La Fe

Es pues la fe
la certeza de lo que esperas
Es pues la fe
el motor que impulsa tus velas
La fe te hace descubrir
el poder que se encierra en ti
para ver lo que no se ve
para poder seguir

Es pues la fe
la moneda que adquiere todo
Es pues la fe
mas valiosa que el mismo oro
La fe te sostiene mirando hacia el frente
Por la fe lucha fuerte quien espera algo más

La fe mueve montañas
y eso tu lo conoces
La fe hace que viva lo que ya estaba muerto
por la fe cobra aliento
La fe no admite dudas y no cruza los brazos
No se sujeta al tiempo
No se rinde al fracaso
La fe sigue luchando
Por la fe estamos vivos
Por la fe es que soñamos
Por la fe en Su palabra cruzaremos el mar
y lo haremos cantando

Es pues la fe
el lenguaje de los que triunfan
Es pues la fe
lo que te hace llegar arriba
La fe te hace producir lo que no has producido
La fe te abre el camino hacia tu libertad
Por la fe levántate y anda
Por la fe extiende tus alas
Nada podrá detener el poder de la fe

La fe mueve montañas…

René González. CD: Mi Señor y Yo.

Acción de Gracias

1 Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos.

2 Me postraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas.

3 El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma.

4 Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, porque han oído los dichos tu boca.

5 Y cantarán de los caminos de Jehová, porque la gloria de Jehová es grande. 

6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.

7 Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra.

8 Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.

 

Salmo 138. Santa Biblia. Reina – Valera 1960

Las Condiciones Básicas

¿Puede Dios cambiar a la gente? Sí, El puede, pero siempre lo hace a Su manera. Antes de que pueda dar los primeros pasos hacia el cambio positivo, es conveniente advertirle que existen tres condiciones básicas que debe aceptar. Si hace a un lado alguna de ellas, entonces no progresará en la liberación de su hábito pecaminoso. ¿Cuáles son estas condiciones?

 

La Primera Condición

En primer lugar, debe creer que Dios es Bueno. Debido a la maldad que existe en el mundo, es muy difícil aceptar la realidad de la bondad de Dios. Sin embargo mientras no creamos esto de todo corazón, estaremos paralizados en nuestro crecimiento cristiano.
No es sorprendente que el primer movimiento de Satanás en el huerto de Edén fue hacer que Eva dudara de la bondad de Dios. Sus palabras fueron: “No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4,5). Lo que quería decir era: “¡Dios les está restringiendo porque no quiere que ustedes obtengan su potencial! Ustedes tienen el derecho inherente de ser como El, pero como no lo permitirá, no está de parte de ustedes”.
Satanás convenció a Eva para que creyera que Dios en realidad no tenía los mejores deseos para ella, y de que la detenía para que no desarrollara todo su potencial. Eva creyó la mentira.
Hoy en día Satanás usa una estrategia similar para hacer que nos sintamos insatisfechos con la voluntad de Dios para nosotros. Nuestro enojo ante las circunstancias y nuestra rebelión contra los mandamientos de Dios radican en nuestra falta de confianza en la bondad de Dios.
La muchacha soltera pregunta: “¿Cómo puede Dios ser bueno? Si lo fuera, ya me hubiera dado un compañero. ¿Qué no sabe lo sola que estoy?”
El hombre de mundo hace el siguiente razonamiento: “¿Por qué Dios me restringe del placer? Cuando tengo hambre, como; cuando quiero placer sexual, lo obtengo. Un Dios que limite mi forma de vivir no puede ser bueno. Y, si lo fuera, entonces me ayudaría a encontrar a alguien que realmente me satisfaga”
El alcohólico se queja: “Si Dios fuera bueno, me daría un trabajo decente. Después de todo, ¿no fue la presión económica la que me indujo a tomar? ¿Por qué Dios no me saca de este caos? ¿Es bueno Dios? Bueno ¿para qué?

Una vez aconsejé a una mujer que necesitaba confesar el pecado de amargura. Su respuesta fue: “Si Dios me ama, ¿por qué permitió que mis padres me trataran como lo hicieron? ¡Un Dios bueno nunca hubiera permitido que eso sucediera!” ¿Se liberó de la amargura? No. Ella no podía perdonar a sus padres porque no podía perdonar a Dios.
Si usted es una persona que se preocupa mucho, entonces es que duda de la bondad de Dios. Tiene miedo de que Dios le permitirá que vengan circunstancias a su vida que no serán lo mejor para usted. Si usted es codicioso y voraz, entonces duda de que Dios sea realmente bueno con usted. Si experimenta enojo incontrolable, es que se está rebelando contra la voluntad de Dios para su vida.
Observe como ese pecado que no quiere dejar, está echando raíces de duda acerca de la bondad de Dios. No confía en que El hace lo mejor para usted, porque cree que lo que usted piensa es lo mejor.
Regresemos por un momento más a la historia en el huerto de Edén. Notemos como Satanás enfocó la restricción e hizo que Eva no viera la bendición de Dios. Es cierto, había un árbol del cual ella no podía disfrutar, pero había cientos de los cuales sí podía. ¿Acaso Satanás  le mencionó la cantidad de árboles de los cuales sí se le permitía comer? No lo creo. El hizo énfasis en lo negativo, y Eva se olvidó de la generosidad de Dios y de Su gracia. De la misma manera sucede hoy en día. Satanás hace que fije su atención en una cosa, en una restricción o en una carga. En ese momento él tratará de convencerlo de que la forma de actuar de Dios no es la mejor, y no le dará importancia a lo que El le pueda ofrecer.
¿Duda de la bondad de Dios? ¿Está totalmente preparado para aceptar que la voluntad de Dios es perfecta y agradable? ¿Qué pensaría si Dios eliminara ese deseo, esa debilidad? Si El le liberara de los pensamientos sensuales, se sentiría defraudado? Si le negara el placer del matrimonio, ¿se sentiría decepcionado? Si llegara a obtener la victoria sobre los cigarros o el alcohol, ¿se resentiría porque se le niega un poco de placer?
Tal vez está comenzando a entender por qué no puede empezar a romper su hábito pecaminoso hasta que crea en la bondad de Dios. La razón es simple: si duda de la bondad de Dios, no querrá cambiar. Estará pensando que Dios le quiere robar, en lugar de enriquecerlo.
He descubierto que el problema más frustrante al tratar de ayudar a aquellos que vienen a mí por un consejo, es que la mayoría de la gente realmente no quiere cambiar. Por supuesto, están dispuestos a hacer unos pequeños ajustes, especialmente si es que su conducta les está provocando problemas. Pero la mayoría se siente a gusto con su pecado, siempre y cuando lo tengan “bajo control”, y muchas veces prefieren que Dios mantenga un mínimo de participación en sus vidas.¿Qué es lo que causa esta falta de entusiasmo para librarse del pecado? Tenemos miedo de perdernos de algún placer digno de ser disfrutado. Nos preguntamos si realmente la forma de actuar de Dios es la mejor.
Si duda de la bondad de Dios, no sólo se resistirá al cambio, sino también lo va a temer.
Incontables cristianos se resisten rendirse a Dios, temerosos de lo que Dios pueda pedirles. Los puede guiar a ser misioneros, dejar que se queden solteros, o requerir de ellos que dejen su amor por el dinero o que dejen de buscar los placeres pecaminosos.
Cuando duda de la bondad de Dios, entonces estrecha fuertemente a los pecados, temeroso de que Dios le robe su pasatiempo, su placer. Algunas veces se siente movido a dejar su pecado, pero pronto descubre que no puede arriesgarse a la pérdida.
Pero, ¿en realidad su manera de hacer las cosas es mejor que la de Dios? ¿En verdad, en el huerto de Edén, Satanás fue el hombre bueno y Dios el villano?
Jesús aclara el asunto: “El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir, yo he venido para que la tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10)
Creer que su manera de hacer las cosas es mejor que la de Dios, es tomar el lugar de Eva y preferir la mentira de Satanás. No importa cuantos placeres le pueda ofrecer Satanás, su intención verdadera es arruinarlo. Su más alta prioridad es su destrucción.
En el lado positivo, si acepta el hecho que Dios es bueno, habrá dos resultados:
(1) Se rendirá a El sin reservas ni temor de ser engañado, y
(2) estará sediento de un cambio, sabiendo que los pozos de agua del mundo no se pueden compara con la refrescante agua que Cristo promete.

 

La segunda condición

¿Cuál es la segunda regla fundamental que debe aceptar? Que usted es totalmente responsable de su conducta. Todos nacemos con la propensión de evadir la culpa. Los niños tienen una asombrosa habilidad para deslizar la responsabilidad hacia otros. Eso comenzó en el Edén; Dios le preguntó a Adán: “¿Has comido del árbol que yo te mandé no comieses? La pregunta era directa y podía haber sido contestada con un “Sí”. Pero Adán respondió: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:11,12). Lo que realmente dijo Adán es: “Es tu culpa; estoy arruinado con esta mujer débil de voluntad que Tú creaste”. De esta manera Adán culpó tanto a Dios como a su esposa, antes de admitir que él era también parte del hecho.
Tome nota de su lógica. Dios creó a la mujer, la mujer comió del fruto, y después se lo dio a él. El creyó que si Dios no hubiera creado a Eva, o Eva no hubiera desobedecido, él no habría pecado. Por lo tanto, él no era culpable. Eva no estuvo mejor en lo que se refiere a aceptar su responsabilidad. Ella dijo: “La serpiente me engañó, y comí”. Ella tampoco era responsable. Nadie era responsable; la culpa fue de Dios.
¿En verdad lo fue? Es cierto; Dios creó el árbol, la mujer, el hombre y, a Lucifer también, quien se convirtió en el diablo. Dios pudo haber creado un jardín sin árbol prohibido y haberle prohibido la entrada a Satanás. Sí, un Dios soberano podía haber hecho todo diferente. Pero Eva tomó una decisión; lo mismo Adán. Así que ellos debían cargar toda la
responsabilidad de su decisión. La serpiente también tuvo su parte; cada uno tomó una decisión; cada uno tuvo su culpa. La responsabilidad humana fue establecida para siempre en el huerto. Cada individuo deberá cargar la responsabilidad de sus decisiones.

Por supuesto, debemos ser sensatos al hablar de esto.
Algunas personas están perturbadas porque fueron víctimas de algún abuso físico o emocional. Otros llevan una vida de pecado debido a los valores equivocados de sus padres. En cierta medida todos somos producto de nuestra herencia y ambiente. Pero aun cuando aceptemos esto, todos sabemos que la sociedad civilizada no puede subsistir a menos que se acepte la responsabilidad individual de las propias acciones. Somos responsables ante nuestra familia, nuestro patrón, la sociedad, la iglesia y ante Dios. Toda persona madura necesita dejar de culpar a los demás y comenzar a tomar plena responsabilidad de lo que él o ella es, pensando en el pasado, presente y futuro. 

Un prominente hombre dijo con relación al asesino de Robert Kennedy: “No lo culpo a él, sino a la sociedad que lo ha producido”.

Will Rogers  una vez dijo acertadamente que había dos eras en la historia americana: cuando pasó el búfalo, y cuando pasó el colono.
No podemos exagerar el daño que ha infligido a los individuos la enseñanza de Sigmund Freud que dice que aquellos que tienen una conducta equivocada es porque están enfermos. No responsabilizamos a las personas por enfermarse de gripe, sarampión o cáncer. Tenemos hospitales, no prisiones para los que están físicamente enfermos, porque no tienen culpa moral alguna por su enfermedad. La implicación Freudiana reprochable es: Si no somos responsables por la enfermedad física, ¿por qué habíamos de ser culpados por un crimen, el cual es síntoma de una enfermedad mental?
Decir que un violador, un asesino o un ladrón, es un enfermo, es llegar a la conclusión que no debería ser castigado. Después de todo, lo que sucede es que “se contagió” de una rara enfermedad; es víctima de fuerzas más allá de su control. Recientemente, mi esposa y yo mirábamos en la televisión una entrevista con un doctor que afirmaba que las peculiaridades de nuestra conducta se originan en la experiencia de nuestro nacimiento. Si un niño nace en un cuarto ruidoso, con demasiada luz y ambientalmente inamistoso, entonces desarrollará hostilidad para su vida adulta.
Si un adolescente está en problemas, la culpa es de los padres, fueron muy estrictos o muy suaves. O tal vez fue su ambiente; creció en un hogar rico. Todos saben que la riqueza produce aburrimiento y este conduce al crimen. Pero, también puede ser que no sea responsable porque viene de un hogar pobre; la pobreza lleva al hombre a las drogas, el sexo y el crimen. Aun en una prisión es difícil encontrar a una persona que se considere culpable.

Las escuelas de psiquiatría moderna basadas en este principio no bíblico, han fallado al tratar los problemas emocionales. Estos psiquiatras se han convertido en “buscadores” profesionales, urgando, a través del pasado, las presiones del presente, las ansiedades del futuro, buscando un aparador en dónde colocar la culpa.

¡Qué opuesto a las Escrituras! La Biblia le llama a cada individuo un pecador. Somos totalmente responsables de nuestras decisiones. Aunque esto es una píldora difícil de pasar para algunos, es básico para nuestra esperanza de que Dios nos puede cambiar. Después de todo, si somos responsables, estamos en control de nuestras decisiones. Podemos cambiar. ¡Y podemos escoger que Dios nos cambie!

La Biblia enseña que cada persona es responsable. Nadie puede obligarlo a ser promiscuo, o implantarle una úlcera. Estos patrones de conducta no son causados por las circunstancias, sino más bien por  su respuesta a las circunstancias. Y, aún en esas ocasiones cuando es empujado por las pasiones más allá de su control, usted elige. Por lo tanto, usted es responsable.

La puerta de la esperanza comienza a abrirse cuando se asume la responsabilidad por sus pecados, admitiendo su culpa. Cuando usted llama a algo pecado, entonces hay posibilidad de liberación, pues Cristo vino a llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Cuando asume la responsabilidad por su pecado, entonces descubre que es candidato para la misericordia y el poder de Dios. Un amigo mío lo explicó de la siguiente manera: “Ocasionalmente Dios sana las enfermedades, pero siempre tiene una cura segura para el pecado”. El asumir la responsabilidad también restaura la dignidad que Dios le dio. Dios no lo creó como una víctima de sus circunstancias, ni como esclavo de su estructura genética. Puede elevarse sobre su pasado y no tiene por qué ser empujado hacia un molde, ya sea de su ambiente o su herencia.

Como Adán, todos nos sentimos tentados a decir: “Los padres que me diste…” o, “Los amigos que me diste…” o, “Las pasiones que me diste…” Muchas personas han gastado una pequeña fortuna buscando ayuda profesional para explorar los problemas que podían haberse resuelto si hubieran estado dispuestas (y hubieran sido ayudadas) a aceptar la responsabilidad de sus acciones.

Si todavía está luchando tratando de explicar por qué su situación es única, lamentándose de que no entiende lo mal que ha sido tratado, o por qué fue aprisionado en cierto hábito, entonces probablemente ha fallado en el segundo examen requerido para ser aceptado en el programa de cambio de carácter que Dios ofrece.

 

La Tercera Condición

Si ya ha avanzado hasta aquí, todavía le falta aceptar una proposición más para empezar a trabajar con ese hábito molesto y testarudo. Es tan simple como esto: Debe creer que es posible la liberación.
Dios hizo una promesa a Adán y Eva, quienes pecaron tan flagrantemente, que el poder de Satanás sería vencido. “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). El mensaje fue claro: En el conflicto, Satanás sólo lastimaría el talón de Cristo, mientras que Cristo destruiría la cabeza de la serpiente. La victoria sobre el pecado y sobre Satanás es una posibilidad para los cristianos.
El Nuevo Testamento, es sobre todas las cosas, un libro de esperanza. Detalla como Dios cumplió esta promesa. No hay pecado alguno  que necesariamente deba vencerlo. Dios ha provisto en forma espectacular una manera de escapar.

“No os ha venido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentado más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”(1 Corintios 10:13). En este versículo notamos dos cosas.
– No puede alegar que su caso es único o especial. Es verdad que no hay dos situaciones idénticas, pero sus luchas básicas en contra de las pasiones del mundo, su naturaleza pecaminosa y Satanás, son las mismas que otros han enfrentado. Se puede consolar con el hecho de que está experimentando una tentación que alguien más ya ha enfrentado, exitosamente. José no sucumbió a la lujuria; Moisés conquistó el orgullo; Elías se sobrepuso a la depresión.
Pero ¿qué sucede con la gente que está involucrada en los pecados más terribles de idolatría, adulterio, homosexualidad, alcoholismo o cleptomanía? Una iglesia del Nuevo Testamento, en la ciudad de Corinto, tenía este tipo de personas, quienes habían sido liberadas de su pecado. Pablo hizo una lista de estos pecados después añadió: “Y esto eráis algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificado en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Su situación no es única. Alguien ya ha enfrentado su problema y ha salido victorioso.

– Pablo afirmó que Dios nos daría los recursos para enfrentarnos con todas las tentaciones. Un Dios fiel no espera que usted haga lo que no puede hacer; El suple la necesaria fortaleza. Si usted dice: “Sé que debo hacerlo, pero no puedo”, ¿entonces qué?
¿Recuerda la historia de la batalla entre los hijos de Israel y Amalec? Cuando llegó el momento de la batalla, dijo Moisés: “…yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano… Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro  de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”. Después de esta batalla, “Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-Nisi (Jehová es mi estandarte) (Éxodo 17:9-15)
Si realmente cree que no puede hacer lo que debería, entonces necesita la ayuda del pueblo de Dios. Necesita a alguien que sostenga sus brazos débiles, que le ayude a caminar derecho en la senda, para consolarlo, para darle fortaleza, para orar por usted. Sin embargo, si dice: “No puedo”, y lo deja pasar, entonces está poniendo en tela de duda la integridad del carácter de Dios o la validez de su propia fe.

¿Por qué es tan esencial para usted creer que la victoria sobre su pecado es posible? Simplemente porque nadie puede ganar una guerra cuando cree que no puede ganarse. Ir a la lucha creyendo de antemano que no puede darse una victoria permanente, es sucumbir ante el enemigo antes que la campaña se inicie.

Nosotros los cristianos a veces hemos sucumbido ante el enemigo al asumir que algunos pecados no pueden ser desalojados. Tal incredulidad produce pesimismo, desobediencia y desánimo. La enseñanza del Nuevo Testamento es que todas las cosas son posibles con Dios, para aquel que cree.

Mencione ahora su pecado y diga: “Gracias, Dios, porque la liberación es posible”. Dios tiene una amplia experiencia en liberar a Su pueblo de la tentación. Pedro escribió: “Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9). 

Aplicación sugerida

1) Dios es Bueno. Afirme su creencia en la bondad de Dios leyendo los siguientes versículos: Ex. 33:19; 34:6; Sal. 27:13; 31:19; 34:8; 65:4; 86:5; 106:1; 107:8-9; 145:7; Stg. 1:17.

2) Usted es totalmente responsable de su conducta. No hay duda de que David pasó tiempo tratando de encontrar excusas para justificar su pecado con Betsabé. Por ejemplo: circunstancias inesperadas lo guiaron a verla en el momento en que su esposo estaba fuera de la ciudad. Dios pudo haber controlado las circunstancias. Lea la oración de arrepentimiento de David en el Salmo 51, y considere las siguientes preguntas:
¿Qué evidencia existe de que David por fin asumió total responsabilidad de lo que había hecho?
¿Qué evidencia existe  de que David se dio cuenta de que el pecado es más serio que simplemente herir a alguien?
Ahora lea Romanos 1:18-32. Trace la espiral del pecado, preguntándose: ¿Por qué es responsable el hombre de su conducta?

3) La liberación es posible. ¿Cuál pecado cree usted que es el más difícil de vencer? Ahora lea Lc. 1:37; Jn. 8:32; He. 3:12. ¿Por qué piensa que fallamos tantas veces en utilizar los recursos de Dios?

4) Trate de pensar en las ilustraciones bíblicas de aquellos que resistieron victoriosamente a la tentación. ¿Por qué fueron ellos victoriosos?

 

Libro: Cómo decir NO a los hábitos pecaminosos aunque sientas deseos de decir sí. Erwin W. Lutzer. Ediciones Las Américas. 1996.

Dios levanta al pobre

Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.
Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y para siempre.
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová.
Excelso sobre todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria.

¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?
El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.
El hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos.
Aleluya.

Salmo 113. Santa Biblia. Reina-Valera 1960.

Una mano desde el cielo

Séneca exclamó: “Oh, si tan sólo una mano bajara desde el cielo para liberarme del pecado que me domina”. Su clamor ha tenido eco a través de los siglos. Todos hemos deseado ese milagro.

Los hábitos pecaminosos comienzan en forma inocente, pero si no los controlamos, ellos nos controlarán. Todos hemos experimentado el circulo vicioso de gozar de un placer prohibido; sentirse culpable; decidir no volver a hacerlo; enorgullecernos enseguida de nuestro autocontrol, y entonces caer de nuevo. Cada vez que repetimos la acción, el surco se hace más profundo y la cadena se pone más tensa.

Cuando nos disculpamos diciendo que “somos humanos”, estamos siendo pesimistas, inclusive retadores, y pronto caemos víctimas de un pecado que rehúsa removerse. Este patrón de conducta se hace tan familiar que a la larga nosotros tampoco queremos cambiar. Cuando aceptamos una “incómoda complacencia”, nos llegamos a sentir a gusto con nuestro pecado del enojo, lujuria, preocupación, glotonería, pereza, amargura y egoísmo, excepto de vez en cuando, al surgir ciertos intentos de corrección.

¿Podemos realmente liberarnos de la rutina de un paso adelante y dos atrás? A veces pensaba yo que la respuesta era NO. A pesar de que sinceramente trataba de someterme a Dios, siempre mantenía cierta debilidad (pecado sería la palabra correcta), y concluía que simplemente tenía que vivir con ella. Después de todo, nadie es perfecto.

Pero yo sabía que mi fracaso privado no honraba a Cristo, quien ganó la victoria en la cruz. ¿No nos prometió que por ello nosotros podríamos ser libres?. A través de muchos fracasos y pocas victorias he descubierto que aun el pecado más persistente puede ser desarraigado. Podemos liberarnos de los pecados, aun de aquellos más recónditos en nuestra alma.

Imaginemos que constantemente es atacada en un punto vulnerable de una de sus murallas. Generalmente el enemigo abusa de la misma debilidad, con asombroso éxito. ¿No cree usted que los habitantes reconstruirían la fortificación defectuosa para estar preparados para el siguiente ataque? Sin embargo, incontables cristianos sucumben repetidamente a las mismas tentaciones sin desarrollar un plan de construcción para fortalecer sus defensas. Han aceptado el fracaso como estilo de vida y dicen: “Así soy yo”

Dios tiene un plan diferente, para el cual nos ha dado un mensaje de libertad y esperanza. Es cierto que no existen los milagros fáciles. Nuestro éxito no será ni instantáneo, ni automático. Las soluciones fáciles llevan a expectativas falsas, las cuales, a su vez, producen decepción e incredulidad. El aplicar los principios bíblicos requiere tiempo y disciplina. Pero es posible lograr un progreso seguro y constante. Incluso los patrones de conducta pecaminosa, practicados por mucho tiempo, pueden ser reemplazados por actitudes y acciones sanas.

Séneca no supo que su deseo había sido concedido. Dios bajó desde el cielo para liberarnos de los pecados que nos dominan. Este libro presenta un camino, paso a paso, hacia la libertad que Cristo nos ha traído. Explorémosle juntos.

Erwin W. Lutzer

Libro: Cómo decir NO a los hábitos pecaminosos aunque sientas deseos de decir sí. Erwin W. Lutzer. Ediciones las Américas.