Jesús ora por sus discípulos

Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has salido de Dios.

Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? He aquí la hora viene, y ha llegado ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.

En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo:

Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.
Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran y me los diste, y han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.
Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti.
Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad, tu palabra es la verdad.

Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Mas no ruego solamente por éstos, sino también  por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

La gloria que diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Evangelios según San Juan. Capítulo 16:28-33 y 17:1-26. Santa Biblia. Reina-Valera 1960.

El que venció al mundo, con su método particular y extraordinario, nos infunde valor a sus discípulos de hoy, al leer esta oración, en la cual nos menciona, aún antes de nosotros nacer y creer en él. Es maravilloso! En especial cuando somos invisibles ente los demás, y a veces un estorbo. Quisieran que no estemos aquí, pero esta vida nos la dio Dios y sólo él tiene derecho sobre nosotros.

Es para escribir un largo testamento con todo lo que podemos decir de esta maravillosa oración, en especial yo, que de hablar de él no me canso jamás.

Me gusta cuando dice:
“No te pido que los quites del mundo, sino que los guarde del mal”

Qué poderoso ha de ser su mensaje que él le pide al Padre celestial, déjalos ahí donde han creído en mí. Sabía que el mensaje implantado en el corazón de sus discípulos podía trasformar su realidad. Los métodos humanos tratan de cambiar el ambiente para que la gente cambie su forma de vivir, y no funciona. El mejor cambio es el que proviene de adentro hacia afuera.

Un verso importante para este cambio desde adentro es: “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es la verdad”

El mismo Jesús, le había dicho a unos que habían creído en él, que “La verdad los haría libres”

La palabra de Dios es la que nos dan conocer todo acerca de él, para conformar nuestras vidas a su voluntad. Además, él no pide nada que él no haya hecho primero, ahí está su poder y autoridad.
Dijo: “Por ellos yo me santifico a mi mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”
Cero mentiras, engaños y sobornos para logran que hagan algo. Eso no va con Dios y sus verdaderos siervos/hijos. Es muy importante lo que se hace en secreto. El que triunfa en lo secreto, triunfará en público. Las batallas más encarnizadas ocurren en la intimidad, donde no hay público. Es donde nuestra voluntad es doblegada por el bien o el mal, lo correcto o incorrecto; lo demás es pan comido. Cada persona lo sabe, aunque algunos lo nieguen! “Lo que está a la vista no necesita anteojos”

Otra frase que dice Jesús aquí es:
“La hora ha llegado” “He acabado la obra que me diste que hiciera”
Cerrar el ciclo de la vida en este mundo con estas palabras es magnífico.
Saber que se vino a hacer una obra y ya se realizó es algo que da mucha paz.
He sido testigo de personas que en su lecho de muerte están aterrorizadas y otros piden más tiempo porque no han terminado lo que ellos planificaron hacer, sin tomar en cuenta a Dios.
Jesús al morir en la cruz, solamente entregó su espíritu, a pesar de haber sido torturado momentos antes. Sabía a dónde iba, y a qué había venido a esta tierra. Ese es el modelo de vida que me gusta vivir. Ocuparse de cada etapa de la vida, sin añorar lo pasado o anhelar tanto el futuro que no disfrute de los aprendizajes del momento actual. Sigo aprendiendo, con el mejor Maestro.

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