Una mano desde el cielo

Séneca exclamó: “Oh, si tan sólo una mano bajara desde el cielo para liberarme del pecado que me domina”. Su clamor ha tenido eco a través de los siglos. Todos hemos deseado ese milagro.

Los hábitos pecaminosos comienzan en forma inocente, pero si no los controlamos, ellos nos controlarán. Todos hemos experimentado el circulo vicioso de gozar de un placer prohibido; sentirse culpable; decidir no volver a hacerlo; enorgullecernos enseguida de nuestro autocontrol, y entonces caer de nuevo. Cada vez que repetimos la acción, el surco se hace más profundo y la cadena se pone más tensa.

Cuando nos disculpamos diciendo que “somos humanos”, estamos siendo pesimistas, inclusive retadores, y pronto caemos víctimas de un pecado que rehúsa removerse. Este patrón de conducta se hace tan familiar que a la larga nosotros tampoco queremos cambiar. Cuando aceptamos una “incómoda complacencia”, nos llegamos a sentir a gusto con nuestro pecado del enojo, lujuria, preocupación, glotonería, pereza, amargura y egoísmo, excepto de vez en cuando, al surgir ciertos intentos de corrección.

¿Podemos realmente liberarnos de la rutina de un paso adelante y dos atrás? A veces pensaba yo que la respuesta era NO. A pesar de que sinceramente trataba de someterme a Dios, siempre mantenía cierta debilidad (pecado sería la palabra correcta), y concluía que simplemente tenía que vivir con ella. Después de todo, nadie es perfecto.

Pero yo sabía que mi fracaso privado no honraba a Cristo, quien ganó la victoria en la cruz. ¿No nos prometió que por ello nosotros podríamos ser libres?. A través de muchos fracasos y pocas victorias he descubierto que aun el pecado más persistente puede ser desarraigado. Podemos liberarnos de los pecados, aun de aquellos más recónditos en nuestra alma.

Imaginemos que constantemente es atacada en un punto vulnerable de una de sus murallas. Generalmente el enemigo abusa de la misma debilidad, con asombroso éxito. ¿No cree usted que los habitantes reconstruirían la fortificación defectuosa para estar preparados para el siguiente ataque? Sin embargo, incontables cristianos sucumben repetidamente a las mismas tentaciones sin desarrollar un plan de construcción para fortalecer sus defensas. Han aceptado el fracaso como estilo de vida y dicen: “Así soy yo”

Dios tiene un plan diferente, para el cual nos ha dado un mensaje de libertad y esperanza. Es cierto que no existen los milagros fáciles. Nuestro éxito no será ni instantáneo, ni automático. Las soluciones fáciles llevan a expectativas falsas, las cuales, a su vez, producen decepción e incredulidad. El aplicar los principios bíblicos requiere tiempo y disciplina. Pero es posible lograr un progreso seguro y constante. Incluso los patrones de conducta pecaminosa, practicados por mucho tiempo, pueden ser reemplazados por actitudes y acciones sanas.

Séneca no supo que su deseo había sido concedido. Dios bajó desde el cielo para liberarnos de los pecados que nos dominan. Este libro presenta un camino, paso a paso, hacia la libertad que Cristo nos ha traído. Explorémosle juntos.

Erwin W. Lutzer

Libro: Cómo decir NO a los hábitos pecaminosos aunque sientas deseos de decir sí. Erwin W. Lutzer. Ediciones las Américas.

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