El Tesoro Oculto

En el aire se sentía la densa fragancia de las uvas, y las hileras de racimos colgaban pesadamente bajo las atestadas ramas. Era un viñedo espléndido y muy bien cuidado. Las uvas, redondas y púrpuras, reventaban de maduras.

_¿Cómo hacen para obtener uvas tan espléndidas? _preguntó el granjero del valle próximo, a los tres hermanos que la cuidaban.

El mayor descansó un instante sobre su azadón y respondió:

_Cuando nuestro padre yacía en su lecho de muerte, nos llamó a su lado y nos dijo que el viñedo nos pertenecí a los tres. Y nos encargó que trabajásemos sin descanso, para encontrar un valioso tesoro enterrado en el suelo, alrededor de las vides.

_Durante algún tiempo, trabajamos día y noche con las azadas, hasta revolver toda la superficie de la granja _intervino el segundo hermano.

_Y no tardamos en notar que nuestras vides, que al principio habían sido bajas y enfermizas, se volvían cada día más fuertes y su fruto más dulce.

_¡Ya lo veo! _exclamó el granjero_.  El delicioso fruto que obtienen ahora es el tesoro oculto. En verdad, la laboriosidad misma es un tesoro. Y se inclinó sobre el enrejado, para arrancar uno de los tentadores racimos que se ofrecían generosos.

El tesoro más valioso consiste en trabajar con dedicación.

Esopo

 

Fábulas. Esopo, Iriarte y Samaniego. Editorial Panamericana. 2005.

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