No creo en el fracaso

Es urgente, si piensa en ellos, que abandone los pensamientos de fracaso, porque si piensa en la derrota, usted la tendrá. Adopte la actitud de “no creo en el fracaso”

Quiero contarle algo acerca de personas que han llevado esa filosofía a la práctica, con resultados asombrosos, y le explicaré las fórmulas y técnicas que usaron con tanto éxito. Si lee, con atención, estas anécdotas, cuidadosa y reflexivamente, creyendo como esa gente, pensando positivamente y poniendo las técnicas en acción, también usted vencerá el fracaso que ahora le parece inevitable.

Espero que no sea  “un hombre obstáculo” como alguien de quien me hablaron.
Le llamaron “hombre obstáculo” porque siempre que se hacía una proposición, oponía todos los posibles obstáculos que se ofrecían en conexión con la misma.
Pero este hombre encontró la horma de su zapato, y recibió una lección que le hizo cambiar esa actitud negativa.
La cosa sucedió de la siguiente forma:
Los directores de la empresa a la que pertenecía estudiaban un proyecto, en el cual se encerraba la posibilidad de grandes éxitos, así como de gastos considerables y riesgos definitivos. En las discusiones relativas a este asunto, “el hombre obstáculo” solía decir, invariablemente, y siempre con aire de suficiencia (este tipo de personas se muestran doctorales, probablemente, para encubrir sus sentimientos de duda):
“¡Un momento! Tengamos en cuenta los obstáculos que envuelve”

Otro hombre que hablaba muy poco, pero a quien se le tenía gran consideración por sus capacidades, sus aciertos y su característico don de seguridad, le preguntó:

_¿Por qué  subraya constantemente los obstáculos de esta proposición e ignora sus posibilidades?
_Porque hay que actuar con realismo, para ser inteligentes, y en ese proyecto hay obstáculos que son verdaderos. Me gustaría saber cuál es su actitud frente a ellos.

El otro, sin titubear, contestó:
_¿Qué actitud tomaría frente a esos obstáculos? Pues los quitaría, eso es todo; después me olvidaría de ellos.
_Pero eso es muy fácil decirlo: quitarlos y olvidarlos. Permítame preguntarle si tiene alguna técnica para quitar y olvidar obstáculos que nosotros ignoramos.

Una apacible sonrisa invadió su cara cuando dijo:
_¡Hijo mío! Me he pasado toda la vida quitando obstáculos y hasta la fecha no he encontrado uno que no pueda quitar, siempre que se tenga suficiente fe, ánimo y buena disposición para el trabajo. Puesto que desea conocerlo, se lo mostraré.
Metió la mano en el bolsillo y sacó su cartera. Allí encontró una tarjeta con algunas palabras escritas. Puso la cartera sobre la mesa y continuó:
_Muchacho, vea esto, léalo. Es mi fórmula, y no me venga con que tampoco esto sirve, pues yo lo conozco muy bien por haberlo experimentado.

El “hombre obstáculo” tomó la cartera, y con una extraña expresión en la cara, leyó las palabras para sí mismo.

_Léalas en voz alta _pidió el dueño de la cartera.

Esto fue lo que leyó con una voz insegura:
“Puedo hacerlo todo a través de Cristo porque Él me fortalece” (Filipenses 4:13)

El dueño de la cartera se la guardó y dijo:
_Yo he vivido bastante y durante mi vida me he enfrentado a muchas dificultades, pero con el poder de esas palabras, que es un poder verdadero, las he vencido apartando los obstáculos.

Lo manifestó con confianza, y todos los presentes sabían que era una afirmación sincera. Su seguridad, junto a los hechos de la experiencia, que eran conocidos por todos y además el hecho de que no era un “devoto”, sino alguien igual que los demás, tuvieron como consecuencia que se convencieran todos los que había alrededor de la mesa; por lo menos no se suscitaron nuevas discusiones negativas.
El proyecto se puso en práctica, y, a pesar de las dificultades y los riesgos, fue un éxito.

La base de la técnica de este hombre es el principio fundamental contra cualquier obstáculo:

No lo tema. Practique el creer que Dios está con usted y que, en combinación, con su ayuda, tendrá poder para salir bien del paso.  Así el primer paso contra un obstáculo es, simplemente, enfrentarlo, sin lamentarse o quejarse, pero atacándolo enérgicamente. No ande de hinojos por la vida, medio vencido. Enfréntese a los obstáculos, y trate de vencerlos. Descubrirá que no tienen ni la mitad de la fuerza que le atribuyó.

Un inglés, amigo mío, me envió un libro de Winston Churchill titulado Máximas y reflexiones. En este libro, Churchill habla del general inglés Tudor, quien comandaba una división del Quinto Ejército Británico, el cual se enfrentó al asalto alemán de marzo de 1918. Los hechos se le presentaban adversos, pero el general Tudor sabía cómo enfrentarse a un obstáculo, aparentemente inconmovible e invencible. Su método fue muy sencillo: Sólo se mantuvo para que el obstáculo se estrellara contra él, y a su vez, en el momento oportuno, desintegrarlo. Oigamos cómo lo describe Churchill, en una frase llena de poder: “Tuve la impresión de que Tudor era una escarpia de hierro, inmóvil, clavada en el suelo congelado”
El general Tudor sabía justamente cómo permanecer frente a un obstáculo:
Se plantaba frente a él, simplemente, sin ceder, hasta que el obstáculo se desintegraba.
Hágalo y obtendrá el mismo resultado; algo tiene que desintegrarse, e indudablemente no será usted, sino el obstáculo. Esto sucederá si tiene fe; fe en Dios y en usted mismo. Fe es la cualidad fundamental que necesita. Con eso basta; en verdad es más que suficiente. Use la fórmula recomendada por el negociante mencionado y desarrollará un tipo poderoso de fe, tanto en Dios como en usted mismo. Aprenderá a conocer su propia capacidad; su poder para hacer las cosas. Según sea su habilidad para pasar de una actitud negativa a una positiva, en esa misma proporción, logrará el dominio. Entonces si podrá decir, bajo cualquier circunstancia, y decirlo de verdad:

“No creo en el fracaso”

 

Del libro: El poder del pensamiento tenaz. Norman Vincent Peale. !Debolsillo

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