El antídoto

Jesús dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentmiento (Lucas 5:31-32)

Una noche ingresó en un hospital de Africa, traído por sus parientes, un hombre que había sido mordido por una serpiente extremadamente venenosa. El médico de guardia se apresuró a preparar la jeringa y la ampollas que contenían un antídoto, auscultó al enfermo y dijo: _Ya no se le puede ayudar; el hombre ha muerto.
Entonces preguntó cuando había sido mordido por la serpiente y se enteró de que había ocurrido al mediodía.
_¿Por qué aguardaron tanto tiempo antes de venir? _preguntó el médico a los familiares.
_A la indicación del brujo, probamos otros remedios. Como no hacían efecto, decidimos traerle a usted _ respondió uno de ellos.
El médico meneó la cabeza ante tanta incomprensión y dijo muy en serio: _En este paquetito se haya la única médicina que ayuda en caso de mordedura de serpiente. Si hubiesen venido más temprano, se hubiera salvado la vida de este hombre.

Quizá el lector piense: ¡Qué gente tan estúpida! Pero …¿está seguro que no corre el riesgo de actuar tan imprudentemente como ellos?
¿Está conciente de que en cada ser humano se halla el veneno del pecado? La muerte es la paga del pecado.
Dios mismo quiere evitarnos las consecuencias del envenenamiento por el pecado. Envió a su Hijo, Jesucristo, para que muriera en lugar de los pecadores. Sólo Él es el antídoto, pues con su sangre derramada en la cruz, nos puede limpiar de todo pecado, si nos arrepentimos.

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Espejismo de independencia

¿Conocemos el porqué del malestar interior de cada ser humano? ¿La
razón por la cual existe el egoísmo, la soberbia, la violencia y toda
clase de maldades?


La Biblia contesta estas preguntas en sus
primeras páginas; allí cuenta los comienzos de la historia moral de la
humanidad. Tristemente, un hecho domina esta historia: la caída, dicho
de otro modo, la desobediencia inicial del hombre. Este perdió su
relación con el Creador y desde entonces, anda lejos de Él.


Ese
ser desvió la finalidad de la vida. Olvidó que su privilegio más grande
era vivir en confianza con Dios. En lugar de esto, se dejó seducir por
el espejismo de la independencia e hizo del placer su principal objeto,
burlando la justicia con frecuencia para satisfacer sus inmediatos y
egoísta deseos.


Por otra parte, se formó una idea falsa de Dios,
al imaginárselo como su enemigo. Sin cesar, huye de él, creyendo que
así puede librarse de las consecuencias de su rebeldía.


Recordar
esa decadencia moral, ¿es ser pesimista? En absoluto; es ser realista y
querer curar el mal desde la raíz. Volverse a Dios implica estar
conciente de su propia culpabilidad ante él. Sólo así se puede
comprender su plan de amor. Dios, antes de la caída del hombre, había
destinado a su amado Hijo para que fuera "el cordero de Dios" que quita
el pecado del mundo (Juan 1:6; 1 Pedro 1: 19-20).