal. Lo único que tendrá relevancia será si aceptaste lo que Cristo hizo por ti y si aprendiste a amarlo y a confiar en él.
Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí” Juan 14:6.
Segundo, ¿Qué hiciste con lo que te entregué? ¿Qué hiciste con tu vida, dones talentos, oportunidades, dinamismo, relaciones y recursos que Dios te dio? ¿Lo gastaste todo en ti mismo o lo usaste para los propósitos para los que Dios te creó?

 

Vivir con un propósito es el camino a la paz.

“Al de propósito firme guardarás en perfecta paz, porque en ti confía” Isaías 26:3

 

Del libro: Una vida con propósito. Rick Warren. Editorial Vida.

La frase de los sabios

“Un héroe sabe que Dios tiene el control”

Una antigua leyenda cuenta que un famoso rey decidió convocar a sus principales sabios y eruditos a una asamblea para solicitarle un favor.

_Acabo de traer un gran anillo de mi última conquista _dijo el monarca_.
Es muy valioso y además me ofrece la posibilidad de que puedo guardar algo aún más valioso en su interior.
Necesito que ustedes, al final del día, me entreguen una frase que sea la más sabia que algún mortal haya escuchado jamás. Quiero que arriben a una conclusión a partir de toda su sabiduría y luego la escriban en un papel diminuto. Entonces yo guardaré esa frase en mi anillo. Y si algún día el infortunio permitiera que me encuentre en medio de una crisis muy profunda, abriré mi anillo y estoy seguro de que tal frase me ayudará en el peor momento de mi vida.

Así que los sabios pasaron el resto del día debatiendo cuál sería esa frase que resumiría toda la sabiduría que ningún humano había oído jamás.
Cuando cayó la noche, uno de los eruditos del reino, en representación de todos los demás, se acercó al rey con una frase escrita en un pequeño papel.

_Aquí está, su majestad. Sólo tiene que guardarla en su anillo y leerla en caso de que una gran crisis golpee su vida y su reino.

El monarca guardó el papel en su anillo y se olvidó del tema.

A los pocos años, el reino fue saqueado por los enemigos y el palacio reducido a escombros. El rey logró escapar entre las sombras y se ocultó detrás de unas rocas, en las afuera de su devastada corte. Allí, observando un precipicio, consideró la posibilidad de quitarse la vida arrojándose al vacío antes de caer en manos enemigas. Fue entonces que recordó que todavía conservaba el anillo y decidió abrirlo, desenroscó el diminuto papel y leyó: “Esto también pasará”. El rey sonrió en silencio y cobró ánimo para ocultarse en una cueva, en medio de la oscuridad, hasta que ya no corriera peligro. La leyenda dice que veinte años después el rey había recuperado todo su esplendor a fuerza de nuevas batallas y conquistas. El trago amargo había quedado atrás, y ahora regresaba triunfante de la guerra en medio de los vítores y aplausos de una multitud que no dejaba de ovacionarlo. Uno de los antiguos sabios que caminaba al lado del carruaje real, ya anciano, le susurró al rey:

_Su majestad, creo que hoy también debería volver a mirar el interior de su anillo.

_¿Ahora? ¿Para qué habría de hacerlo? No estoy en medio de una crisis, sino todo lo contrario _replicó el rey.

_Es que esa frase no solo fue escrita para los momentos difíciles, sino también para cuando crea que todo lo bueno pareciera que ha de perdurar por toda la eternidad.

El rey, en medio de los aplausos, abrió el anillo y volvió a leer: “Esto también pasará”. Y descubrió en ese mismo momento instante que sentía la misma paz que tuvo cuando estaba a punto de quitarse la vida. El mismo sosiego, la misma mesura lo invadió por completo. Aquel día descubrió que la frase que los sabios le habían entregado era para leerla en las derrotas y, sobre todo, en los tiempos de victoria.

Hubiera dado cualquier cosa porque alguien me contara esta fantástica historia cuando era mucho más joven.
Sin embargo, siempre digo que de tener una máquina del tiempo (como en la saga Regreso al futuro de Spielberg) viajaría al pasado para encontrarme conmigo mismo cuando tenía unos… diez u once años. No buscaría a nadie más, no hablaría con ninguno más, solo con Dante, a aquel niño que alguna vez fui. Lo enfrentaría cara a cara y le diría algo así como:

_No me preguntes quién soy, porque de todos modos no me lo vas a creer. Solo vine a regalarte una frase que quiero que guardes para siempre: “Esto también pasará”. Disfruta la adolescencia que te queda por delante, disfruta cada instante que puedas, no te pierdas el ahora por estar preocupado por el futuro. Todo va a salir bien, te lo aseguro. Algún día los exámenes, los complejos y la baja autoestima van a ser historia, y en unos años vas a reírte de tus problemas de hoy. Tu vida estará resuelta antes de lo que imaginas. Tranquilo, no hay nada malo más adelante. Finalmente vas a lograrlo.

¿Te dieron ganas de hacer lo mismo? Siempre que cuento esta historia, alguna lágrima se escapa de los ojos de aquellos que me escuchan, en esencia porque la mayoría le tenemos cierta lástima a aquel niño que alguna vez fuimos.

De alguna manera, esta frase es una especie de paráfrasis de muchas promesas bíblicas. El Señor nos habla de no estar afanosos por el día de mañana, de no preocuparnos por lo que vendrá, de disfrutar de las nuevas misericordias de Dios cada mañana. No obstante, por alguna razón, la ansiedad nos juega una broma pesada y sin querer nos va robando pedacitos valiosos del presente.

En estos años, he pasado momentos muy tristes, de mucha angustia, y también momentos muy felices, de mucha euforia. Y ambos momentos pasaron, quedaron en algún lugar, retratados a lo sumo en alguna fotografía. Pero no estoy interesado en vivir de recuerdos, no me gusta anclarme en las crisis ni en las victorias. No me hacen bien ni las críticas despiadadas ni los aplausos. Por esa razón es que repaso dicha frases a diario.
En la vida real me es difícil encontrarme con el niño que fui. El aplomo y la madurez hacen que cada día me sea más difícil reencontrarme con él. Sin embargo, uno no deja de jugar porque se hace viejo, sino que se hace viejo porque deja de jugar. Por lo menos, tengo la salvedad de que puedo disfrutar de ahora, el presente. Miro a mis dos hijos pequeños y antes de excusarme diciendo que estoy ocupado para jugar con ellos, recuerdo que “esto también pasará”, y que en algunos años ya no estarán en casa para jugar. Entonces abandono los proyectos de mañana y me dedico a mi hoy.

He decidido no pasarme el resto de mi vida pensando en lo que haré en dos años. No me interesa vivir pensando que la felicidad absoluta llegará el viernes en la noche, o el sábado por la tarde. O en el verano o la primavera. O una vez que me gradúe o viaje a aquel país. O cuando me jubile, mis hijos crezcan, o me pare ante una multitud. La felicidad no es un destino, es un trayecto. No es un lugar ideal a donde uno llega un buen día, sino un camino que vamos transitando poquito a poquito, con los pequeños fragmentos del hoy.

A cada lugar donde Dios me lleva, por lo menos dedico un mensaje para motivar a los jóvenes a que disfruten el hoy. No obstante, por sobre todas las cosas, deseo que la ansiedad de lo que todavía no tienen o no han vivido no les robe lo que ya tienen en sus manos, que nunca es poco. Por mi parte, estoy más que feliz con lo que Dios nos ha regalado en estos años. Aunque tengo muy en claro, por encima de todo, que incluso “esto también pasará”

Biblia Héroes. NVI. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. Editorial Vida.

Los tres grandes consejos

“Un héroe no deja que las críticas lo abrumen”

Durante algunos años tuve la fortuna de que me invitaran a predicar en algunas reuniones dominicales del servicio hispano de La Catedral de Cristal de Los Ángeles. Allí conocí a su anfitrión, el genial pastor Juan Carlos Ortiz. Quizás el mejor predicador que ha dado América Latina en muchísimo tiempo. Su sabiduría se mantiene intacta, su don de gente sigue siendo su principal adjetivo. Sus mensajes son tan demoledores y profundos como lo eran en los tumultuosos años setenta, cuando los casetes con sus grabaciones eran buscados como el oro y copiados a granel bajo cuerda, a pesar de que estaban proscriptos por la iglesia tradicional de aquel entonces.

Sin embargo, no fueron sus mensajes los que lograron subyugarme, sino esas charlas íntimas que logramos tener en mis visitas a su imponente iglesia a finales de los noventa. No fueron muchas, tres para ser exactos. Una en su oficina, otra en una cena en una marisquería, y la más reciente durante un asado que el mismo Juan Carlos me preparó en su casa de retiro en las montañas de California. Todo un honor.

Sería imposible transcribir toda la sabiduría que este hombre emana en conversaciones que parecieran surgidas como al descuido. Con todo, recuerdo los tres consejos más valiosos y significativos que pudo darme. En realidad, los he transformado en mi código de honor, mi estandarte de integridad.

Los he guardado desde hace casi diez años como mis tres preciados tesoros de sabiduría.
No obstante, no los leas a la ligera. Si es posible, memorízalos, átalos a tu cuello, escríbelos en las tablas de tu corazón. Son palabras sencillas, pero demasiado profundas para leerlas una sola vez.

Indudablemente, estos tres consejos de Juan Carlos son las últimas palabras que me gustaría decir antes de bajar al sepulcro. O la herencia que quisiera dejarles por escrito a mis hijos para que también hagan de ellos su bandera en la vida ministerial.

El primer consejo me lo dio en medio de un diálogo donde por aquel entonces yo le planteara que estaba inmerso en un mar de críticas. De esas despiadadas, que los cristianos solemos emitir en contra de otros pares sin medir las consecuencias, y lo que es peor, sin importarnos la motivación ajena. Recuerdo que a pesar de que realizábamos cruzadas multitudinarias, no lograba sentirme querido por mis consiervos.

_¿Te están dejando fuera del círculo? _me preguntó mirándome a los ojos.

_Algo así. No me lo han dicho, pero puedo sentirlo.

_Entonces voy a decirte lo mismo que el Señor me dijo a mí cuando también me sentí excluido:
¡Haz un círculo más grande y mételos adentro! Tan sencillo y rotundo como eso.
Si quieren dejarme afuera, de todos modos he decidido amarlos e incluirlos en mi vida. Aunque algunos no lo merezcan o no les interese. Mi estilo de vida se basa en agrandar el círculo. Independientemente de la opinión que otros tengan acerca de mí.

El segundo gran consejo lo recibí cuando le pregunté si al sentirse rechazado (como todo pionero, Juan Carlos fue duramente atacado por la iglesia tradicional hace muchos años) acaso no sentía ganas de reclamarle al Señor el hecho de tener que pagar un precio tan alto por haberse entregado a una visión.

_Una vez acudí al Señor con esa misma queja _me confesó_. Le mencioné que algunos hermanos no me amaban y me rechazaban. Fue en ese momento que me dijo: “Tranquilo, Juan Carlos, yo di mi vida en la cruz para que me amaran a mí, no a ti”. ¿Entiendes querido? ¡Él nunca prometió que te amarían a ti! Cuando en realidad estés consciente de eso, lograrás quitarte un gran peso de encima. No tendrás una pérdida de energía pensando en todos aquellos que no te aman, porque tu meta no será que te acepten a ti, sino al Señor.

El tercer consejo no sonaba como tal, más bien era una pregunta que de forma recurrente Juan Carlos me hacía cada vez que visitaba La Catedral.

_¿Ya hiciste la lista de las personas con las que estás dispuesto a fracasar?

La misma era una cuestión movilizadora, inquietante. A nadie le gusta fracasar, mucho menos a un líder. Esa no es una pregunta que alguien quisiera oír. Queremos saber cómo tener éxito, pero no nos importa saber con qué personas nos va a ir mal.

_¿Por qué debería fracasar? _pregunté incrédulo.

_Porque si no decides con cuáles personas te va ir mal, lo más probable es que seas un híbrido que termines agradando a todo el mundo y nunca lograrás dejar una huella en la historia.

Yo decidí que quiero fracasar con los religiosos, estoy consciente de eso, hasta tengo una lista de quiénes son y eso hace que no me lastime. Por el contrario, me hace bien para mi salud emocional y espiritual. No fracaso con ellos porque hice algo mal, o ni siquiera porque ellos lo han determinado. Es mi propia decisión.

Contundente. Frontal. Fue allí cuando me di cuenta de que al final ese día llegaría para mi ministerio. El momento de inflexión en que debería elegir entre complacer a todos y salir a explicar cada visión que Dios me daba, o hacer lo encomendado, sabiendo en quiénes y en qué estoy enfocado.

_De todos modos, aquellos con los que decidas fracasar siempre serán parte de tu familia, al fin y al cabo, les guste o no, te tendrán que aguantar. Es como cuando uno no quiere a un cuñado, o un primo, pero en los cumpleaños o en las navidades él siempre está ahí, sentado a la mesa. Es la familia, y eres parte de ella, aunque les desagrades a algunos. Tu preocupación debiera ser que a causa no se pierda algunos de los de afuera, no te preocupes por los de adentro, ellos ya son salvos. Enfócate en la gente correcta, en los que estén alineados con tu visión.

Agranda el círculo para meterlos dentro.
El Señor no murió para que te amen a ti.
Haz una lista de aquellos con los que fracasarás.

Sin duda, estos son tres grandes tesoros que hoy quise regalarte, así como un día Ortiz lo hizo conmigo. Solo tienes que apreciarlos y recordarlos cada vez que odien tu túnica de colores y te arrojen en una cisterna. Si recuerdas las tres perlas, algún día vas a abrir los graneros y compartir con tus propios hermanos, sin rencores, de lo mucho que Dios te dio.

 Biblia Héroes. NVI. Con los mejores mensajes y notas de Dante Gebel. Editorial Vida.