Relaciones Sociales

Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el último rincón de sus campos ni recojan todas las espigas que queden.
No rebusquen hasta el último racimo de sus viñas, ni recojan las uvas que se hayan caído. Déjenlas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el Señor su Dios.
No roben.
No mientan.
No engañen a su prójimo.
No juren en mi nombre sólo por jurar, ni profanen el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.
No explotes a tu prójimo, ni lo despojes de nada.
No retengas el salario del jornalero hasta el día siguiente.
No maldigas al sordo, ni le pongas tropiezo al ciego, sino teme (ten respeto) a tu Dios. Yo soy el señor.
No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia.
No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor.
No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado.
No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor.
Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.

Levíticos 19:9-18. Santa Biblia. Nueva Versión Internacional. Héroes. Editorial Vida. 2008.

 

El pueblo de Israel está pasando por el desierto, después de salir de la esclavitud de Egipto de donde Dios mismo los sacó.
Por medio del líder que Dios mismo eligió, Moisés, se le señala al pueblo las normas y leyes que han de cumplir cuando entren a la tierra prometida por Dios.
Estos versos son una muestra de cómo quería Dios que su pueblo se comportara. Dios es santo, es decir único, no hay otro como él para comparar.
Así quiere que sea su pueblo.
En versos anteriores, le dice a su pueblo:
No imiten las costumbres de los egipcios (de donde salieron) ni tampoco las costumbres de los cananeos (a donde van a entrar).
No se conducirán según sus estatutos, sino que pondrán en práctica mis preceptos y obedecerán atentamente mis leyes. Yo soy el Señor su Dios.
Obedezcan mis estatutos y mis preceptos, pues todo el que los practique vivirá por ellos. Yo soy el Señor. (Levíticos 18:3-5).
Dios, como un buen padre de familia, pone reglas en su casa.
Si él iba a ser su Dios, y ellos su pueblo, debía regir una relación basada en el respeto mutuo. Para ello se pone en claro cuáles deben ser las responsabilidades que le corresponden a cada uno y firmar ese acuerdo. Así se hizo. En ese momento y con esa generación.
Cada generación tiene como principal deber ponerse a cuenta con Dios, buscar cuál es su papel que vino a cumplir a esta tierra, para que no ande de aquí para allá con un futuro incierto. Dios Es Bueno, Fiel y Justo.
@emldg

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