Mundo Interior

Sé que hay un mundo en mi interior
Invisible a los demás, que requiere mi atención
Y cuando el ruido se apagó me susurra
Cuídame, no me debes descuidar

Me hace vulnerable su presencia
Me conecta con mi esencia
y me vuelve a mi lugar
Me hace vulnerable y me recuerda
que mi vida está completa
cuando estoy cerca de Él

Y cuando el alma empieza a hablar
debo escuchar su suave voz
Debo inclinar mi corazón
Me quiere al centro regresar,
a mi norte, mi razón
No la debo de ignorar

//Me hace vulnerable su presencia
Me conecta con mi esencia
y me vuelve a mi lugar
Me hace vulnerable y me recuerda
que mi vida está completa
cuando estoy cerca de Él//

Jesús Adrián Romero – Mundo Interior

 

“Hay tres constantes en la vida:
cambios, opciones y principios”
Stephen Covey

“Si algo te importa, no lo descuides”
@emldg

Se quedó

Se quedó conmigo en el fracaso
En mi oscuridad y en mis momentos bajos
Y a pesar de conocerme tal cual soy
Se quedó

Se quedó conmigo y sin reproche
Él me acompañó cuando perdí mi norte
Y a pesar de conocerme tal cual soy
Se quedó

Y sigue aquí
Porque dijo que estaría conmigo hasta el final
Porque prometió la obra terminar
Él sigue aquí

Coro

No me dejará cuando en mi fe se meta el sol
Cuando tropiece y piense que no hay solución
Él me guiará con la paciencia de su amor
Él sigue aquí

Se quedó conmigo en el ocaso
En la oscuridad que me desvió los pasos
Y a pesar de conocerme tal cual soy
Se quedó

Se quedó conmigo y fue paciente
Y me levantó cuando bajé mi frente
Y a pesar de conocerme tal cual soy
Se quedó

Y sigue aquí
Porque dijo que estaría conmigo hasta el final
Porque prometió la obra terminar
Él sigue aquí

Coro

//No me dejará cuando en mi fe se meta el sol
Cuando tropiece y piense que no hay solución
Él me guiará con la paciencia de su amor
Él sigue aquí//

Aunque a veces dudo y retrocedo
Aunque a veces pienso que no puedo
//Él Sigue aquí//

Coro

No me dejará cuando en mi fe se meta el sol
Cuando tropiece y piense que no hay solución
Él me guiará con la paciencia de su amor
Él sigue aquí

Jesús Adrián Romero

Jesucristo Es Mi Señor, Mi Redentor!
@emldg

Yo le canto a Cristo

//Hoy venimos a cantarte
y a exaltar tu Nombre Santo
y unidos como hermanos
adorarte con el corazón//

//Y en toda la tierra exaltaremos
Tu Nombre, oh Dios
///Porque Tú Eres Santo///
y Digno de adoración// (Bis)

Y en toda la tierra te adorarán, Señor

///Alabando a Cristo yo viviré
Alabando a Cristo
Adorando a Cristo yo viviré
Adorando a Cristo///

Jesucristo

//Yo le canto a Cristo
Yo le canto a Él//

//Él me dio la vida
Él me dio Su amor// 

Jesucristo

Sembradores – Yo le canto a Cristo

“El primer efecto del amor es
inspirar un gran respeto;
se siente veneración
por quien se ama”
Blaise Pascal

@emldg

El Secreto De Recibir

Si nosotros hubiéramos sido uno de los discípulos que ayudó a
repartir el pan y el pescado para alimentar a cinco mil personas
con sólo cinco panecillos y algunos pescados, y luego hubiéramos
colaborado otro día en la alimentación de una muchedumbre de
cuatro mil hombres, además de las mujeres y los niños, con sólo
siete panecillos, ¿cómo nos hubiéramos sentido al vernos en un
barco con los otros once discípulos y Jesús, con sólo un pedazo de
pan para todos?

¿Cuál hubiera sido nuestra reacción natural al darnos cuenta de
que en el apuro, nadie había pensado en traer algunas provisiones
para comer?
¿Podemos imaginarnos la reacción de Jesús cuando escuchó que
los discípulos comenzaban a afligirse por la situación en que
estaban?
Trece hombres con hambre, en un barco, y sólo un pan.
Y un pan pequeño a todo esto_más bien lo que llamaríamos
un panecito.
¿Es de extrañar que el Señor les haya hablado con tanta
severidad?

Esto es lo que les dijo:
“¿Por qué dicen que no tienen pan?
¡Qué poca fe tienen ustedes!
¿Todavía no entiendes, ni se acuerdan…?”
(Mateo 16:9 Versión Popular)

Luego, como lo relata Marcos, Jesús continuó diciéndoles:
“¿Por qué están diciendo que no tiene pan?
¿Todavía no entienden, ni se dan cuenta?
¿Tienen tan duro el corazón?
¿No ven ustedes con sus ojos ni oyen con sus oídos?
¿No se acuerdan?
Cuando repartí los cuatro panes entre cuatro mil,
¿cuántas canastas recogieron?
Y dijeron: siete
Entonces les dijo: ¿Todavía no entienden?”
(Marcos 8: 16-21)

Sin duda Jesús se sintió desanimado por la ofuscación de sus
discípulos. Era mucho lo que él estaba arriesgando con estos
hombres. Porque era preciso que entendieran las cosas si es
que luego habrían de salir a dar el Pan de vida al mundo.

Probablemente pensemos que nosotros no hubiéramos sido
tan estúpidos.
¿No? ¿Acaso a los cristianos no se les viene el mundo abajo en
más de una ocasión, por cosas tales como la comida o la ropa?
Quizá pensemos que es más difícil cuando uno no ha ayudado
a alimentar una multitud con cinco panes, en presencia del
Maestro.
De haber podido recordar una escena así, nos habríamos
comportado de otra forma que aquellos hombres en el barco.

Pero, un momento:
¿No tenemos acaso mucho más que aquello con que contaban
los discípulos?
Tenemos todo lo que va del Génesis al Apocalipsis para
recordarnos acerca del amor de Dios y su poder.
La Palabra de Dios es tan fidedigna como un testigo
de primera mano. Más hubiera valido que aquellos
hombres no tuvieran ni ojos no oídos, para lo que les sirvió
tenerlos en la escena del milagro. Y si nosotros no podemos
leer y confiar, somos tan incrédulos como ellos.

Los discípulos creían estar en un “aprieto,” pero quien tenía un
problema era Jesús. Porque la incredulidad humana es
precisamente el dilema divino. Es el único problema que no puede
resolver, porque eligió crear hombres con mentes autónomas y
voluntades capaces de decidir por sí mismos qué habrían de creer
o de hacer.
Y este es, todavía, su problema. Como Creador y Padre, ha provisto
la mesa para todas las necesidades de sus criaturas, nacidas de
su mano y de su corazón, no sólo en esta vida sino para la futura.
Pero aun el Padre no puede obligarnos a comer.
Ha dispuesto que todo el universo responda a nuestra capacidad
y disponibilidad para recibir cosas, pero sufrimos por nuestro
propio fracaso en saber apropiarnos de aquellas cosas que él nos
ha preparado. ¡Y después nos quejamos de que Dios es injusto!

Quizás sea bueno tratar de imaginarnos algunas de las razones
por las cuales Pedro, Santiago, Juan y los otros nueve discípulos
comenzaron a afligirse aquel día en el barco.
Tal vez haya habido otras razones, pero seguramente que había
por lo menos estas tres.
Hasta el día de hoy, hay tres razones básicas que impides que
tengamos un fe en Dios que no sea únicamente una fe que cree,
sino una fe que recibe.
Primeramente, pienso que todos ellos sufrían de mala conciencia.
Segundo, sentían celos y envidias unos de otros y se negaban
a aceptar que cualquiera de ellos pudiera hacer que el pan se
multiplicara en sus manos. No sólo abrían juicio sobre Jesús sino
sobre sus compañeros.
Tercero, estaban tan familiarizados con experiencias de hambre
y escacez en sus vidas, que sencillamente no se les ocurría pensar
en términos de abundancia en relación a ninguna cosa en este
mundo. Un psicólogo habría dicho que padecían del “complejo
de pobreza.”

Cada día encuentro personas que creen tener fe en Dios con todo
su corazón, su mente y su alma, pero que jamás reciben
contestación a sus oraciones y se lo pasan preocupados por una
cosa u otra. Y generalmente encuentro estas tres trabas en ellos
cuando me hablan de sus dificultades.
Quisiera tratar acerca de éstas, y mostrar el daño que pueden
hacer y cómo evitarlo, si es que hemos caído presa de ellas.

Culpa. ¿Por qué tenían mala conciencia los discípulos
en esta ocasión?
Primero, se habían olvidado a quién pertenecían.
Habían cambiado de amo.
Porque en ese barco el amo no era Jesús: sus estómagos vacíos
y aquel pequeño pedazo de pan los tenía paralizados.
No sólo no podían ver a Jesús sino que tampoco lograban
recordar nada acerca de su poder milagroso
Se habían olvidado que hasta sus mismos cuerpos pertenecían
a un amo cuya necesidad de alimentarlos era más grande que
la necesidad de ellos de comer. Actuaron como hombres que
valían menos que un puñado de pájaros con buches vacíos
en un campo sin cosecha. Sólo estaban pensando en sí mismos.
Todos los demás vienen de este gran pecado.
Nuestra mala conciencia nace de todas aquellas cosas que
pensamos, hacemos o decimos, poniéndonos a nosotros mismos
en el centro de nuestros deseos.
Tratamos de hacer que tanto Dios como las demás personas giren
alrededor de nuestros intereses personales.
El pecado del egocentrismo abrió paso ese día, a otras dos actitudes
culpables de los discípulos. Su egoísmo los hizo envidiar y juzgarse
unos a otros. Desconfiaban unos de otros, y eran tan celosos que
ninguno de ellos hubiera querido ser el primero en partir el pan
aunque hubiera tenido la absoluta seguridad de que se multiplicaría
en sus manos. Y fue ese mismo pecado del egoísmo que le dio poder
a ese pedazo de pan para hacerles volver a la memoria escenas
de hambre, redes vacías, trabajo improductivo, esposas con hambre,
hijos desnutridos, impuestos injustos, esclavitud y toda clase
de temores. Así que el “complejo de pobreza” los mantuvo
paralizados, junto con su conciencia de culpa y espíritu de crítica.

No tendremos la limpieza de ánimo necesaria para rogar a Dios
por algo que necesitamos, mientras nos sintamos culpables
de avaricia, de vanidad, de extravagancia, de descuido, o cualquier
otra forma de egoísmo.
¿A qué criatura se le ocurriría ir a pedirle una galletita a su madre
después de haberle despilfarrado una lata de galletas?…

Mary Welch. Mas que pajarillos. Editorial Vida. 1977

Bajo Tu Amor

Mira que fuerte ha soplado el viento
pero no tan fuerte pues sigo de pie
Han conspirado para que me caiga
para que dude, me hunda y traiga
recuerdos del ayer

Si me acompañas en la barca
nada me falta
Yo, contigo, sueño otra vez
Tu Presencia nunca se aparta
Me da la seguridad de que soy fuerte
cuando estoy a Tus pies

CORO

Yo vivo bajo Tu amor
Y no hay nada mejor
Tu sangre me libertó
Yo vivo y viviré
dando gloria a Él

Firmes son mis pasos
Creo en logros no en fracasos
Si me tomas de Tus brazos
Yo sé que lo lograré
Si me critican no hago caso
Ignoro lo que trae atraso
Lo rechazo
Tu poder me guarda
y me hace vencer

En mi aflicción tú estás
Sobre mi casa estás
En mi trabajo estás
Conmigo estás

CORO

Yo vivo bajo Tu amor
Y no hay nada mejor
Tu sangre me libertó
Yo vivo y viviré
dando gloria a Él

En mi aflicción tú estás
Sobre mi casa estás
En mi trabajo estás
Conmigo estás
En mis
finanzas estás
Sobre mi tierra estás
Y si te fallo estás
Yo sé que estás

Y si me acompañas en la barca
nada me falta
Yo, contigo, sueño otra vez
Tu Presencia nunca se aparta
Me da la seguridad de que soy fuerte
cuando estoy a Tus pies

CORO

Yo vivo bajo Tu amor
Y no hay nada mejor
Tu sangre me libertó
Yo vivo y viviré
dando gloria a Él

Tú eres quien tiene el timón de mi barca
Quien nos acompaña de día y de noche
Sin importar la tormenta
Sin importar los vientos
Sabemos que estás en control absoluto
Toda la gloria es para Ti

Indiomar – Bajo Tu Amor

@emldg

El juego de la paz mental

Una noche, después del servicio de la iglesia, un grupo de
estudiantes secundarios se quedó para tener una “sesión
de charla” conmigo. La mayoría de ellos eran cristianos,
y no obstante estaban más preocupados por las cosas
cotidianas de la vida, que si hubieran sido paganos.
De pronto, mientras los escuchaba, anhelando encontrar
algo que pudiera serles de ayuda, me vino una idea.

Les propuse  un juego. La cuestión era así: antes de decir
“tengo miedo de …” debían detenerse y decir previamente
las siguientes palabras:

“El Señor es mi Pastor… por eso tengo miedo de que pase…
tal o cual cosa”

Nos divertimos un rato y cada cual prometió seguir jugándolo
para ver qué pasaba. Al día siguiente sonó el teléfono;
era Jenny, una de las chicas del grupo.

_Eh, Mary, te llamo porque quiero decirte que realmente hay
algo en ese juego. Hoy teníamos un examen y cuando comencé
a erizarme de ansiedad recordé el juego y dije:

“El Señor es mi Pastor… ¡por eso tengo miedo de que me aplacen!”
Aunque parezca cosas de locos, Mary te aseguro que en ese mismo
instante sentí una extraordinaria paz en mi mente.
Me reí un momento de mí misma, luego puse manos a la obra y
logré manejarme perfectamente durante el examen. Gracias por
la idea.
¡Te aseguro que da resultado!

Allí está precisamente el primer secreto en todo este asunto  de
no saber pedir correctamente las cosas que necesitamos;
es que nos olvidamos a quién pertenecemos. El sólo recordar
“El Señor es mi Pastor” hizo que Jenny de pronto comprendiera
que pertenecía a alguien más grande que ella misma y que su
examen.

Eso es lo cautivante de ser cristiano: pertenecer a otro.
No somos nuestros, y ese arreglo nos encanta _¿verdad?
Hace que nos sintamos valiosos. Eso es lo que quiso decir Jesús
cuando le dijo a sus discípulos que ellos valían “más que muchos
pajarillos.” Un pájaro existe para sí mismo y para reproducir la
especie. El cristiano no existe para sí mismo. Un cristiano es un
hijo del Padre celestial, y por tanto, su existencia depende de
aquellos propósito de Dios que deben llevarse a cabo.
Al conocer y amar a Dios, el cumplimiento de sus propósitos
constituye nuestra propia meta y nuestra alegría.

De esta manera, es como si nunca tuviéramos una necesidad
propia. ¡Si es a él a quien pertenecemos, nuestras necesidades
no son asunto nuestro, sino suyo! Como tampoco lo son nuestros
recursos y nuestros talentos. Nuestras necesidades son su propia
necesidad de realizar su propósito a través de nosotros.
Todo lo que poseemos e suyo, para ser usado a favor nuestro y
de otros, para que podamos convertirnos en el tipo de personas
a través de las cuales se realicen los eternos propósitos de Dios.

Cuando un cristiano se empieza a afligirse por “cuestiones de
pajarillos,” es porque tiene los cables cruzados.
Tiene una confusión acerca del concepto de sus relaciones,
porque se ha colocado a sí mismo en el centro del universo.
Jesús dijo algo que nos ayudará a evitar ese tipo de confusión:

“Así que, pongan toda su atención en el reino de Dios y en hacer
lo que él requiere, y recibirán también todas estas cosas.”
(Mateo 6:33 Versión Popular)

Allí está la clave: Todo es cuestión de saber quién es el Rey.

Buscar el reino de Dios significa dejar que Dios sea quien reine
en todo lo que hagamos, pensemos, proyectemos y pidamos en
oración.
La rectitud consiste en el uso correcto de todas las cosas que
Dios provee para nosotros, y en la recta aplicación de las leyes
que hacen posibles que las obtengamos.

Si oramos como ovejas o como gorriones, estamos queriendo
que Dios se convierta en “niñera” de nuestros intereses privados.
Pretendemos hacer de Dios un servidor nuestro y erigirnos
nosotros en reyes del universo.
Eso es lo que quiso decir Jesús cuando afirmó que había quienes
pedían y no recibían, porque pedían erradamente, aquellas cosas
con las cuales satisfacer su propio egoísmo.

Para mí esto equivale a que, si noto que tengo necesidad de algo,
comienzo a orar. Por ejemplo, supongamos que necesito una
máquina de escribir para mi trabajo. La forma en que yo la
pediría sería la siguiente:
“Padre, me da la impresión de que una máquina de escribir
me permitiría hacer un poco mejor mi trabajo para ti. Así que
si realmente es verdad que tú podrás usar una máquina de
escribir en tu servicio, estaré contenta de recibirla en la forma
en que tú decidas hacerlo. Pero si es sólo mi interés egoísta y no
una necesidad genuina por amor de tu obra, entonces, por favor
no lo en cuenta. Lo mismo me sentiré contenta.”

Eso mismo lo aplicaría a cualquier otra situación _desde una
comida hasta una prenda de vestir nueva, o para obtener ideas
para un nuevo libro o dar una charla. Todo lo que me concierne
a mí, le concierne a él, siempre y cuando recuerde que soy yo
quien le pertenezco a él. Esto me ayuda a rechazar el deseo de
cosas que luego se convierten en obstáculos o simplemente
gratifican mi vanidad.

San Agustín lo expresaba de esta manera:

“Porque fue mi pecado el que hizo que, no en Él, sino en sus
criaturas _yo mismo y otros_  buscara placeres, sublimidades,
verdades, y así cayera de cabeza en el dolor, la confusión y el
error.”

También describió San Agustín la disposición espiritual de aquel
cristiano que ha hecho realmente a Cristo el rey de su vida:

“Mejor te sirve aquel que no busca tanto escuchar de ti  aquello
que él quisiera hacer, sino que busca hacer aquello que ha oído
de ti”

En esta forma de amar a Dios el Padre, miramos a Cristo como
nuestro rey, nuestro Dueño de amor infinito, y ya no estamos
preocupados por recibir de él lo que necesitamos sino que
estaremos dándole lo que él quiere recibir de nuestra parte.

¿Recuerdan la historia de Jack London, Colmillo Blanco?
Todo lo que sucedió en la vida de Colmillo Blanco durante sus
primeros cinco años de vida, fue exactamente el tipo de cosas
que hacía aflorar las tres cuartas partes de lobo que había en él.
Se convirtió no sólo en un lobo, sino en un lobo terrible.
Podía vencer a todos los demás perros y lobos que se le
acercaban.
La pequeña cuarta parte de perro que había en él estaba
totalmente ahogada, y por eso se vengaba siendo un lobo ciento
por ciento. La única ley que existía para él era_sobrevivir.
Todo lo que hizo durante aquellos años en que vivió en la selva
o entre hombre, fue un esfuerzo por preservar su vida.
Y aun cuando retrocedía ante el garrote del indio y del cruel amo
blanco, no era ante ellos que se agachaba. Se sometía a las leyes
de la supervivencia que estaban en él.
Los hombres eran como dioses, pero dioses crueles, y los servía
únicamente por temor de su vida.
Hasta que llegó el maravilloso día en que se encontró con
Wheedon Scott, un amo diferente de los anteriores.
Scott era un “amo de amor,” y todo lo que hacía o decía era una
contradicción con relación a la experiencia anterior de Colmillo
Blanco. Este amo tenía manos que penetraban hasta lo más
profundo de su naturaleza de lobo y despertaban la vida latente
del perro que había en él. La suya era una voz que llamaba a la
vida, lo poco que en él había de perro, y ese pequeño perro
dentro de él fue capaz de reorganizar todas las cosas de su
mundo, de acuerdo a los deseos del “amo de amor.”

El perro tuvo que sobreponerse al lobo adulto que había en él
y lo logró. Hizo que el lobo y toda su habilidad para luchar se
volviera un esclavo al servicio del nuevo maestro.
Mientras que antes había vivido y luchado para sobrevivir,
ahora vivía para amar y aprender lo que agradaba a su dueño.
Y no veía en él un medio para obtener algo para sí, sino que se
deshacía por saber qué cosas eran la voluntad del amo para que
también fuera la suya.
Esto significó tener que ponerle rótulos nuevos a todo lo que
formaba parte de vida. Comenzó a juzgar a las cosas y las
personas a la luz de lo que su maestro pensaba de ellos, y a
tratarlas en forma equivalente.
¿Recuerdan cómo le gustaba la carne tierna de la aves,
hasta que descubrió que no había que matar ni comer gallinas?
Bastó una sola lección de su amo para que el lobo adulto que
había en él, pudiera echarse a dormir dentro del gallinero.
Las gallinas habían dejado de existir para él en cuanto a su parte
de lobo. Ahora existía las gallinas como objetos de valor para su
amo, y él debía cuidarlas aun a costa de su vida, si era necesaria.

El nuevo amo le había indicado su disgusto con un golpe en la
oreja _no una trompada, sino simplemente un golpe que le
indicara su enojo. Ese golpe había herido los sentimientos de
Colmillo Blanco. Pero aun esto era algo delicioso, porque a pesar
de que se sentía profundamente herido por el enojo de su amo,
el golpe recibido le permitía descubrir una nueva forma de
complacer  a su rey y maestro. La voluntad de su amo era para él
la totalidad de su vida, y su propia lealtad hacia él, le bastaba
como única disciplina para poder orientarse.
Una lealtad que lograba someter cada uno de sus instintos
egoístas al dominio de la voluntad de su amo.
Había descubierto el reinado y conocido el uso correcto de sus
leyes. Y todo el alimento por el cual había tenido que luchar en
ocasiones anteriores, le llegaba “por añadidura,” además de la
satisfacción de poder hacer cosas útiles para su amo.

Así que, aquí tenemos un juego aún mejor que el juego del Buen
Pastor. Cuando nos sintamos tentados a afligirnos, comencemos
por decir:

“Jesús es mi Rey… de modo que tengo miedo de recibir educación”

¿No es verdad que uno no puede menos que sentirse ridículo?

Sólo debe bastarnos recordar que Jesús es nuestro Rey,
Dios es nuestro Padre, y que es cuestión suya darnos una
educación en cualquier cosa que pueda equiparnos mejor para
su servicio. Nuestros esfuerzos deben limitarse a hacer que él
realmente pueda constituirse en Rey de nuestras vidas.
Algunos cristianos simplemente no logran hacerlo.
Lo que reina en ellos es la preocupación.
La única disciplina _el único control sobre todos nuestros
deseos_es nuestros amor a Cristo. Y su voluntad para nuestra
vida, la única ley.
En esa seguridad todo nuestro temor se esfuma.

Pablo lo expresó en estas palabras:
“El amor de Cristo nos obliga, ya que estamos seguros de que uno
por todos, y por eso todos han muerto. Cristo murió por todos
para que los que viven ya no vivan para ellos mismos, sino para él,
que murió y resucitó por ellos”
(2 Corintios 5: 14-15 Versión Popular)

Es gracias a esta visión de la vida que podemos hacer nuestra una
promesa como esta:
“Mi Dios, pues, les dará a ustedes todo lo que les falta, de acuerdo
con las gloriosas riquezas que él tiene en Cristo Jesús”
(Filipenses 4:19 Versión Popular)

Ya hemos dejado atrás el primer obstáculo _el de pedir mal,
es decir, pedir por motivos equivocados. Ahora es más fácil
advertir por qué es posible carecer de esa fe que recibe lo que
Dios tiene dispuesto para darnos.

La siguiente es una oración de significado que yo he usado
por años. Sugiero al lector que la repita varias veces por día
durante un mes, para ver los efectos que puede tener en su vida.
Es un ruego que debemos esperar se nos conteste diariamente:

Padre, ayúdame a darme cuenta, hoy como nunca que
pertenezco a Cristo, que pertenezco a Cristo, que pertenezco
a Cristo. Que es en Cristo que obtengo mi paz, mi poder y mi
abundancia; que es en Cristo que encuentro mi camino, mi verdad
y mi vida. Que es en Cristo que existo, me muevo y tengo mi ser.”
Amén.
(Oración de Starr Daily. Usada con permiso)

Más que pajarillos. Mary Welch. Editorial Vida. 1977

@emldg

Un antídoto para la aflicción

Mientras viajaba en tren la otra noche, me puse a pensar en una
pregunta que me había hecho mi sobrina Linda, mientras
empaquetaba mi valija para hacer un viaje a la costa del este.

_Tía Mary _me dijo_, tú no te afliges nunca por nada ¿verdad?
¿No te preocupa pensar lo que pueda pasarte cuando seas
demasiado vieja para ir de una punta a la otra del país,
dando charlas en las iglesias, como haces ahora?

En esa ocasión le contesté muy brevemente:
_No me aflijo porque conozco a Dios. Lo quiero y le pertenezco
por esta vida y para la eternidad. Creo lo que él me dice, y trato
de obedecer lo que sé acerca de su manera de hacer las cosas.

Se me ocurrió anoche que tal vez podría responder de una forma
más amplia a su pregunta _ una forma que sirviera para que
otros pudieran utilizarla también para sus vidas.

Alguien dijo una vez que si se tomaba una pajita y se la arrojaba
al Golfo de México a favor de la corriente, la fuerza de la
corriente del Golfo la arrastraría hasta entrar al Océano
Atlántico.
Pero si se arrojaba la pajita en contra de la corriente, entonces
las olas la levanrían y la arrojarían junto con la resaca de la costa.

La gente es igual que una paja en el gran océano de los propósitos
y del amor de Dios. Algunos se colocan en contra de la corriente
por tratar de hacer su propia voluntad en vez de ponerse en línea
con la voluntad poderosa de Dios. Se mezclan ansiosos con la
resaca y se desgastan y agitan con el agua, tratando de moverse
en su propia dirección.
Carecen así de un sentido de destino que les permita sentirse
llevados a través de un océano de circunstancias, por un poder
más grande que ellos.
Son los “eternos preocupados” de esta vida, y muchos de ellos
profesan ser cristianos.

Hay algunas cosas concretas que podemos hacer para ponernos
en línea con “la corriente del golfo” de los propósitos amantes
de Dios, y con las leyes que permiten que éstas se cumplan.
Esto fue lo que quise decir cuando afirmé que conocía a Dios
_no lo conozco totalmente, por supuesto, sino sólo ínfimamente.
Y también cuando afirmé que le pertenecía _es decir, que me he
colocado en la corriente, en línea con sus fuerzas_ y trato de
obedecer lo que ya conozco acerca de su manera de hacer las
cosas.

La gente suele dar muchas excusas para andar afligida y
preocupada, pero creo que básicamente, éstas pueden
clasificarse en tres grandes grupos.

Según la Biblia hay tres razones básicas por las cuales los
cristianos, y también los que no son, padecen necesidades
por falta de alimento, ropa, casa, trabajo creativo, relaciones
humanas armoniosas, salud, adecuada educación mental,
emocional y espiritual.
La vida es como un vestido de una pieza, sin costura,
y no es posible separar las necesidades materiales de las
espirituales.
Si pertenecemos a Dios, entonces todas nuestras necesidades
son sus necesidades. Y la necesidad que él ha puesto de que
nuestros cuerpos se alimenten es tan espiritual como la necesidad
de que tengamos ideas adecuadas.

Las tres razones básicas que quisiera señalar, son las siguientes:
Primero: “Porque piden mal”

Dice Santiago que “si lo piden, no lo reciben porque piden mal,
para gastarlo en sus placeres” (Santiago 4:3 Versión Popular)
Algunas personas no reciben las cosas que necesitan, y por las
cuales ruegan, porque piden por motivos errados, en una actitud
egoísta, que trata de usar a Dios como un gran Papá Noel.

Segundo: “porque no tienen fe”

Jesús dijo repetidas veces “conforme a tu fe te sea hecho,” cuando
quería señalar a sus discípulos la causa de sus fracasos.
Hay varios impedimentos para llegar a este tipo de fe que puede
recibir lo que Dios ya tiene previsto darnos.

Tercero: “Porque no piden”

Dice Santiago”No tienen porque no piden”
Pedir es mucho más que pronunciar un deseo, o formular un pedido.
Es arrojarnos como paja en la gran corriente de las leyes de Dios.
Pedir implica actuar, antes que hablar.
Es comportarnos de tal manera que la corriente pueda fluir a través
de nosotros.

Mi propósito es contarles algunas de las cosas que he aprendido
sometiéndome a estas leyes.
Si podemos apropiarnos de estas cosas y practicarlas, nosotros
también nos descubriremos dueños de una fe como la que
demostraba el profeta Habacuc, en estas palabras:

“Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya fruto,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vaca en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Jehová es el Señor de mi fortaleza,
El cual hace mis pies como de ciervas,
Y en mis alturas me hace andar”
Habacuc 3:17-19 RVR)

Como ven, los cristianos no deberían preocuparse por el
“alto costo de la vida.” Su preocupación debería ser el aprender
los secretos para una “vida elevada,” porque de ese modo,
obedeciéndolos, podemos independizarnos de los recursos
visibles y no afligirnos si parecen fallarnos o si dan la impresión
de estar agotados.
Es con gran gozo y mucha fe que ofrezco este libro para que esa fe
pueda convertirse también en la de mis lectores.

Dios puede satisfacer
nuestras
necesidades humanas

Mary Welch. Más que pajarillos. Editorial Vida. 1977.

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