Las pruebas pulen nuestra fe

Que toda la alabanza sea para nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos.
Ahora vivimos con gran expectación y tenemos una gran herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse.
Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.
Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aun cuando tengan que soportar muchas pruebas por un tiempo breve.
Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica.
Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro.
Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.
(1 Pedro 1:3-7 NTV)

Dios te ha escogido para un trabajo especial.
Pero antes de que pueda usarte, él tiene que hacer madurar el grano de tu vida.
Él hace esto permitiendo que pases por dificultades, para que tu fe sea probada y purificada. Aunque este proceso puede no ser agradable, este pasaje de la Escritura nos da cuatro indicios de lo que debemos recordar durante las pruebas de nuestra fe, para que, al final, sea más fuerte:

1.- Recuerda a quién perteneces.
Tú eres hijo de Dios (versículo 3)

2.- Recuerda qué te ha prometido Dios.
Dios te ha prometido el maravilloso don de la vida eterna (versículo 4)

3.- Recuerda quién te está guiando.
Dios te protegerá siempre hasta que alcances tu destino final: el cielo
(versículos 5-6)

4.- Recuerda por qué Dios te deja pasar por pruebas.
Dios desea probar la autenticidad de tu fe, para que tu vida resulte
en alabanza y gloria hasta que Jesús regrese (versículo 7)

Aunque es grato pasar tiempo en una “cumbre espiritual”,
por decirlo así, no podemos estar ahí para siempre.
Más a menudo, al pie de esa montaña, yace la fría y dura realidad.
Pero los frutos crecen mejor en los “valles”
(los tiempos difíciles de la vida),
y no en las cumbre (cuando todo parece bien).
El mayor desarrollo de nuestro carácter sucede cuando
aplicamos en los valles lo que hemos aprendido en las cumbres.
Greg Laurie.

Biblia para nuevos creyentes. Nuevo Testamento.
Nueva Traducción Viviente.
Tyndale House Publishers. Inc. 

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