Déjame llorar un rato

Leyendo el libro de los Jueces, en la Biblia, me encontré una historia corta, pero interesante.
Se trata de Jefté, un líder surgido de las circunstancias, como todos los de su época. Época difícil porque cada quien hacía lo que bien le parecía, no había un orden central como cuando la nación comenzó.
Las personas se habían apartado de Dios y seguían plenamente las costumbres de los pueblos de su entorno. Cosa que Dios les había prohibido hacer.
Era normal para ellos en ese tiempo tomar a sus hijos y ofrecerlos en sacrificio a sus dioses para obtener beneficios como por ejemplo, buenas cosechas o ganar una batalla.
Jefté fue un hijo rechazado por sus familiares, pero luego que él se hizo fuerte a su manera, ellos lo llamaron para que fuera su líder.
El aceptó, y prometió a Dios ofrecerle a cualquiera que saliera a recibirle, si Él le daba la victoria sobre sus enemigos.
Ganó la batalla, y quien salió a recibirle con danzas y alegría fue su hija, su única hija. Eso le causó a él una tristeza profunda, pero tenía que cumplir su promesa a Dios.

Aquí es donde se desarrolla la parte de la historia que llamó mi atención.
La hija de Jefté lo amaba, no sólo a él sino también a Dios. Ese Dios desconocido por la mayoría de sus conciudadanos.
Ella no reniega ni le dice que es su problema no el de ella, como sucede con los hijos en la actualidad, que dicen a sus padres que su vida es su vida y que ellos pueden hacer lo que les de la gana con ella.
La hija, que no tiene nombre, pero sus hechos hablan tan fuerte que quedaron registrados en las Sagradas Escrituras, ama su padre y le obedece.
El amor a Dios siempre se demostrará por la obediencia, no por las palabras.
Ella le dice a su padre que si él hizo esa promesa a Dios, la cumpliera.
Pero le pidió algo antes de que se ejecutara sobre ella la sentencia que salió de los labios de su padre:

Déjame llorar mi pérdida, luego vendré y haz conmigo como has dicho.

Este espíritu de entrega, sin odio ni rencor, es lo que me llamó la atención.
Ella iba a hacer su duelo, iba a entregar en el altar o el desierto a donde fue, toda su vida que había soñado.
Yo me la imagino entregando cada sueño que había en su corazón: te entrego a mi esposo (quizás hasta tenía el nombre), te entrego mis seis hijos (tres hembras y tres varones), te entrego mi casa que iba a ser construida en tal sitio y donde yo sería la reina se ese hogar, te entrego todas las fiestas de cumpleaños que pensé realizar con amigos y familiares, te entrego mi puesto de trabajo en…, te entrego mi empresa, mi vida entera planeada a mi manera.

Ella lloró y lloró, y yo la entiendo porque he tenido que hacer lo mismo.
En la vida me di cuenta que muchas cosas no eran como yo creía.
Llegué al matrimonio con muchas ilusiones, que la realidad se encargó de deshacer. Pensé que ese enamoramiento  y esas atenciones del noviazgo serían eternas.
No, el amor pasa a otro nivel. Mayor compromiso, mayor responsabilidades.
Quise tener varios hijos. Una familia numerosa. Pero cuando tuve la primera y me di cuenta de lo que eso significaba: que una vida dependiera totalmente de mí para alimentarla, cambiar pañales y pañales, adivinar el tipo de llanto… tuve miedo y dije no más. Con uno sólo es suficiente.
Pero estaba casada, y “el deber conyugal” y las pasiones que llevamos dentro y la inexperiencia me llevaron a tener otro hijo casi inmediatamente.
No como yo había pensado: Crío uno primero y después de cierto tiempo tengo el otro. No! Ni siquiera uno había salido de los pañales y el biberón cuando llegó el otro y “a llorar al valle” Nada del trabajo que quería hacer fuera del hogar, nada de…

Pero la hija de Jefté tampoco se quedó en el valle de la desilusión y el llanto.
Ella se levantó y fue ante su padre y le dijo: estoy lista, has conmigo como pensaste.

Este es el papel culminante en la vida, en nuestra vida. Cuando nos damos cuenta quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, vemos las ventajas y desventajas de nuestra vida, el color de la piel, el sexo, la edad, la educación, la religión, etc. Tengo una historia de muchos intentos y muchos fracasos, pero me quedaré ahi? No! ¿Qué puedo hacer para cambiar mi destino? ¿Dónde aprendo lo que necesito? ¿Cuáles son las leyes que hacen que esto funcione?

Y nos movemos con pie de plomo, con paso firme hacia lo que queremos.
No hacia el abandono o la huida sino a asumir responsabilidades.
Este es mi esposo, estos son mis hijos, este es mi hogar, esta es mi carrera, esta es mi empresa, esta soy yo y lo que quiero ser. Lo que quise ser murió. Esta es mi realidad que me permite crecer y desarrollarme en todo su potencial. Todo un mundo por delante, un mundo por descubrir y es maravilloso.
Amar a un cónyuge, y a unos hijos llenos de vida que sacarán de de ti muchas cosas que no sabías que tenías, no querer perderte ninguna de sus etapas de crecimiento. Buscar conocimiento para hacer mejor tu trabajo.
Cuando decimos SI y comenzamos a amar nuestra vida con sus altas y bajas, con lo bueno y lo malo, con las alegrías y las tristezas, con aciertos y desaciertos, nos hacemos reales, no una pantalla ni sólo una fachada con un infierno dentro de esas paredes que llamamos hogar. Cuando nos aceptamos como somos, con nuestras limitaciones, es cuando nos podemos extender, crecer, adquiriendo el conocimiento que se necesita en esa área en particular.
No nos quedamos en el lamento ni la frustración, sino que nos levantamos y le “echamos pichón” o nos encargamos de las responsabilidades adquiridas aunque sean otros los nos la hayan puesto encima, como le pasó a la hija de Jefté.
Asumo, hago mío este problema, y sin queja y sin reservas, con todo mi ser me entrego para llevarlo hacia adelante hasta donde es mi responsabilidad, y la vida se abre ante nosotros de una manera increíble.

Dios es un Padre Bueno. Sabe darnos Buenas cosas, las que necesitamos y más. Siempre estará presente para ayudarnos a crecer y desarrollar el potencial que él mismo puso en nosotros. Cada etapa tiene sus retos, y con Su ayuda, podemos obtener victorias.

“La vida avanza por donde encuentra espacio” Leandro Taub

“Nos hiciste, Señor, para Ti, y está intranquilo nuestro corazón hasta que descanse en Ti” Agustín de Hipona

@emldg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: