De nuestra herida viene nuestra gloria

Tengo una pintura favorita en mi oficina, una reimpresión de My Bunkie, de Charlie Schreyvogel. Es una escena del calvario de cuatro soldados, hecha al estilo occidental de Remington. La acción es un rescate; aparentemente han disparado al caballo de uno de los jinetes, y tres hombres galopan para recogerlo. En primer plano, al soldado en problemas lo están poniendo en las ancas del caballo de su compañero (su “bunkie”), mientras los otros dos los protegen con rifles. Me encanta esta escena porque eso es lo que quiero hacer y ser; quiero cabalgar hacia el rescate de aquellos que han caído porque le han disparado. Pero sentado en mi oficina un día, Dios empezó a hablarme acerca de la pintura y de mi papel en ella. No puedes ser el hombre que rescata, John, a menos que seas el hombre sin caballo, el que necesita ser rescatado.

Así es. La verdadera fortaleza no sale de las bravuconadas. A menos que estemos deshechos, nuestra vida será egocéntrica e independiente; nuestra fortaleza será nuestra propiedad. Mientras usted se crea realmente algo exclusivo y de usted mismo, ¿para qué necesita a Dios? No confío en un hombre que no ha sufrido; no dejo que se me acerque un hombre que no ha enfrentado su herida. Piense en los fingidores que conoce, ¿son la clase de hombre que usted llamaría a las dos de la mañana, cuando la vida se esté derrumbando a su alrededor? No yo. No quiero clichés, quiero verdad profunda y conmovedora, que sólo llega cuando un hombre ha andado en el camino del que he estado hablando.

Buecher dice:
Hacer por nosotros mismos lo mejor que tenemos por hacer (rechinar los dientes y apretar el puño para sobrevivir al mundo en lo más duro y difícil) es, por ese mismo acto, ser incapaces de dejar que algo se haga para nosotros y en nosotros, que es aun más maravilloso. El problema con armarse de valor contra el rigor de la realidad es que ese mismo temple que nos protege contra la destrucción de la vida, también protege la vida para no ser receptivos y transformado (El viaje sagrado).

Sólo cuando entramos en nuestra herida descubrimos nuestra verdadera gloria.
Así lo dice Bly: “Donde está la herida de un hombre, allí es donde está su genio”
Existen dos razones para esto. Primera, la herida se ha dado en el lugar de su verdadera fuerza, como un intento para eliminarlo a usted. A menos que vaya allá, aún está fingiendo, ofreciendo algo más superficial e insustancial. Y por tanto, la segunda razón: es de su aflicción desde donde usted descubre lo que tiene para ofrecer a la comunidad. El falso yo nunca es totalmente falso. Esos dones que hemos usado son a menudo bastante ciertos acerca de nosotros pero los hemos usado para escondernos detrás. Pensamos que el poder de nuestra vida está en el bate dorado, pero el poder está dentro de nosotros.
Cuando empezamos a ofrecer no sólo nuestros dones sino nuestros verdaderos yo, es entonces cuando nos volvemos poderosos. Es entonces cuando estamos listos para la batalla.

Salvaje de corazón. John Eldredge. Unilit.

@emldg

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