Los planes secretos de Dios

Hermanos en Cristo, cuando fui a ustedes, para hablarles de los planes que Dios tenía en secreto, no lo hice con palabras difíciles ni traté de impresionarlos.
Al contrario, decidí hablarles sólo de Cristo, y principalmente de su muerte en la cruz.
Cuando me acerqué para enseñarles y anunciarles el mensaje, me sentía poco importante y temblaba de miedo.
No fui a ustedes como un sabelotodo, ni usé palabras elegantes.
Sólo dejé que el Espíritu de Dios mostrara su poder y los convenciera.
Y así, ustedes creyeron en Dios, no por medio de la sabiduría humana sino por el poder de Dios.

 

Dios da a conocer sus planes

 

Sin embargo, cuando hablamos con los que ya entienden mejor el mensaje de Dios, hablamos con sabiduría.
Pero no empleamos la sabiduría humana como la emplea la gente y los gobernantes de este mundo.
El poder que ellos tienen está condenado a desaparecer.
Nosotros enseñamos el mensaje con palabras inteligentes, que vienen de Dios.
Ese mensaje habla de los planes que Dios tenía  en secreto desde antes de crear el mundo, y que él quiso manifestar para que podamos compartir su gloria.
Claro que este plan inteligente de Dios no lo entendió ninguno de los gobernantes del mundo. Si ellos lo hubieran entendido, no habrían colgado de la cruz a nuestro Señor, quien es el dueño de la vida. Como está escrito:

“Para aquellos que lo aman, Dios ha preparado cosas que nadie jamás pudo ver, ni escuchar ni imaginar” (Isaías 64:4)

Dios nos dio a conocer todo esto por medio de su Espíritu, porque el Espíritu de Dios lo examina todo, hasta los secretos más profundos de Dios.

Nadie puede saber lo que piensa otra persona. Sólo el espíritu de esa persona sabe lo que ella está pensando. De la misma manera, sólo el Espíritu de Dios sabe lo que piensa Dios. Pero como Dios nos dio su Espíritu, nosotros podemos darnos cuenta de lo que Dios, en su bondad, ha hecho por nosotros.

Cuando hablamos de lo que Dios ha hecho por nosotros, no usamos las palabras que nos dicta la inteligencia humana, sino que usamos  el lenguaje espiritual que nos enseña el Espíritu de Dios.

Los que no tienen el Espíritu de Dios no aceptan las enseñanzas espirituales, pues las consideran una tontería. Y tampoco pueden entenderlas, porque no tienen el Espíritu de Dios.

En cambio, los que tienen el Espíritu de Dios todo lo examinan y todo lo entienden.

Pero los que no tienen el Espíritu, no pueden examinar ni entender a quienes lo tienen. Como está escrito:

“¿Quién sabe lo que piensa el Señor?
¿Quién puede darle consejos?”

Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo.
(1 Corintios 2:1-16 TLA)

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