La propuesta de Eykis

Eykis era una especie de gurú. No la clase de gurú ante quien uno se arrodilla en busca de revelaciones. Era todo lo contrario. Era una diosa del sentido común, que le pedía a uno, en un lenguaje simple y objetivo, desprenderse de sus lentes oscuros y ver por sí mismo los errores de su vida.

Su clara lógica y sus observaciones maravillosamente sensatas me hacían contemplarme a mí mismo y a mi mundo con ojos nuevos, con una mirada bien enfocada, sin la miopía de las costumbres y del pensamiento corriente,

Eykis me estaba despertando, a mí, que siempre me había enorgullecido de mi “actitud consciente”
Yo era ahora más consciente de la cantidad de cosas que había dado por sentada, aceptándolas, sencillamente, como la manera de pensar propia de la Tierra.
Estaba empezando a poner en tela de juicio lo que pocos días antes consideraba “natural” Mi mente rebozaba de pensamientos nuevos y de formas de expresar lo que había empezado a aprender de Eykis…

_Has dicho que había otras formas de pensamiento confuso que daban lugar a los terribles errores de pensamiento que padecemos.

_Sí, desde luego. Uno de ellos es que, en lugar de pensamiento ético, hacéis hincapié en el pensamiento-normas, e incitáis a vuestros jóvenes a imitaros.

_¿Ética contra normas? _repetí.

_Sí. Una persona que piensa en las normas es una persona que hace lo que le dicen, sin atender a la situación _dijo ella sin rodeos.

Pero las normas son necesarias _protesté. Sin ellas se derrumbaría la sociedad. Por ejemplo, una norma es detenerse ante un semáforo en rojo. Imagínate lo que pasaría si la gente no lo respetase.

_¿Por qué te detienes tú ante un semáforo en rojo? _preguntó

_Porque si no lo hiciera, contravendría la ley, y además, seguramente, provocaría un accidente.

_¿Quieres decir que si mañana se aprobase una ley nueva según la cual fuese legal pasar los semáforos en rojo, tú los pasarías?

_¿Cómo? _fue cuanto pude decir.

_La verdadera razón por la que te detienes ante la luz roja es que sería inmoral hacer lo contrario.

El arriesgar tu vida o la de los otros es inmoral _dijo…

_El pensamiento orientado hacia las normas sitúa la responsabilidad de la conducta más en la norma que en el individuo.

Cuando se atribuye a las normas, leyes y reglas la causalidad del pensamiento humano, la moral debe pasar a segundo término.
Cuando la gente basa su conducta en lo que los demás le dicen que es correcto, el pensamiento ético es casi imposible, y otra vez queda asfixiada la posibilidad de satisfacción y de felicidad.

_¿De qué modo?

_¡Aquí en la Tierra, tenéis hasta “horas felices”! Eso significa, supongo, que hay otras horas que no pueden ser felices. Necesitáis una regla que os diga cuándo podéis ser felices, y una cierta cantidad de bebida barata para aseguraros de ello.

Vuelvo a repetir que la felicidad es un fenómeno interior, y que las normas son fenómenos exteriores.

La ética, en cambio, es un conjunto de normas interiores que nunca permiten a una persona comportarse de un modo dañino para los demás. 

_¿De modo que el enseñar a las personas el pensamiento ético les acostumbraría a pensar por sí mismas?

_Sí, siempre y cuando ese pensamiento se basara en la verdadera ética.
Quedaría eliminada la necesidad de tantas normas para casi todos los momentos de vuestra vida.

¿Cómo puede alguien aprender a tomar decisiones por sí mismo, si todas las decisiones están ya tomadas por las normas y las reglas en las que tanto os apoyáis? _preguntó.

Yo hice lo que hacía siempre cuando no podía darle una respuesta sensata: respondí a su pregunta con otra pregunta.

_Con esto van dos. La calidad en lugar de la apariencia, y la ética en lugar de las normas. ¿Algo más?

_Sí, amigo mío. He observado que la mayoría de los terrícolas sustituyen en su pensamiento la integridad personal o autoridad por el dominio.

_¿En qué se diferencian el pensamiento de dominio y el pensamiento de autoridad? _pregunté.

_Muy sencillo. El pensamiento de dominio significa querer oprimir o sojuzgar a los demás. Buena parte del pensamiento que he observado entre vosotros se encamina al sometimiento de los demás, ya se trate de una nación que busca someter a otra, de padres que quieren someter a sus hijos, o de cónyuges que quieren someterse el uno al otro. Existe casi una obsesión universal por sojuzgar y dominar.

Cuando el pensamiento se encamina a ver hasta qué punto puede uno dominar a los demás, no puede centrarse en la felicidad personal y en la autonomía.

Como ya hemos establecido que la felicidad es un hecho interior, resulta que el pensamiento exterior o pensamiento de dominio lleva, en último término, a una conclusión errónea:

“Si consigo que la gente que me rodea sea como yo quiero, incluso como soy yo, seré poderoso y, por tanto, feliz”

_Así, pues, ¿en qué consiste el pensamiento “de autoridad” o de “integridad”, como tú lo defines?

_Pues es todo lo contrario _declaró ella- Es un proceso interior y no exterior.
Una persona dedicada a incrementar su autoridad sobre sí misma, a hacerse más dueña de sus actos, a la capacidad de compartir ese dominio con otros, no busca dominar a nadie.
Una persona así utiliza sus procesos mentales sólo para ser, y para permitir que sean también los que la rodean. No se entromete en la vida de nadie.
Pretende sólo aprender de los demás, y arbitrarlos o manipularlos.

Ese es el pensamiento de integridad, y la persona que lo practica no necesita buscar la autoridad dominando a los demás.

Quienes buscan la autoridad mediante el dominio demuestran carecer de la cualidad cuya posesión se empeñan en demostrar.

_Pero, ¿y nuestros enemigos, aquellos que quisieran dominarnos a nosotros? ¿No debemos mostrarles que nos negamos a ello? _pregunté.

_Otra vez es tu pensamiento de dominio el que te lleva a preguntar eso. Yo pienso globalmente. No pienso de ti como opuesto a “ellos”.
Todo el mundo debe ser educado para orientar sus pensamientos hacia la integridad personal, y para acabar definitivamente un día con el concepto de enemigo.
Mientras penséis en términos de nosotros/ellos, podréis cargar al enemigo la culpa de vuestros pensamientos de dominio.

La mayoría de los terrícolas mostráis un “pensamiento orientado al logro”, como opuesto al “pensamiento orientado al conocimiento”.
En consecuencia, muchos terrícolas viven en el error y acaban neuróticos e insatisfechos.

El terrícola no acepta el tipo de pensamiento que busca el conocer por el simple interés de conocer.
No le encuentra mucho sentido al conocimiento que no sirve para conseguir cosas. Por eso se da el supremo absurdo de estudiantes que compran notas sin preocuparse de adquirir ningún conocimiento de la asignatura en cuestión.
Ese pensamiento encaminado a la obtención de cosas es otro camino que no lleva a ninguna parte.

¿Por qué? _la interrumpí, sólo para patentizar que seguía su razonamiento.

_Porque los logros son algo exterior, y la felicidad es algo interior.
Una buena nota y la comprensión de un poema son dos cosas que no guardan relación alguna, a pesar de ello, la mayor parte de la gente estudia poesía por la nota que va a conseguir.
La utilidad de la comprensión de un poema no puede ser expresada en términos de logro, aunque esa lógica escapa a la mayoría de los terrícolas.

Según el “pensamiento conocimiento”, cualquier cosa que se aprende puede beneficiar al sujeto y enriquecer su vida.

Según el “pensamiento-logro”, la persona debe poder medir, pesar o aplicar lo que estudia, y ello se manifestará más adelante, cuando recoja los frutos de su estudio o actividad. Pero si más adelante eso no llega _y en Tierra no llega nunca, porque vosotros sólo tenéis el AHORA_, resulta que vuestro pensamiento-logro no ha servido para nada.

Con el pensamiento-conocimiento, es decir el pensamiento por la pura alegría del conocimiento y todo lo que éste ofrece, la persona nunca puede ser infeliz ni sentirse desengañada, porque las recompensas interiores que obtiene son el mismo pensamiento, el sentimiento y la conducta en sí mismos. 

 

De libro: Los regalos de Eykis. Wayne Dyer.
Autor de Tus Zonas erróneas.

 

@emldg

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